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Oscar Wilde - La tragedia de mi vida

Oscar Wilde - La tragedia de mi vida

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08/04/2014

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LA TRAGEDIA DE MI VIDA - CARTA A LORD ALFRED DOUGLASOSCAR WILDETítulo del original inglés: THE TRAGEDY OF MY LIFE3Cárcel de Reading.Querido Bosie:Luego de una prolongada e infructuosa espera,he tomado la decisión de escribirte, y ello tanto entu interés como en el mío, pues me subleva el pensarque he estado en la cárcel dos interminablesaños sin que haya recibido de ti una sola línea, unanoticia cualquiera, que no he sabido nada de ti,aparte de aquello que tenía que serme doloroso.Ha concluido para mí de un modo funesto y conescándalo público para ti, nuestra trágica amistadpor demás lamentable. Sin embargo, muy rara vezme abandona el recuerdo de nuestra vieja amistad, yexperimento una profunda tristeza cuando piensoque mi corazón, henchido antes de amor, está ahora4para siempre colmado de maldiciones, de amarguray de desprecio. Y con toda seguridad, tú mismosientes en el fondo de tu alma, que es mejor escribirmea mí, que me encuentro en la soledad de laexistencia carcelaria, que no dar a la publicidad, sinmi expresa autorización, cartas mías, o dedicarmepoesías, sin permiso alguno también. Y esto, aunquenada sepa el mundo de las frases abatidas o apasionadas,de los remordimientos de conciencia, o de laindiferencia que te agrada evidenciar en respuesta oa manera de justificativo.En esta carta que voy a escribir sobre tu vida y lamía, sobre el pasado y el porvenir, sobre unas dulzurastrocadas en amarguras, y sobre unas amarguras
 
que acaso lleguen a trocarse en alegrías; con todaseguridad habrá muchas cosas que tienen que herir,que hacer brotar sangre a tu vanidad. De ser así,vuelve a leerla hasta que quede muerta esa vanidadtuya. Si en ella hallas algo que supongas te ataca injustamente,no eches esto en olvido: que debenagradecerse aquellas culpas por las cuales puede unoser acusado injustamente. Y si te llena los ojos delágrimas algún párrafo aislado, llora como aquí en lacárcel lloramos, en esta cárcel donde no se escatimanlas lágrimas ni de día ni de noche.5Es esto lo único susceptible de salvarte. Pero, siacudes en queja a tu madre -cual otrora hiciste, delmenosprecio que por ti manifestaba en mi misiva aRobbie-, para que te mime y te arrulle para satisfacciónde tu orgullo, estás entonces irremediablementeperdido. Porque apenas halles a tu conductauna disculpa, ciento hallarás, y has de retornar a ser,en un todo, el mismo que antes fuiste.¿Persistes en tu afirmación, como lo afirmaste entu contestación a Robbie, de que yo te adjudiquémóviles indignos? ¡Ay! ¡Si jamás has tenido móvilesen tu vida! No tuviste más que apetitos. Un móvil esun fin espiritual. ¿Persistes en alegar que eras “muy joven” cuando se inició nuestra amistad? Si pecastede algo, no fue de inexperiencia, sino, precisamente,de todo lo contrario. Tiempo hacía ya que habíasdejado en pos de ti el alba de tu juventud, con suvello sutil, su nítida y pura luz, su ingenua e impacientealegría. Evolucionaste del romanticismo alrealismo con demasiada rapidez, a pasos de gigante.Eras ya presa del arroyo y de cuanto hierve en él.Fue éste el origen de aquel disgusto en cuya oportunidadrecurriste a mí, y en que yo, movido decompasión, y por bondad, te presté mi ayuda, con6
 
tanta imprudencia si tenemos en cuenta lo que seentiende por prudencia en este mundo.Tendrás que leer esta carta desde la primera hastala última letra, aunque te penetre cada palabra comosi fuera fuego, o como penetra el bisturí del cirujano.Preciso es que con ella sangre o se abrase, ladelicada carne. Recuerda que la demencia que apareceen los ojos de los dioses, es por completo distintade la que se advierte en los de los hombres.Aquel que todo lo ignora de las formas del arte de laexpresión; del proceso evolutivo del pensamiento;del esplendor del verso latino; de la armonía sonoradel griego, opulento en vocales; de la escultura toscanay de la elisabetiana lírica, podrá, así, ser discretohasta la exquisitez. La verdadera demencia, dela que se burlan o con la que juegan los dioses, es laque a sí misma se ignora.Durante demasiado tiempo así fui yo, y así fuistetú. Ya no debes serlo más. No tengas miedo; es laligereza el mayor de los vicios, y es justo todo lo quellega a la conciencia. Debes pensar, también, que site provoca pena la lectura de esto, harta más pename produce a mí escribirlo. Muy benévolas se mostraroncontigo las potencias ignoradas. Te permitieronver los vicios, esas trágicas formas de la vida,7cual se divisa la sombra en un espejo. Únicamenteen el espejo has visto la cabeza de Medusa, el serviviente trocado en piedra. Tú mismo seguiste andandolibre y entre flores; a mí, me quitaron el hermosomundo del color y del movimiento.Deseo empezar por decirte que me formulo reprochesespantosos. Sí, ahora, sentado aquí en estalóbrega celda, cubierto con este uniforme de presidiario;ahora, que soy un hombre sin honra, aniquilado,me formulo espantosos reproches. En eltranscurso de estas noches atroces, atravesadas poraccesos de terror; en el transcurso de estos días tanlargos e iguales, me formulo espantosos reproches.

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