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¿Es Chile un pais Católico?

¿Es Chile un pais Católico?

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San Alberto Hurtado
San Alberto Hurtado

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¿ES CHILE UN PAÍS CATÓLICO?
 Alberto Hurtado S.J.Centro Virtual de Exalumnos Maristas
2007
 
 s02y01a¿ES CHILE UN PAIS CATOLICO?Dedicatoria A la Juventud Católica de Chile, sobre cuyos hombros reside el porvenir de la Iglesia y dela Patria, dedica el autor estas páginas laboriosas pidiendo al Padre de todo bien quesuscite entre sus hermanos, los jóvenes chilenos, apóstoles de Cristo, que hagan mejor ymás bella la vida en este Chile que nos vio nacer.PrólogoEs siempre grata la lectura de un libro que nos haga avanzar en el conocimiento de laverdad, porque la inteligencia humana está torturada por una sed sublime de poseerla, yaún más, porque de tal manera nos ha creado Dios, que solamente alcanzaremos elreposo del bien poseído inamisiblemente, cuando tengamos la Verdad toda entera, que esese mismo Ser Perfectísimo. Por eso, para que los hombres conocieran la Verdad, vino elHijo de Dios a la tierra y comunicó a los hombres su palabra divina: "Yo soy la Verdad, lesdijo, el que me sigue no anda en tinieblas". (Joan, I, 17; VIII, 12).Sin embargo, ¡cuán fácilmente la pobre inteligencia humana desconoce la verdad y sedesliza en el error! El era la Verdad y "brilló en las tinieblas, pero las tinieblas no locomprendieron" (Joan, I, 5).¿Por qué, si la verdad es el objeto adecuado de la inteligencia humana y la finalidadmisma del hombre, tan fácilmente puede éste desconocerla y apartarse de ella? Múltiplescausas, por desgracia, concurren para producir tan desastroso mal, pero la más frecuente,la más poderosa, es la determinación de muchos hombres de cerrar los ojos a la luz;solamente por eso pudo brillar en la tierra el resplandor de la Verdad divina, emanado desu fuente misma, el Verbo, sin disipar las tinieblas.Cierran los ojos a la verdad los que antes de juzgar, ya han juzgado, es decir, los queantes de haber entrado en el conocimiento de los elementos sobre los cuales se fundaríasu juicio, están ya resueltos a juzgar en determinado sentido. Cuántos prejuicios queimpiden el conocimiento de la verdad; cuán escasos los ojos claros, los corazonestransparentes, que merezcan la sentencia de gloria pronunciada por el Maestro:"Bienaventurados los puros de corazón, porque ellos verán a Dios" (Matt.V,8). Prejuiciosde los que han nacido escuchando el error y lo han confundido con la verdad; prejuiciosde los que, poseyendo parte de la verdad, creen tenerla toda entera; prejuicios de losque, ilusionados con la novedad, estiman equivocado todo lo antiguo; prejuicios de losque, rindiendo culto a lo antiguo, no aceptan nada nuevo. Obraban cegados por susprejuicios los que decían: "¿No es éste el hijo de un carpintero?"" (Matt.XIII,15). "¿Puedesalir algo bueno de Nazareth?" (Joan,I,46). Y no creyeron en el Hijo de Dios que les traíala salvación.La verdad que Jesucrito trajo a la tierra no ha cesado de iluminar al mundo todo entero,desde el faro inextinguible de la roca de Pedro, en todos los tiempos, así en las épocas
 
gloriosas en que la Humanidad inclinaba su cabeza ante el cayado del Pastor Supremo,como en los períodos ignominiosos en que se desenvainaron las espadas contra el Vicariode Cristo y los cristianos. ¡La verdad ha brillado siempre! Pero, ¿ha sido siemprecomprendida? ¡Oh, bien sabemos que no! ¡Cuántos han continuado despreciando siempreal hijo de un carpintero!Desvanecer los prejuicios; presentar la verdad tal como ella es, sin la escoria de nuestrosapasionamientos; escuchar los pensamientos de nuestros adversarios, para reconocer laparte de verdad que generalmente hay en ellos, y, a la vez, develar el error que se hamezclado; desprendernos nosotros mismos de los prejuicios en que pudiéramos haberincurrido, para comunicar a nuestros prójimos la verdad en toda su pureza, es hacer obrahermosísima de apostolado, es hacer que brille la luz, es llevar Jesucristo a las almas.Tal es, precisamente, la finalidad de este hermoso libro ¿Es Chile un país católico?, delR.P. Alberto Hurtado, S.J., que nos honramos en prologar.Escrito sin otro apasionamiento que el amor a Jesucristo y a las almas, iluminado con laluz del Evangelio y de las enseñanzas pontificias y con la claridad del reconocido talentode su autor, este libro debe servir como examen de conciencia para esos numerosísimoscatólicos chilenos que permanecen en la indolencia más incomprensible, mientras laIglesia chilena sufre males tan profundos que la amenazan de muerte. Quiera Dios quesus palabras les arranquen las escamas que cubren sus ojos y que, al contemplar laverdad en toda su crudeza, presten su más abnegado y generoso concurso a la causa delbien.Con multitud de informaciones estadísticas y de observaciones personales, el P. Hurtadodirige, primeramente, una mirada rápida al estado del mundo en el orden religioso, yanaliza, después, el de nuestra Patria, desde diversos aspectos que convergen en últimotérmino a uno mismo. Era necesario hablar de las miserias de nuestro pueblo con la durarealidad de los hechos, a la vez que con elevado criterio y con caridad evangélica. Eranecesario presentar el cuadro real de la vida cristiana en Chile, para que se mida elabismo de ignorancia y de incredulidad a que hemos llegado. Según los datosproporcionados por numerosos Curas Párrocos de todos los puntos de Chile, el número depersonas que muere sin haber recibido los últimos sacramentos, llega en múltiples casos aun 50%, en no pocos a un 60 y un 70% de los habitantes de la parroquia, y en algunoscasos mueren casi todos sin dichos auxilios. Esta sola información basta para hacernosmeditar hondamente.En cuanto a la instrucción religiosa de los niños, unos 230.000 la reciben, ya sea enescuelas particulares o fiscales, pero cerca de 700.000 niños no reciben ningunaeducación religiosa en la escuela, porque no van a ninguna, y probabilísimamente no lareciben jamás. ¿Qué porvenir se espera a nuestra Patria si la mayoría de sus habitantesignora el único camino para alcanzar una verdadera formación moral y con ella lasalvación eterna?Pero no se crea que de estos antecedentes deduzca el autor una impresión pesimista, quenos desaliente. Precisamente nos muestra esas dolorosas realidades, porque sabe quehay en nuestra sociedad chilena veneros escondidos en virtud y abnegación, que espreciso desentrañar. El mayor mal de nuestros días, nos dice, es la indiferencia ante estos

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