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Frida

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07/22/2011

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Arte en Buenos Aires
Frida: la pasión hecha mujer 
 
Hizo de su obra su propia autobiografía: un relato hecho de vigor, superación de laslimitaciones físicas y un arrasador amor por el muralista Diego Rivera. Ahora, su obrallega a Bs. As.
 
Pocos cuerpos hubo tan torturados como el de ella. Pocas vidas, a su vez, tan visitadas, leídas,contempladas al trasluz de la pintura. Hizo de su rostro la efigie por medio de la cual larecordarían generaciones. Sus contemporáneos, aquellos que tuvieron la oportunidad de tenerlafrente a frente, dieron cuenta del enorme magnetismo que irradiaba su presencia. Así, porejemplo, relata el escritor mexicano Carlos Fuentes su primer encuentro con Frida Kahlo, el díaen que la vio ingresar en el Palacio de Bellas Artes de la ciudad de México, donde iba a asistir aun concierto: "Cuando entró a su palco en el teatro, todas las distracciones musicales,arquitectónicas y pictóricas quedaron abolidas. Era la entrada de una diosa azteca, quizáCoatlicue, la madre envuelta en faldas de serpientes, exhibiendo su propio cuerpo lacerado y susmanos ensangrentadas como otras mujeres exhiben sus broches. Quizás era Tlazolteotl, la diosatanto de la pureza como de la impureza, el buitre femenino que devora la inmundicia a fin depurificar al mundo. O quizá se trataba de la Madre Tierra española, la Dama de Elche, radicadaen el suelo gracias a su pesado casco de piedra, sus arracadas tamaño rueda de molino, lospectorales que devoran sus senos, los anillos que transforman las manos en garras".Ha de haber sido muy difícil sustraerse a la enormidad de Frida. La fascinación por su obraatravesó las últimas décadas, y hoy va mucho más allá de las más recientes noticias, esas quedicen que el mes pasado su cuadro Raíces (1943) impuso un récord, al venderse en 5.616.000dólares. Al anunciar la venta, la casa de subastas Sotheby’s indicaba también que se habíaalcanzado la cifra más alta para una obra de arte latinoamericana.Pero no sólo el mercado del arte participa de una pasión que ya tiene nombre propio: fridomanía.
.Recopilado de La Nación por LupePágina 122/07/2011
 
Arte en Buenos Aires
Hace tiempo que la Casa Azul, donde vivió la artista, es destino obligado para todo turista quevisita la ciudad de México y se acerca al barrio de Coyoacán. Por su parte, el movimientofeminista la recuperó por su condición de pionera de la independencia de la mujer. Desde el otroextremo del arco cultural, en enero de este año se lanzaron en México, Alemania, EstadosUnidos, Canadá, Francia y España muñecas realizadas en vinilo porcelanizado, de 50 cm de alto,con los rasgos de la genial mexicana. La actriz Salma Hayek se declaró orgullosa de interpretarlaen el film Frida, realizado en 2002. Y se sabe que Mi nacimiento (1932), uno de losestremecedores cuadros de la Kahlo, forma parte de la colección particular de obras de arteperteneciente a la cantante pop Madonna.
En el origen
Imposible acceder a la obra de esta artista sin conocer la tremenda batalla que debió librarcontra el sufrimiento corporal. El destino pareció ensañarse con su integridad física. De muy niñacontrajo la polio, enfermedad que dejó una secuela permanente en su pierna derecha,sensiblemente desmejorada en relación con la izquierda. De todos modos, el gran traumasobrevino a sus 18 años, cuando un tranvía embistió el autobús en el que viajaba. El accidentetuvo consecuencias atroces: Frida sufrió fracturas en la columna, en diversas costillas y en lapelvis; su pie derecho se dislocó, se le descoyuntó un hombro y un manillar le atravesó el cuerpo,desde el estómago hasta la pelvis. Fueron treinta y cinco las intervenciones quirúrgicas que debiósoportar a lo largo de su vida. Tuvo asimismo que aprender a lidiar con corsés, bastones, todotipo de medicaciones, frecuentes períodos de postración y dolores recurrentes.Semejante listado de padecimientos no parece condecir con la mujer independiente, audaz,sensual y provocadora que reivindican los cultores de la fridomanía. Sin embargo, Frida fueambas cosas: la sufriente y la guerrera.Ya durante sus primeras internaciones, la pintura se convirtió en un pasaporte hacia una realidaddiferente, un medio que le permitiría decir: "Pies, para qué los quiero si tengo alas para volar".Las primeras acuarelas y los primeros pinceles se los acercó su padre, Guillermo Kahlo (Verrecuadro Cartas al padre). Luego, ella haría colocar un espejo al costado de su cama y sededicaría a pintar una y mil versiones de aquello que mejor conocía: su propio rostro.Paralelamente, se dedicó a hacer de su cuerpo castigado su principal obra de arte. El peinado,los vestidos, los collares, los aros: todo su atuendo pasó a estar cuidadosamente calibrado. Cadauno de los elementos con los que se engalanaba a diario era estrictamente deudor de la tradiciónde su país. Pese a haber nacido en 1907, ella aseguraba que había llegado a este mundo en 1910,año del inicio de la Revolución Mexicana. Quería que el comienzo de su vida coincidiera con elsurgimiento del México moderno. Logró hacer de su propia estampa un culto al sincretismocultural tan propio de su nación. Pero aún más: cada chal, cada volado, cada sobrefalda, seocupaban de cubrir, milímetro a milímetro, su cuerpo lacerado. En sus cuadros era capaz derepresentarse abierta, desollada y sangrante. Pero lejos de la materia pictórica su actitud fuediferente. Se construyó a sí misma como un rostro, un tintineo de pulseras, un susurro de telasque se pliegan. Una entidad sugestiva, que no se privó de amar –y ser desesperadamente amada–tanto por hombres como por mujeres.
Los amores, el amor
Los llamaban "el elefante y la paloma". Diego Rivera era voluminoso, corpulento, enorme. Frida,delgada y frágil. Ella aseguraba que había tenido dos accidentes en la vida. El primero había sidoel del tranvía. Diego resultó ser el segundo.
.Recopilado de La Nación por LupePágina 222/07/2011
 
