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Conceptualizacion Literatura Contemporánea

Conceptualizacion Literatura Contemporánea

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1
Liceo Augusto D’Halmar
 Depto. Lenguaje y Comunicación
Contextualización de la literatura contemporánea
 
Cronología y contemporaneidad
 Lejos de las tradicionales cronologías, que adscriben los fenómenos históricos a iguales períodos decien años, la paradoja, la violencia y un insospechado desarrollo tecnológico experimentados durante el siglo
XX quiebran ese principio organizador del calendario. Al respecto, el escritor William Golding señala: “No
puedo dejar de pensar que ha sido el siglo más violento de l
a historia humana”. Dentro de este contexto, elreconocido músico Yehudi Menuhin agrega: “Si tuviera que resumir el siglo XX, diría que despertó lasmayores esperanzas que haya concebido nunca la humanidad y destruyó todas las ilusiones e ideales”. Por
últ
imo, el historiador Franco Ventura concluye que “…los historiadores no pueden responder a estacuestión. Para mí, el siglo XX es sólo el intento constantemente renovado de comprenderlo”.
Con la concurrencia de estas opiniones, Eric Hobsbawm inicia su reflexión sobre la contemporaneidad.Según él, tenemos que hablar de un siglo XX corto, esto es, que comprende los años que van desde elcomienzo de la primera guerra mundial hasta la caída de Unión Soviética:
“Ignoramos qué ocurrirá a continuación y cómo ser
á el tercer milenio, pero sabemos con certeza queserá el siglo XX el que le habrá dado forma. Sin embargo, es indudable que en los años finales de la décadade 1980 y en los primeros de la de 1990 terminó una época de la historia del mundo para comenzar otranueva. Esa es la información esencial para los historiadores del siglo, pues aun cuando pueden especularsobre el futuro a tenor de su comprensión del pasado, su tarea no es la misma que la del que pronostica elresultado de las carreras de caballos. Las únicas carreras que debe describir y analizar son aquellas cuyoresultado
 –
de victoria o de derrota-
es conocido (…) En este libro, el siglo XX aparece estructurado como un
tríptico. A una época de catástrofes, que se extiende desde 1914 hasta el fin de la segunda guerra mundial,siguió un período de 25 ó 30 años de extraordinario crecimiento económico y transformación social, queprobablemente transformó la sociedad humana más profundamente que cualquier otro período deduración similar. Retrospectivamente puede ser considerado como una especie de edad de oro, y de hechoasí fue calificado apenas concluido, a comienzos de los años setenta. La última parte del siglo fue una nuevaera de descomposición, incertidumbre y crisis y, para vastas zonas del mundo como África, la ex UniónSoviética y los antiguos países socialistas de Europa, de catástrofes. Cuando el decenio de 1980 dio paso alde 1990, quienes reflexionaban sobre el pasado y el futuro del siglo lo hacían desde una perspectiva
 fin desiècle
cada vez más sombría. Desde la posición ventajosa de los años noventa, puede concluirse que el sigloXX conoció una fugaz edad de oro, en el camino de una u otra crisis, hacia un futuro desconocido y
problemático, pero no inevitablemente apocalíptico.” (Hobsbawm
, 1999: 15-16).Consideremos también la perspectiva que tiene Arnold Hauser sobre el asunto. Según él, el siglo XX seinicia luego de terminada la primera guerra mundial, cuando se comienzan a escuchar voces críticas contrala hegemonía de la burguesía. En materia artística, sin embargo, ya con el postimpresionismo (hacia 1880) sequiebra la ilusión de realidad a la que el arte nos tenía acostumbrados desde fines de la Edad Media:
“El arte postimpresionista es el primero en renunciar por principio a toda
ilusión de realidad y enexpresar su visión de la vida mediante la deliberada deformación de los objetos naturales. Cubismo,constructivismo, futurismo, expresionismo, dadaísmo y surrealismo se apartan todos con la misma decisióndel impresionismo naturalista y afirmador de la realidad. Pero el propio impresionismo prepara las bases deeste desarrollo en cuanto no aspira a una descripción integradora de la realidad, a una confrontación delsujeto con el mundo objetivo en su conjunto, sino más bien marca el comienzo de aquel proceso que ha sido
llamado la “anexión” de la realidad por el arte. El arte postimpresionista no puede ya ser llamado, en modoalguno, reproducción de la naturaleza; su relación con la naturaleza es la de violarla”. (Hauser, 1983: 269).
 
