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Capítulo 9Althusser: ¿Luis Nadie o Luis Legión?
Althusser escribió dos autobiografías –
Los hechos
y
El porvenir es largo
– con unintervalo de diez años entre ellas. El gran interés suscitado por
El porvenir es largo
enlos meses previos a su publicación responde a varios motivos. Por un lado, el librosuponía el regreso al mundo de un desaparecido (“las noticias de un maestro delpensamiento del 68 secuestrado en las redes de la psiquiatría forense, vagando por losrestos del asilo posterior a la reforma siquiátrica francesa”, anunciaba una editorial de
Le Monde
). Por otro lado, se esperaba la biografía como si fuera un reportaje policiaco;prometía proporcionar las claves de un asesinato que, en su momento, había quedadoinconcluso y con muchos detalles sin esclarecer.Además, los lectores preveían reveladores chismorreos acerca del daño que habíanproducido a los analizados las guerras teóricas entre Lacan y la ortodoxiapsicoanalítica
, con el aliño de un buen surtido de anécdotas procedentes de lasinstituciones psiquiatritas “reformadas” que habían cuidado de Althusser duranteaquellos años. Por último, la intelectualidad más seria esperaba que la autobiografíaarrojase luz sobre aquel inexplicable salto desde la razón filosófica a la actuación locay/o criminal. Se discutían los dilemas morales que planteaba el caso, si se trataba de unvulgar ejemplo de violencia doméstica o más bien de alguna clase de “excepción” queimpedía culpar a Althusser. Por si fuera poco, J. Guitton había difundido el rumor deque el arrepentimiento de Althusser se había concretado en la vuelta del filósofo a laiglesia católica y en su deseo de vivir el resto de su vida en un monasterioLa desaparición del mundo público de Althusser se debió a una resolución judicial quelo etiquetaba como un no-sujeto. El tribunal que lo juzgaba por el homicidio de suesposa Helene emitió un fallo de inimputabilidad. El veredicto afirmaba que no habíalugar para un proceso penal e implicaba que –como había dicho Foucault unos cuantosaños antes en una obra que cambió para siempre la percepción de la locura– el acusadono estaba sujeto a la ley humana, por tanto, quedaba excluido de la comunidad y debíaser enviado a un lugar social en ninguna parte. Se esperaba que Althusser volviese con
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S. Turkle,
J. Lacan. La Irrupción del Psicoanálisis en Francia
, Barcelona: Paidos, 1985. En elcapítulo “El psicoanálisis en la cultura popular” describe el prestigio que proporcionaba ser aceptado paraseguir un psicoanálisis con algún lacaniano. Venía a ser una especie de diploma implícito de intelectualbrillante.
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