El empresario
El funcionario de nivel medio y sin esperanzas de
ascenso se aojó el nudo de la corbata, se secó el sudor de las manos en el pantalón y respiró profundo, antes deteclear el número reservado para ocasiones de extremaurgencia. Hubiese querido hacer la llamada temprano enla mañana, tan pronto se había enterado del contratiempo, pero sus instrucciones eran claras: toda comunicacióndebía hacerse a través de un teléfono móvil, cuando elresto de los empleados de la Administración de Regla
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mentos y Permisos se encontrara almorzando y las oci
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nas estuvieran desiertas de burócratas.Aunque Joaquín Sabater Gandarillas no erasu jefe, las sumas de dinero que le había entregadodurante los últimos cinco años, a cambio de informa
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ción, inuencia, desaparición de expedientes y otrasgestiones turbias, le conferían una autoridad que noostentaba sobre él ni el director de la agencia. Temía alcarácter de Sabater y anticipaba uno de sus exabruptos.En momentos como este lamentaba los compromisos aque lo sometían sus acuerdos con el magnate, pero teníaun hijo en la universidad y una ación al juego que loesclavizaba. Se encontraba inmerso en estas reexionescuando Sabater contestó el teléfono.
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