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La Hija Del Puma, Monica Zak_ Guatemala Libro Completo Editorial Pierda Santa

La Hija Del Puma, Monica Zak_ Guatemala Libro Completo Editorial Pierda Santa

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mi subida personal del libro la hija del puma de la autora Monica Zak cuanta la historia real de Asholop una joven indigena durante la guerra civil guatemalteca,contiene el libro completo sin faltarle una sola hoja, listo para imprimir aunque el libro no es tan caro pues tiene un costo de aproximandamente 50 quetzales.. aqui te lo dejo mas facil... solo para descargar :-) :-) :-)

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07/25/2013

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 Pumans Dotter, de Monica Zak. Suecia 1996, Subido de Guatemala por AlexPágina
1
 Mi nombre es Aschlop
Con los ojos abiertos en la oscuridad, la joven chuj descansaba en la cama, oyendo elcanto de los grillos, unas veces intenso, otras suaves. También oía el viento de la selva,que a ratos hacía sonar una cinta de casete que su hermano Antil colocó alrededor de los palos que había entre las casas. Y es que cuando el porta casetes se rompió y dejó defuncionar, Antil extendió la cinta y la enrolló en los palos, de manera que cada vez que elviento soplaba, ésta emitía un sonido extraño. Todos estaban asombrados de la inventivadel muchacho.
 
"Ahora se oye la música de Antil", decían las mujeres de la finca cuando escuchabanaquel sonido y momentáneamente suspendían sus quehaceres para escucharla.Cuando la 'música' cesó, la joven supo que el viento se había calmado y que estaba a punto de amanecer. Se quedó quieta, se cubrió el mentón con la sábana, y se puso a pensar en lo que hacía tiempo deseaba hacer. Sí, realizaría algo que ningún indígena chuj habíahecho antes, lo que ningún hombre, joven o viejo, se atreviera a emprender.Lo había decidido mucho tiempo atrás. Cuando cumplió catorce años y le regalaron unos billetes de un país lejano, supo que era posible. Ahora estaba dispuesta a hacerlo, pero deseaba quedarse un rato más en medio de la oscuridad segura y cálida,escuchando la respiración de sus padres y sus hermanos y sintiendo un poco más el calor de la hermana con la que compartía lacama. Voy a levantarme cuando cante el primer gallo, pensó.Y así lo hizo. Se incorporó cuando los gallos empezaron a cantar en el patio y como acostumbraba dormir con la ropa puesta,sólo se agachó a recoger el tanate que había escondido debajo de la cama una noche antes, se lo echó a la espalda, abrió la puerta y desapareció en la oscuridad.Llevaba unos zapatos de lona en la mano, porque no se acostumbraba a cargarlos puestos. Aún estaba demasiado oscuro paraver los charcos que había en el camino, a pesar de que era verano, así que se ayudaba con una pequeña linterna de metal para ver dónde pasaba.Una perra le salió al paso moviendo la cola. Era una perra blanca y negra que pronto iba a tener cachorros. La joven le ordenóalejarse, pero la perra no le hizo caso, por lo que le pegó con la linterna, pero se sintió incómoda por haber tenido que proceder de esa ñera. Se consoló pensando que había sido necesario Aquella joven que fuera bautizada con el nombre de Angelina PérezPérez empezó a bajar por el sendero en dirección a Río Blanco.Este pequeño pueblo mexicano estaba a veinte kilómetros de distancia de la finca, pero ella había recorrido el camino muchasveces y no tenía miedo. No todavía. Así, caminando debajo de los árboles altos y jugando con la luz de la linterna, no sentíamiedo, pero, eso sí, era presa de una constante inquietud. Estaba asombrada de sí misma. Y es que lo natural es que unamuchacha se mantenga en su casa. Una muchacha trabaja en casa con el sagrado maíz y el lavado y todos los otros trabajos quese impone a las mujeres. Una muchacha tiene miedo y no va sola a ningún lado. Pero ella, Angelina Pérez Pérez, por sí yante sí, había tomado la gran decisión de su vida. No sabía cómo había sucedido. La inquietud tenía que ver con lodesconocido que tenía frente a ella y trataba de no pensar en eso, pero los pensamientos siempre volvían, como atraídos por unimán invisible. ¿Qué podría pasar si alguien en México descubría que ella era una refugiada de Guatemala y no tenía papeles de identidad? ¿Cómo podría pasar ¡legalmente la frontera con Guatemala? ¿Encontraría el camino a su viejo pueblo deYalambojoch? ¿Encontraría a su abuela? ¿Viviría todavía? ¿Encontraría a su hermano Mateo?, en fin. ¿Encontraría respuesta atodas sus preguntas?Cuando pensaba en Yalambojoch se llenaba de imágenes prohibidas. De pronto sintió náuseas, y quiso vomitar pero siguiócaminando. Río Blanco brillaba bajo la luz de la mañana, en tanto que la niebla aún cubría los valles, y los picos de lasmontañas flotaban como islas entre la niebla blanca. Se puso los zapatos ató los cordones y subió al viejo autobús.Solo una vez había viajado en autobús cuando ella y diez familias de refugiados se mudaron al rancho en la orilla de la selva delsur de México. Una sola vez en tres años había dejado la casa, pero a pesar de eso no tenía miedo, fue la primera en subir alautobús y tomó asiento junto a una ventanilla. El vehículo se fue llenando de hombres con viejos sombreros de paja y demujeres descalzas cargando nos a la espalda. Todos parean ser indígenas como ella, pero eran mexicanos yninguno vestía trajes típicos. Angelina misma, con su vestido de color rojo encendido, sus zapatos de lona y su pelo largo y
 