2
Mario de Micheli, por su parte, se referirá a la ideología imperante hasta fines del siglo XIX y principiosdel XX en los siguientes términos: "Desde los últimos treinta años del pasado siglo hasta comienzos delnuevo, el positivismo pareció ser el antídoto general contra la crisis que se había producido en el cuerposocial de Europa. Los congresos científicos, el vasto impulso industrial, las grandes exposiciones universales,las grandes perforaciones de túneles y canales y las exploraciones eran otras banderas ondeantes al vientoimpetuoso del Progreso. La conquista de la felicidad por medio de la técnica pareció de ese modo ser el
slogan
más seguro para difundir en los malos humores de los pueblos la euforia de una perspectiva de paz ybienestar." (De Micheli, 1983: 71). Esta será la mirada del proyecto moderno, que cree en la razón comorasgo inherente a todo ser humano y que, por lo tanto, permite establecer nociones universales acerca delmundo y de los valores: si todos somos capaces de razonar, entonces todos podemos establecer acuerdoscientíficos y éticos.Será el estallido de la Primera Guerra Mundial el que coloque en tela de juicio el punto de vistamoderno. Ya no resulta tan fácil pensar en un ser humano que respeta códigos éticos universales y queposee la razón como característica fundamental. El horror de la guerra exhibe el revés monstruoso de latécnica: su carácter destructivo, su cercanía no tanto con la felicidad, sino más bien con la muerte; ademásde la imposibilidad de dar un orden al mundo que pueda expresarlo en términos de una totalidad. Ya no era
tan sencillo afirmar “pienso, luego existo”. Este fenómeno prefigura el momento postmoderno, que se
caracterizará por el derrumbe de los grandes relatos que antes funcionaban como fundamento de laexistencia.De la misma manera en que la visión que el ser humano tiene del mundo y de la historia se ve afectadapor los sucesos del siglo XX, la literatura cambia de acuerdo con su contexto. Solamente el sujetoracionalista que habita la Modernidad es capaz de pensar, por ejemplo, en obras de tipo realista, que
pretenden que el arte pueda imitar la realidad ‘tal cual es’. Una vez que la mirada ordenadora y clasificadora
del mundo ha sido puesta en entredicho, la literatura cambia su relación con un posible referente real: "Laobra de arte se transforma esencialmente al admitir en su seno fragmentos de realidad. Ya no se trata sólode la recurrencia del artista a la creación de cuadros completos; también los cuadros mismos alcanzan unstatus distinto, pues una parte de ellos ya no mantiene con la realidad las relaciones que caracterizan a lasobras de arte orgánicas: no remiten como signo a la realidad, sino que son realidad", dirá Peter Bürger(Bürger, 1987: 142). El mundo ya no se presenta tan or
denado ni ‘objetivo’, por lo tanto, el artista solamente
puede tomar jirones de realidad e intentar armarlos en un texto a través del
montaje
.Es por ello que el arte y la literatura del siglo XX ya no mostrarán una visión coherente del entorno niabordarán temas como el progreso o la felicidad. Movimientos como las Vanguardias, el existencialismo, elteatro del absurdo, la literatura del boom latinoamericano, etc., tendrán por centro la exhibición de unmundo inaprehensible como totalidad, de la locura y la irracionalidad como condiciones de existencia, de lamuerte como una presencia constante y cierta.De la misma manera, la forma y estructura de las obras literarias cambiará radicalmente. Ya no sirve ellenguaje lógico y racional, que presenta, a través de un narrador omnisciente, un conocimiento acabado delmundo. Encontraremos narradores que no pueden ver el mundo más allá de su conciencia y de su propialocura y que luchan con el lenguaje para liberarlo de sus significados ideológicos.
Realidad inabarcable e ilógica
 Una vez que las grandes verdades son cuestionadas, sobre todo a partir del Renacimiento, ya noexisten nociones que funcionen como un centro ordenador del mundo, tales como la creencia en unadivinidad o en un universal científico. Esta tendencia se fue acrecentando hacia fines del siglo XIX, llegando aun punto cúlmine al iniciarse el siglo XX. De esta manera, el entorno se percibe desde la simultaneidad y deuna manera fragmentaria: instantes que se suceden uno tras de otro, escenas que coexisten sin unacoherencia a priori, generando una sensación de vértigo y movimiento constantes. Donald Shaw señala al
respecto: “El realismo, cimentado en la idea de una realidad objetiva y comprensible, formaba parte de ese
 
