Welcome to Scribd, the world's digital library. Read, publish, and share books and documents. See more
Download
Standard view
Full view
of .
Save to My Library
Look up keyword
Like this
5Activity
0 of .
Results for:
No results containing your search query
P. 1
Laurence Bataille - Deseo Del Analista y Deseo de Ser Analista

Laurence Bataille - Deseo Del Analista y Deseo de Ser Analista

Ratings: (0)|Views: 166 |Likes:
Published by Audiodelica Px
[extraído de “El ombligo del sueño. De una práctica del psicoanálisis.” Paidós. Bs. As. 1988.]
[extraído de “El ombligo del sueño. De una práctica del psicoanálisis.” Paidós. Bs. As. 1988.]

More info:

Published by: Audiodelica Px on Jul 21, 2011
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as RTF, PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

07/30/2014

pdf

text

original

 
DESEO DEL ANALISTA Y DESEO DE SER ANALISTA
Laurence Bataille
Lo
 
menos que podemos exigir de las entrevistas preliminares es que permitan al sujeto, queacude en busca de un analista, romper la cadena de su discurso habitual para que salgan a la luzlos significantes de su división, el sujeto barrado, dividido. Pero esto no es suficiente, pues enocasiones el sujeto parece cumplir plenamente esta exigencia: habla de sus síntomas, de sudolor, de sus sueños; deja que surjan las homofonías, produce un saber, pero este saber nogenera efecto alguno; nada cambia para él. Sus síntomas permanecen intactos o incluso seagravan.Esto se aclara con los tetrápodos de Lacan: indudablemente, el análisis histeriza al sujeto, elsujeto barrado aparece en posición manifiesta. Pero existen dos discursos en los que el sujeto barrado se encuentra en posición manifiesta: el discurso analítico y el discurso histérico. En lasentrevistas preliminares, lo que será dicho (entre líneas) inducirá un discurso más bien que otro.El discurso histérico es aquel que el sujeto histérico —o histerizado— induce con susinterlocutores. El sujeto dividido se halla en él en posición de semblante, el analista en posiciónde trabajo, de goce.Que el analista sea colocado en posición de trabajo es algo bastante fácil de evitar; el pacienteya ha oído decir que el analista no está para curarlo ni para aconsejarlo, pero más difícil deevitar es ser aquel que escucha con paciencia. Escuchar con paciencia puede ser un trabajo penoso para el analista, trabajo al que hasta se puede sumar una sensación de fastidio. Y, sinembargo, no está alejado de cierto goce.En cualquier caso, la transferencia mueve siempre al sujeto, en uno u otro momento de la cura, aconsagrarse al goce de su analista en cuanto para él representa al gran Otro. Pero es preferibleque el sujeto no encuentre al analista en este lugar. Pues entonces es en la situación analíticadonde halla la mayor exaltación de su deseo, y ya nada puede cambiar para él. Deseo delanalizante y deseo del analista se vuelcan el uno sobre el otro.Ahora bien, como todo deseo, el deseo del analista es un deseo del deseo del Otro, aquí elanalizante
1
.Pero lo que especifica al analista como deseante es que él no ansia ser el objeto de este deseodel Otro; él no tiende a que su deseo sea reconocido por el paciente, sino a que su deseo propulse a éste a otra parte.El efecto de este deseo del analista, pivote de la transferencia, es que, en el lazo social que ligaal analista con el paciente, el analista ocupe el lugar del semblante y ello en cuanto objeto
a
.
1 Véase Lacan, Seminario del 1º de julio de 1959: "El deseo del analista está en una situación paradójica.Para el analista, el deseo del Otro es el deseo del sujeto en análisis, y nuestro cometido es guiar ese deseono hacia nosotros sino hacia otros. Lo que hacernos es madurar el deseo del sujeto para otro, no paranosotros”.1
 
 No encuentro para ello más explicación que decir que, desde el punto de vista del analista, eseobjeto
a
debe ser la nada. Es decir que la teoría me propone como mira, como conducta aobservar, como receta: "nada". No ser semblante de nada
*
.Me hacen falta empero algunos puntos de referencia que por lo menos vendrán a advertirmeque, en ese discurso analítico, nosotros no estamos; que yo no me encuentro en la senda que le permitirá ponerse en marcha.Tomaré un ejemplo que tuvo para mí, literalmente, el efecto de un relámpago.Era un hombre que acudía por primera vez. Cuando fui a buscarlo a la sala de espera, de entradame dije: "Me está desafiando." El leía el periódico y pareció ostensiblemente molesto por miintrusión. En el trayecto entre la sala de espera y mi consultorio, se desplazaba mirando a todas partes. No bien entra, saca un cigarrillo y me pide fuego. Yo me digo: "Es imposible. ¿Quéhago?" Le digo: "Seguro que usted no vino hasta aquí para fumar un cigarrillo". Pero él quierefuego. Si no se lo doy, se va. Acorralados como estábamos, sólo pude decir: "¡Pues bien,vayase!"¿Qué enseñanza extraje de esta brevísima historia?En primer lugar, de entrada atribuí a este hombre una intención, atribuí a su conducta una signi-ficación que me involucraba. Además, ¿con qué derecho me permití atribuirme una certeza encuanto a lo que pudo inducirlo o no a venir? Me encontraba verdaderamente dentro de undiscurso del
"moi je" 
**
.
Juzgaba a mi semejante según mis prejuicios. Más cerca habría estadode la posición del analista si me hubiera inspirado en Lewis Carroll, sorprendiéndome de ver aun hombre preocuparse tanto por fumar un cigarrillo.En lugar de eso me sentí involucrada, le atribuí intenciones, como si yo hubiese estado en sumente. Mi discurso era de yo a yo, agresivo. Por eso
cuando el hombre me pidió fuego, sólo pude remitirme al prejuicio de que un analista no debe darle fuego a un eventual paciente. Ya estaba, yo era semblante
***
de ser analista. Y lo más cómico es que, en elmismo momento en que me encontré dominada por la preocupación de ocupar la posición de analista, pues bien, olvidé que lo era: quizá no me hubiera parecido taninverosímil alguien se tomara el trabajo de ir a fumar un cigarrillo en las narices de unanalista.Cada vez que atribuyo al paciente una intención, un pensamiento que él no expresa con palabras, me encuentro fuera de la posición del analista. Cada vez que me sientoinvolucrada por el paciente me encuentro fuera de la posición de analista. Cada vez que
* En el original,
ne faire semblant de rien.
La traducción intenta ceñirse al texto original francés a fin deno escamotear el juego con
 semblant,
que traducimos por "semblante" en atención al sentido particular que da Lacan a este término en su teoría. Cabe añadir que, en castellano,
 faire semblant de
significa"fingir, simular que", y
ne faire semblant de rien,
"disimular, aparentar indiferencia". [T.]*
*
Salvo este primer caso, en lo sucesivo se leerá "yo" para el francés
moi.
y "yo [
 je
]"
 
 para el francés
 je
.[T.]*
**
Véase la primer N. de T. [T.]2

Activity (5)

You've already reviewed this. Edit your review.
1 thousand reads
1 hundred reads
Audiodelica Px liked this
Marite Colovini liked this

You're Reading a Free Preview

Download
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->