 Pumans Dotter, de Monica Zak. Suecia 1996, Subido de Guatemala por AlexPágina
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negro, sujeto por una cinta elástica con pelotitas de plástico, se parecía a todas las otras mujeres y muchachas de lacamioneta."No creo que se den cuenta de que soy una refugiada guatemalteca y que no tengo papeles", pensó.De repente, el autobús se puso en marcha. A cada rato, ella miraba por la ventana; desde hacía tiempo había querido viajar enese autobús, ver México... Con sus ojos negros y curiosos lo miraba todo.El viaje duró todo el día. El autobús cruzó selvas con árboles talados, pasó por lagos verdes y misteriosos, así como praderassecas, hasta llegar a la ciudad de Comitán, donde le causaron asombro las casas y las iglesias. Allí abordó otro autobús paracontinuar el viaje, y todo el día se entretuvo bebiéndose el paisaje con los ojos. Al atardecer llego a Carmexán. Sabía queallí empezaba lo más difícil y peligroso.Carmexán la decepcionó un poco, porque no era otra cosa que unas cuantas casas maltratadas por el sol, justo donde termina la pradera y comienza la montaña. Pero esa montaña que alzaba su silueta alta y azul contra el cielo era su propia montaña, LosCuchumatanes, sabía que era su montaña, que estaba en Guatemala y que más allá, entre las estribaciones, estaba Yalambojoch.Sabía que la frontera entre México y Guatemala pasaba a la orilla del pueblo. También sabía que en Carmexán estaba el puestode migración, y que por lo mismo había guardias; todos los indígenas refugiados de Guatemala tenían miedo a los de la migra. Yhabía tanto soldados de uniforme como agentes de la policía secreta, de repente empezó a pensar que cualquiera de esoshombres podía detenerla si llegaba en el autobús hasta el mismo pueblo. Entonces se levantó rápidamente del asiento con sutanate sobre la falda. Por el espejo retrovisor, el piloto advirtió sus movimientos y detuvo el vehículo.Angelina se bajó, se colocó el tanate sobre la cabeza y empezó a caminar rápidamente hacia el primer camino que le pareció lallevaba lejos de la calle principal. "Debo aparentar seguridad", pensó. "Deben de creer que vivo aquí".Para su alegría, vio que aquel camino no llevaba al caserío, sino que subía por una colina desnuda y luego desaparecía en un bosque seco, quemado. Cuando llegó al bosque y se aseguró de que nadie la veía desde el camino, se detuvo y puso el tanate enel suelo. Se agachó, desanudó la manta y la extendió con todo su contenido. La mayor parte era ropa volvió a descalzarse pues yase le habían ampollado los talones y puso los zapatos en medio de la manta, luego se quiel vestido y lo tiró al suelo. Cómo odió esasropas cuando la obligaron a usarlas, pero ahora se había acostumbrado. Después de casi tres años hasta llegó a quererlas, demodo que recogió el vestido, acarició la tela brillante y fresca, lo dobló cuidadosamente y lo puso al lado de los zapatos.En lugar del vestido se puso una falda, un corte de una sola pieza y una blusa amarilla. Encima de ésta se puso otra blusa bordada y gruesa, le llegaba hasta las rodillas por larga y ancha. Era el 'huipil de las indígenas chujes que las protegía del frío delas montañas. Después se quitó la cinta elástica que recogía sus cabellos, se peinó cuidadosamente y con unos listones azules ynaranjas, se trenzó el pelo y se lo enrolló alrededor de la cabeza. Por último, con las puntas de los listones se hizo un moño y lofijó en uno de los lados.Angelina se sentía incómoda, pues la blusa le apretaba los brazos y el pecho, debido a que no lo había usado por tres años;durante ese tiempo había crecido y hasta había comenzado a tener busto. La ropa tenía olor de humedad y el pesado huipil sehabía decolorado. Sin embargo, ella sentía una alegría inmensa. No sabía bien por qué. Quizás porque ya no estaba “disfrazada”.Ahora volvía a ser Aschlop. "Soy Aschlop. Soy la indígena chuj Aschlop del pueblo de Yalambojoch en Guatemala", pensó. "Sí,es cierto que el sacerdote me bautizó con el nombre de Angelina, pero mi nombre verdadero es Aschlop.Es extraño que todos en el pueblo sean bautizados con nombres castellanos, pero cada nombre castellano tiene sucorrespondencia en un nombre indígena. Y es el nombre indígena el que más usamos. Siempre me he preguntado por qué no nos bautizan con el nombre indígena de una vez. Pero papá dice que es porque a los sacerdotes no les gustan esos nombres. El creeque está prohibido usar nombres indígenas."La muchacha que fue bautizada como Angelina, pero que prefería ser llamada Aschlop, se quedó quieta para ver si alcanzaba aescuchar alguna voz, algún ruido. A lo lejos, en dirección del pueblo, se oían ladridos y el sonar de una marimba. Se encuclilló yde entre una servilleta sacó unas tortillas. Se comió tres y guardó el resto. Al poco rato le entró miedo. Conforme fueoscureciendo, el miedo se volvió paralizante. Sin embargo, sabía que tenía que cumplir lo que se había propuesto, de modo queesperó a que oscuridad fuera total. Sabía que allí no debía usar linterna, porque alguien podría verla. Lenta, muy lentamente,empezó a caminar hacia la frontera.
 
