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Psicoanálisis y Hermeneutica - Ricoeur

Psicoanálisis y Hermeneutica - Ricoeur

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Paul Ricœur
 
El conflicto de las interpretaciones 
 © FCE - Prohibida su reproducción total o parcial
1
Paul Ricœur 
EL CONFLICTO DE LASINTERPRETACIONES
ENSAYOS DE HERMENÉUTICA
Segunda parteHermenéutica y psicoanálisis
(fragmento)Lo consciente y lo inconsciente
Para quien ha sido formado por la fenomenología, la filosofíaexistencial, la renovación de los estudios hegelianos y lasinvestigaciones de tendencia lingüística, el encuentro con elpsicoanálisis constituye una conmoción importante. No es tal o cualtema de la reflexión filosófica aquello que se trata y discute, sino latotalidad misma del proyecto filosófico. El filósofo contemporáneo seencuentra con Freud en los mismos parajes en los que halla aNietzsche y a Marx; los tres se erigen ante él como protagonistas de lasospecha, como desenmascaradores. Un problema nuevo ha nacido: eldel engaño de la conciencia, de la conciencia como engaño; dichoproblema no puede constituir un problema particular entre otros, pues loque está en cuestión de manera general y radical es aquello que, paranosotros –buenos fenomenólogos–, constituye el campo, elfundamento, el origen mismo de toda significación: la conciencia. Esnecesario que lo que en un sentido es fundamento, en otro sentidoparezca prejuicio: el prejuicio de la conciencia. Esta situación escomparable a la de Platón en
El sofista 
: habiendo comenzado comoparmenídeo, como abogado de la inmutabilidad del ser, se vio obligadopor el enigma del error, de la opinión falsa, no sólo a dar derecho deciudadanía al no-ser entre los “géneros más importantes”, sino sobretodo a confesar que “la cuestión del ser es tan oscura como la del no-ser”. Deberemos, pues, reducirnos a una confesión semejante:
el problema de la conciencia es tan oscuro como el problema del inconsciente 
.Con esta actitud de sospecha relativa a la conciencia en supretensión de saberse a sí misma en el comienzo, puede el filósofopresentarse ante psiquiatras y psicoanalistas. Si, finalmente, se desea
 
Paul Ricœur
 
El conflicto de las interpretaciones 
 © FCE - Prohibida su reproducción total o parcial
2acceder a la correlación de la conciencia y del inconsciente, seránecesario atravesar primero la árida zona de la doble confesión: “nocomprendo el inconsciente a partir de lo que sé de la conciencia, oincluso del preconsciente” y “ya ni siquiera comprendo lo que es laconciencia”. Éste es el beneficio esencial de lo más antifilosófico, másantifenomenológico en Freud: me refiero al punto de vista tópico yeconómico aplicado al conjunto del aparato psíquico, como puede verseen el famoso artículo metapsicológico dedicado a “Lo inconsciente”. Apartir de este desamparo fenomenológico sólo pueden percibirseinterrogantes que se convierten nuevamente en fenomenológicos, talescomo: ¿cómo debo pensar y volver a fundir el concepto de concienciade manera que el inconsciente pueda ser su
otro 
, de manera que laconciencia sea capaz de ese otro que aquí denominamos inconsciente?Segundo interrogante: ¿cómo, por otra parte, llevar a cabo una crítica –en sentido kantiano, es decir, una reflexión sobre las condiciones devalidez, y también sobre los límites de validez– de los modelos que elpsicoanalista constituye necesariamente si quiere dar cuenta delinconsciente? Esta epistemología del psicoanálisis es una tareaurgente: ya no podemos contentarnos, como lo hacíamos veinte añosatrás, con la distinción entre método y doctrina; ahora sabemos que enlas ciencias humanas, la “teoría” no es un agregado contingente: esconstitutiva del objeto mismo; es “constituyente”: el inconsciente comorealidad no puede ser separado de los modelos tópico, energético,económico que gobiernan la teoría. La “metapsicología” –para hablar entérminos de Freud- es, por así decir, la doctrina; pero la doctrina en lamedida en que posibilita la constitución misma del objeto. Aquí, doctrinaes método.Tercer interrogante: más allá de la revisión del concepto deconciencia impuesta por la ciencia del inconsciente –más allá de lacrítica de los “modelos” del inconsciente–, está en juego la posibilidadde una
antropología filosófica 
capaz de asumir la dialéctica de loconsciente y lo inconsciente. ¿En qué visión del mundo y del hombreson posibles estas cosas? ¿Qué debe ser el hombre para que puedaser simultáneamente responsable de pensar bien y capaz de locura;estar obligado por su humanidad a más conciencia y ser capaz de darcuenta de una tópica y una económica, en tanto “eso habla en él”?¿Qué nueva perspectiva sobre la fragilidad del hombre –y, de maneramás radical aún, sobre la paradoja de la responsabilidad y de lafragilidad– es exigida por un pensamiento que aceptó ser descentradode la conciencia por una reflexión sobre el inconsciente?
 
