La Eucaristía en el Magisterio de Juan Pablo II
193descubren como un riquísimo patrimonio del que, en cierto modo, brota laentera temática conciliar y hacia el que confluye. No en vano, el fruto visiblemás inmediato del Vaticano II se refiere a la celebración de la Eucaristía.La Constitución sobre la Sagrada Liturgia,
Sacrosanctum Concilium
(= SC47-58) señaló las líneas maestras de la reforma
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: participación activa de losfieles, mayor riqueza de lecturas bíblicas, importancia de la homilía,restauración de la oración de los fieles y de la concelebración, recuperación delas lenguas vernáculas, ampliación de los casos en los que se puede recibir lacomunión bajo las dos especies, justificación de la concelebración. Lacelebración procura ahora cuidarse subrayando aspectos que habían caído en elolvido. Se ha clarificado el papel protagonista que compete a la comunidadque participa en la eucaristía. Se habla ahora de «asamblea celebrante» que seasocia a Cristo en el ejercicio de su sacerdocio bautismal. Dentro de estaasamblea celebrante tienen su sentido los
ministerios
que concurren en lacelebración. Ya no es una asamblea que simplemente «asiste» a misa, sino que«celebra la misa»
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. Resplandece así también con mayor claridad, el sacerdocio,visto desde el ministerio de la presidencia.Muy unida a la mejora de la celebración va la evolución que se haexperimentado en la comprensión teológica de la eucaristía. Ante todo, se harecuperado una
visión conjunta
de los diversos aspectos del sacramento. Semuestra mejor el equilibrio armónico del misterio: equilibrio entre palabra ysacramento, la proporción debida entre celebración y culto, el papel celebrantede la comunidad en relación con el de los ministros. Se han ido corrigiendo los“desequilibrios” acumulados en los últimos siglos: vuelta a la comunión conlas formas consagradas en la misma misa, el altar cara al pueblo, la prohibiciónde la misa
coram Sanctissimo
, que no haya sagrario en el altar. La eucaristíaaparece más claramente como el
memorial de la muerte pascual de Cristo
: elVaticano II, en la misma línea doctrinal del Concilio de Trento, enfoca laeucaristía en su relación
memorial
con la cruz, mostrando más claramente laíntima relación entre sacrificio y sacramento. Se matiza la terminologíaanterior: mientras en Trento se hablaba de
representar
y
memoria
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, y en la
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Cf. J. Aldazábal,
La Eucaristía
,
CPL,
Barcelona 1999, 201-208.
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«...en la misa o Cena del Señor, el pueblo de Dios es convocado... para celebrar el memorialdel Señor»: OGMR (=
Institutio Generalis Missalis Romani
) 7.
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«Así, pues, este nuestro Dios y Señor, mediante la muerte, había de ofrecerse a Dios Padre unasola vez en el ara de la cruz, a fin de realizar
por ellos
[allí] la redención eterna. Pero como susacerdocio no había de extinguirse con la muerte, en la última cena, la noche
en la que eraentregado
(1 Cor 11, 13), para dejar a su amada esposa, la Iglesia, un sacrificio visible (como loexige la naturaleza del hombre), en el que estuviera representado (
repraesentaretur
) aquelsacrificio cruento que iba a realizarse una sola vez en la cruz; y permaneciera su memoria(
memoria
) hasta el final de los tiempos; y su eficacia salvadora se aplicara a la remisión de lospecados que cometemos diariamente, manifestando que él estaba constituido
sacerdote parasiempre según el orden de Melquisedec
(Sal 109, 4), ofreció a Dios Padre su cuerpo y su sangre
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