 Pumans Dotter, de Monica Zak. Suecia 1996, Subido de Guatemala por AlexPágina
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 La hija del puma.
A la luz de la luna vio al soldado. Se apoyaba en el fusil. Estaba tan cerca que podía verle el uniforme verde y las botas altas.Por suerte, cuando salió la luna y lo ahogo todo con su luz plena, a ella la ocultaba la sombra de un árbol.El soldado encendió un cigarrillo y miró hacia donde Aschlop estaba. Ella trató de no respirar fuerte, pero era imposible. Por eluniforme del soldado comprendió que ya había pasado la frontera y que ahora estaba en Guatemala. El soldado vestía un unifor-me igual al de los soldados que un día llegaron a su pueblo.Entre ella y el soldado mediaba una distancia como de treinta metros. La joven no sabía cuánto podría soportar quedarse quieta. No se atrevía a moverse, ni apoyarse en el tronco del árbol, mucho menos agacharse. Trató de quedarse completamente quieta yde ahuyentar el pánico.El soldado empezó a silbar, y Aschlop trató de distraerse con los cantos de los grillos y las cigarras, cuyo concierto se fueintensificando acompañado de graznidos y silbidos. No sabía qué animales producían tales sonidos, pero estaba segura de queeran animales y a estos no les tenía miedo alguno. En cambio, el soldado que tenía enfrente sí era peligroso. De repente, él semovió y ella tembló de angustia. El soldado tiró la colilla del cigarrillo y levantó el arma como si fuera a disparar. ¿La habíavisto? No. De pronto empezó a caminaren dirección a Gracias a Dios. Allí había un gran cuartel y ella sabía que esa parte de lafrontera estaba muy vigilada, de modo que aunque ese soldado se fuera, había muchos otros en la cercanía.Aschlop continuó sin moverse bajo la sombra del árbol. ¿Sería imposible hacer lo que se había propuesto? ¿No era mejor volverse? Entonces pensó en el niño, y en los alumnos de la escuela con sus pancartas. Si ellos se habían atrevido, ella tambiéntenía que hacerlo. Tenía que esperar a que oscureciera, dejar que la luna se ocultase y sólo entonces podría cruzar la fronteravigilada por una gran cantidad de soldados. Quería ir a Yalambojoch, pues pensaba que allí se enteraría de todo y encontraría asu hermano mayor, Mateo, lo mismo que a su abuela. Además hablaría con su abuelo Juan. Sin embargo, aún no se podía ir, laluz de la luna lo alumbraba todo; los árboles, las rocas y los arbustos se veían claramente y formaban sombras definidas. Si ellaintentaba correr a campo abierto para alcanzar el bosque del otro lado de la frontera, los soldados podrían verla. Tenía queesperar que oscureciese.Entonces se guareció aún más en la sombra, se acurrucó en una grieta que había entre dos rocas grandes y se cubrió aún más conel huipil. No hacia demasiado frio pues aún estaba en clima caliente. Aprovechó el tiempo para comerse las últimas tortillas. Laluna seguía cubriéndolo todo con su luz reveladora Aschlop intentó conciliar