Paul Ricœur
 
El conflicto de las interpretaciones 
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3
La crisis de la noción de conciencia 
Reduciré a dos proposiciones la sustancia de mi primer punto: (1) hayuna certeza de la conciencia inmediata, pero esa certeza no es unsaber verdadero sobre sí mismo; (2) toda reflexión remite a loirreflexivo, como escape intencional de sí, pero este irreflexivo tampocoes un saber verdadero del inconsciente. Estas dos proposicionesconstituyen lo que hace un momento llamaba la confesión dedesamparo fenomenológico ante el problema planteado por elinconsciente. En efecto, su progresión misma conduce a un umbral defracaso: el umbral de la no-comprensión reflexiva del inconsciente.1. Hay una certeza inmediata de la conciencia, y esta certeza esinexpugnable; es la misma que Descartes, en los
Principios 
(1ª parte,art. 9), enunciaba así: “Por el término ‘pensamiento’ entiendo todo loque se forma en nosotros de modo tal que lo percibimosinmediatamente por nosotros mismos; por eso, no sólo ‘entender’,‘querer’, ‘imaginar’, sino también ‘sentir’, equivalen aquí a ‘pensar’.”No obstante, si bien esta certeza, en tanto certeza, es irrefutable, esdudosa en tanto verdad. Ahora sabemos que la vida intencional,considerada en todo su espesor, puede tener otro sentido que esesentido inmediato. Debemos confesar que la más lejana, más general ytambién más abstracta posibilidad del inconsciente está inscripta enesta distancia inicial entre la certeza y el saber verdadero de laconciencia; ese saber no está dado; hay que buscarlo y encontrarlo: laadecuación de sí a sí mismo, que podría ser llamada en el sentidofuerte de la palabra “conciencia de sí”, no está en el comienzo, sino enel final. Es una idea-límite; la misma que Hegel llamaba “el saberabsoluto”; creamos o no en la posibilidad de decir y articular ese saberabsoluto, podemos, en última instancia, ponernos de acuerdo en afirmarque aparece al final, que no es la situación inicial de la conciencia; másaún, es el término de una filosofía del
espíritu 
, no de una filosofía de la
conciencia.
Sea lo que fuere que se piense del hegelianismo y de suposibilidad de éxito, éste nos advierte al menos que una concienciasingular no puede equipararse a sus propios contenidos; un idealismode la conciencia individual es imposible. En ese sentido, la crítica queHegel hace de la conciencia individual y de su pretensión de igualarse asus propios contenidos es exactamente simétrica a la crítica freudianade la conciencia a partir de la experiencia analítica; por razonesinversas y convergentes, Hegel y Freud dicen la misma cosa: laconciencia es aquello que no puede ser totalizado, por esa razón unafilosofía de la conciencia es imposible.2. Esta primera consideración negativa nos lleva a una segundaconsideración. La fenomenología husserliana inició por su cuenta la

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