3
antiguo hogar 
y con él queda destruido. Entonces el escritor se encuentra ante la alternativa de modificar suvisión de la realidad, de modo que incluya el
irracional misterio de la existencia
, o bien rechazar porcompleto la noción de una relación directa entre realidad y arte. La mayoría de las novedades técnicas yestilísticas típicas de la nueva novela resultan de la conciencia del autor de encontrarse ante esta
alternativa” (Shaw, 1999: 242 –
243).Toda esta nueva forma de percibir el mundo se expresa en la literatura a través de una serie derecursos que llegan a ser característicos de la escritura contemporánea. A continuación revisaremos algunosde estos recursos.
Representación subjetiva del tiempo
La estructura tradicional de la narración y del drama estaba constituida por la secuencia
 presentación
,
nudo
o
desarrollo
,
clímax 
y
desenlace
. De esta manera, las acciones de la narración se presentaban en elorden que cronológicamente les correspondía. Esta es la visión que una ideología segura del carácterobjetivo y externo del mundo puede afirmar. Sin embargo, como se señala en el diccionario de Estébanez,
“Desde una concepción sicológica del tiempo, se ha resaltado la no coincidencia entre el tiempo cronológico
y la vivencia subjetiva de ese tiempo por parte de los personajes
” (Estébanez, 1999: 1041). Si la posibilidad
de comprender objetivamente el mundo ha sido puesta en tela de juicio, el narrador omnisciente tambiénentra en crisis como conocedor absoluto del mundo. De esta manera, el tiempo de la narración ya no puedecoincidir de manera total con el tiempo cronológico o lineal, puesto que la única forma de observar elentorno es la propia conciencia. Así, los sucesos de la narración serán ahora exhibidos desde la mediaciónque la memoria del personaje realiza sobre ellos.Es por ello que el
flash back
, “término [que] se usa en el cine para designar una o varias secuenciasretrospectivas” (Marchese, 1989: 170), constituirá uno de los procedimientos característicos de la literaturacontemporánea. Esto porque permite “la rup
tura de la linealidad de la secuencia temporal y la
superposición de pasado, presente y futuro” (Estébanez, 1999: 420), saltos temporales que son guiados
únicamente por la conciencia del que recuerda.
Variedad de voces narrativas y predominio de la primera persona
A partir del siglo XX, el punto de vista o enfoque de la narración ya no se va a “situar en un narrador
omnisciente, como en la novelística anterior, sino en la conciencia de los personajes, desde la que se va a
presentar dicha historia” (Estéba
nez, 1999: 891). Nuevamente observamos cómo la figura del narrador quelo ve todo es rechazada por la nueva literatura, pues representa una ideología que ya no se sostiene. Si elmundo no se puede percibir como una totalidad externa, entonces solamente se puede hablar desde laprimera persona, reconociendo la forma en que se intervienen los hechos a través de una determinadaperspectiva y no creando la ilusión de verdad como en la tradición literaria anterior.Pero la permanencia exclusiva en la primera persona no será suficiente para expresar el caos de unmundo en crisis y en vías de cambio. Si en realidad se quiere exhibir la inestabilidad en la percepción delmundo, entonces debe haber tantos narradores como personajes en la obra. Así, en los siglos XX y XXI esposible encontrar obras en las que no existe una claridad total con respecto a quién está narrando ni cuándolo hace, sino que las diversas voces se mezclan en la narración. De allí el uso del estilo indirecto libre, como
una forma en que “el narr
ador trata de reflejar los sentimientos e ideas de sus personajes, perointroduciéndose en la conciencia de éstos para reproducir su pensamiento e incluso sus formas de
expresión” (Estébanez, 1999: 380). Ya no son imágenes fijas otorgadas por un narrador q
ue conoce todo,sino voces que se mueven y se entremezclan en un relato de múltiples miradas.

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