el sueño pero no pudo. Cuando se dio cuenta deque era la primera vez en sus catorce años, que no tenía a su alrededor el calor de su familia, se sintió inmensamente sola.Al llegar la noche empezó a sentir hambre y se arrepintió de haberse comido todas las tortillas ahora ya no tenía nada que comer  pensó que lo mejor era dejar pasar el tiempo y comenzó a fantasear, como de costumbre. Imaginó que preparaba la comida ycomenzó a verlo todo muy claro. Le parecía que de verdad estaba de vuelta en la cocina de su casa, que llenaba con agua una pequeña olla de barro y la ponía al el fuego. Luego tomaba un poco de frijol lo limpiaba, lo echaba en la olla y se sentaba jumoal fuego a esperar que hirviera hacia calor junto fuego y además la atosigaba el humo. Después de un largo rato los frijolesempezaron a hervir, pero ella siguió cuidando la olla. Finalmente tomó una cuchara azul de peltre para sacar unos frijoles se los puso en la mano y los sopló para que se enfriasen, con el fin de probarlos. Los frijoles ya se habían cocido. Con la mismacuchara los sacó de la olla y se dirigió adonde estaba el molino de mano para colarlos. Luego hizo girar el manubrio hasta quelos frijoles se transformaron en una masa marrón. En seguida tomó la botella de aceite y volcó un poco de su contenido entesartén. Cuando considero que el aceite estaba caliente derramó cuidadosamente los frijoles y con una paleta se puso a moverloslentamente Por último, puso dos Cucharadas de frijoles fritos en una tortilla recién hecha y se la comió despacio. Aschlop repitióla operación dos, tres veces.Con mucho deleite saboreaba cada bocado y movía las mandíbulas como si de verdad estuviera comiendo. Para su sorpresa, sesentía un poco llena, como si en realidad hubiera comido. Estaba tan embebida que casi se había olvidado de los soldados.Hacía tres años que Aschlop y su familia habían huido de su pueblito en el noroeste de Guatemala, pero no eran los únicosindígenas que tuvieron que abandonar sus casas. Por la radio se enteró, tiempo después, que más de doscientos milguatemaltecos, indígenas en su mayoría, se habían refugiado en México.En el camino de vuelta se encontró con algunos que se habían ido después al refugio y le dijeron: "Ahora Guatemala está peor que nunca. Nadie puede ir libremente de un lado a otro. Si uno va por un camino cuando ha oscurecido, los militares le disparan.Todos los hombres indígenas son reclutados por la fuerza para las Patrullas de Autodefensa Civil. Las hay en todos los pueblosy tienen órdenes de los militares de arrestar a cualquiera que no sea del lugar, así como disparar sobre todo lo que se muevadespués que ha caído la noche." Aschlop se puso a meditar con mucha preocupación en lo que le dijeron, pero a la vez se leocurrió un plan que le pareció bueno: tenía que andar una o dos horas, para alejarse de la zona fronteriza donde habían muchos

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