Arte en Buenos Aires
"Cuanto más la amo, más quiero dañarla", cuentan que admitía él. Se llevaban cerca de veinteaños. Cuando se conocieron, él ya era un artista plástico reconocido. Ella venía de sufrir suprimer accidente y recién se estaba integrando al mundo del arte. Sus primeros encuentros debende haber sido los del hombre experimentado y la joven en busca de abrirse un camino. Ella lemostró algunos de los cuadros que había hecho hasta ese momento; él la animó a seguirpintando. Eran dos seres pasionales, complejos, inmersos en una época tormentosa y nadapropensos a la indiferencia: su relación no podía ser sino turbulenta. "Soy él –escribió una vezFrida–. Desde mis más primitivas y antiguas células, él es en todo momento mi hijo, mi niñonacido a cada momento, todos los días, de mi propia entraña." Se pintaron mutuamente. El laincorporó en sus murales; ella lo retrató inmerso en esa extraña síntesis de dolor y vitalidad tanpropia de su pintura. Los unieron el arte, la política (ambos militaban en el Partido ComunistaMexicano), el volcán de sus desbordantes personalidades.Se casaron en 1929. Los numerosos conflictos que marcaron su relación los llevaron al divorcio afinales de 1939. Pero, incapaces de vivir el uno sin el otro, volvieron a contraer nupcias pocotiempo después.Diego le era sistemáticamente infiel. Ella no le fue en zaga. Se dice que él podía tolerar queFrida mantuviera amoríos con mujeres, pero no soportaba que también tuviese amantes varones.Por su parte, a ella le trastornaba la sola idea de que su marido estuviese con otra mujer.En ese juego de pasiones cruzadas, él llegó incluso a tener una aventura con una hermana deFrida. Mientras tanto, ella le escribiría a sus amantes palabras tan encendidas como las que quizále dedicaba en la intimidad a Diego: "Muy dentro de mí, me entiendes, sabes que te adoro, eresno sólo algo mío, eres yo misma".Uno de los amores más célebres de Frida fue el dirigente marxista León Trotsky, que habíallegado a México huyendo de la persecución de Stalin y al que tanto ella como Diego brindaronamparo y amistad. Desde la introducción a la edición ilustrada del diario personal de la artista,Carlos Fuentes se pregunta por la paradójica atracción entre el revolucionario ruso y la jovenartista mexicana: "Trotsky, el europeo formal, racionalista, disciplinado, autoritario, el hombredel Viejo Mundo, era como hielo ante el mentiroso, sensual, informal, intuitivo, alburero ybromista Diego Rivera, el hombre del Nuevo Mundo", señala. "Los opuestos no podíanreconciliarse y la ruptura final entre ambos obligó a la mujer a seguir a su verdadero, infiel,magnífico, torturador y tierno amante: Diego Rivera", concluye al fin. El mismo autor reflexionasobre el impulso que, a su juicio, gobernaría la intensidad erótica de Frida: "Era una panteístanatural, una mujer y una artista involucrada en la gloria de una celebración universal, unasacerdotisa celebrando y declarando la sacralidad de todo cuanto es creado. El amor era la grancelebración".Sólo hubo un aspecto en el que Frida, pese a toda su fuerza de voluntad, debió declararsevencida: la maternidad. Durante años pugnó por tener un hijo con Rivera. Hasta que, trassucesivos abortos, debió resignarse y aceptar la limitación que su propio cuerpo le imponía. Esaimposibilidad la atormentaba. Probablemente mucho más que las frecuentes crueldades que lededicaba Diego. De seguro, más que cualquiera de los padecimientos que le propinaban susdañadas extremidades. Algunos de sus cuadros más viscerales dan cuenta de ese insuperablesufrimiento.En su texto De todas las Fridas posibles, el ensayista mexicano Carlos Monsiváis encuentra queKahlo tuvo características únicas para su época. "Fue pintora (oficio casi exclusivamentemasculino), comunista (fe que sólo de modo secundario toma en cuenta a las mujeres),
.Recopilado de La Nación por LupePágina 322/07/2011

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