Del propio modo, el Coronel de Rochas, haciendo experimentar a distancia a lossujetos todas las acciones con que se vulnere la figurilla de cera, entra en el campo
delos más altos fenómenos de la
magia; de idéntica suerte,
magia hace
el Dr. Richet alcomprobar la certidumbre de determinados hechos,
y magia es lo que practica H.
Pelletier, según podréis verlo en el informe redactado por el antiguo alumno de laEscuela Politécnica, Luis Lemerle, cuando reproduce las artes de los fakires de la Indiay consigue que bajo el influjo de su Verbo, entren en acción las cosas del mundoinanimado, como en otras épocas lo verificó Orfeo, si bien en, éste hay que admitir unaautoridad e iniciátíca suficiencia que no alcanza el antes aludido experimentador.Y no hablemos de los fantasmas de los vivos, de las imágenes de los moribundos,de las apariciones, de lo invisible, que vienen a sacar de su embotamiento a losfisiólogos adormecidos y a poner enfrente del materialismo, del sensualismo y delateísmo, el revolucionador problema del más allá y de esa clase de conocimientos quese habían relegado a la condición de meras fantasías de otras edades, a la condición dela
Magia,
digámoslo de una vez, llamando a las cosas por su nombre.Pero los hechos se amontonan con lógica soberana en su brusca firmeza, y esnecesario volver los ojos a esta clase de estudios. Sín embargo, la poquedad inherente atodas las indolencias del espíritu y sus rutinas, buscan un modo de escapar a laconclusión que por su propia eficacia se impone.Verificanse investigaciones para establecer los hechos; se escriben ventrudosvolúmenes para contener los favorables resultados de dichas investigaciones; se creanrevistas científicas que aburren, para establecer los datos estadísticos de los fenómenos psicológicos, y se reúnen Congresos para buscar términos
v
ex
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resiones
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aceptables",que se adapten a la mezquina cerebración de los filósofos del día y a las concepcionesmás estrechas aún, de los
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sportsmen
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y las "bellezas" que componen en los cursos
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chics
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el perfumado auditorio de nuestros pulcros maestros de intelectualidad.Dus caminos se pueden seguir. Conduce el uno a limitarse, a tener cuidado dereunir los hechos sorprendentes, sin afrontar nunca las enseñanzas que de lo, mismos sedesprenden. En esto consiste el nombrado método cien-tífico, que recomendaremos conespecialidad a los jóvenes médicos ganosos de llegar a obtener crecidos :lanceados y elsillón de las Academias. Por distinto derrotero puede el observador remontarse a losorígenes de las ciencias ocultas, para estudiar a los antiguos conocedores de talesfenómenos y otros análogos, y saber llamar las cosas por sus verdaderos nombres. Eneste caso, éntrase en la
Magia
de un modo consciente y racional; pero entonces tambiénse entra en la vía de los réprobos, de los apestados y de los malditos. No podemos, pues, recomendar el camino a persona alguna, porque ni conduce a la riqueza, ni a loshonores oficiales,
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el que le aborda, debe de antemano estar dispuesto a pasar por lastres grandes expiaciones iniciáticas: saber sufrir, saber abstenerse y saber morir.Sea cual fuere el destino que le aguarda, el depositario de la ocultista tradición, nodebe retroceder. Hasta la fecha
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presente, las enseñanzas del
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