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Escuela de La Amazonia

Escuela de La Amazonia

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 Escuela de la Amazonia: Un laboratorio de educación ambiental 
Escrito por Silvio Marchini
Miércoles 06 de Julio de 2011 12:49
Alunos visitantes exploram a floresta. Crédito: EdsonGrandisoli/Escola da Amazônia
“El mayor y más deprimente problema de conservación no esla destrucción del hábitat o la sobreexplotación, sino laindiferencia humana frente a estos problemas”. Esteargumento del profesor de la Universidad de Cambridge,Andrew Balmford es particularmente pertinente en la relaciónentre los brasileños y la selva amazónica. Para la mayoría delos brasileños, la Amazonia es un lugar exótico y distante, conla cual tiene apenas un tenue lazo de afecto y responsabilidad.Pese a que el área de la Amazonia corresponde a cerca de 61% de territorio nacional, más del 80% de losbrasileños viven fuera de la región y simplemente demasiado lejos para importarse con las quemas, motosierrasy desmontes con cadena que destruyen la selva. Por otro lado, aquellos que viven en la frontera agrícola de laAmazonia, frente a los más altos índices de deforestación tropical del mundo, son típicamente migrantes e hijosde migrantes, que necesitan ingresos, pero tienen poco conocimiento sobre cómo utilizar los recursos que laselva ofrece. Comparten la noción que la única manera por la cual pueden ganarse la vida es trabajando conganado. Para ellos, la selva vale más después de derribada y convertida en pasto.
“Para la mayoría de losbrasileños, la Amazoniaes un lugar exótico ydistante, con la cualtiene apenas un tenuelazo de afecto yresponsabilidad”
 
 
 Según esta visión, el futuro sostenible de la Amazonia exigirá la diseminación de conocimiento sobre la selva – sus usos, su importancia y su estado de conservación – y, sobretodo, un cambio en los valores a ella atribuidos.Las personas deberán importarse con la selva, tanto debido a los productos y servicios que ofrece, como porrazones éticas y estéticas, culturales y sentimentales. Razón y emoción deberán formar las bases de unarelación responsable con el bosque. Ya que, conocimientos y valores son adquiridos por medio de la experienciay, sobretodo, por medio de la educación. Por eso, la crisis ambiental en la Amazonia es, en último análisis,también una crisis de educación. En respuesta a eso, creamos la Escuela de la Amazonia, cuyo objetivo esdesarrollar y probar abordajes de educación para fomentar entre los brasileños – principalmente los más jóvenes- el interés, apego y, consecuentemente, el respeto por la selva.
La historia
 Maratón de Nueva York, 1998. En el kilómetro 25 de un recorrido de 42 kilómetros, una repentina y completafractura por estrés de mi fémur derecho puso fin a mi plan de completar la más famosa carrera pedestre delmundo. Caí en estado de choque sobre el asfalto frío sin tener la menor idea de qué había ocurrido y menos aúnde las implicaciones que eso tendría sobre mi vida. Tres cirugías en los cuatro meses posteriores, una severainfección y nueve meses sin andar dieron también un fin prematuro a mi doctorado en ecología, ya que realizarel trabajo de campo en las reservas del Proyecto Dinámica Biológica de Fragmentos Forestales usando muletassería imposible. En un paso del destino, se encerraba mi corta carrera de aspirante a ecólogo de bosquestropicales, pero mi vida profesional tomaba un nuevo rumbo que culminaría en la creación de la Escuela de laAmazonia.
“Caí en estado de choque sobre el asfalto frío sin tener lamenor idea de qué había ocurrido y menos aún de lasimplicaciones que eso tendría sobre mi vida”
 Mientras me recuperaba de la fractura, acepté la invitación para asumir el cargo de director académico delprograma Manejo de Recursos Naturales y Ecología Humana en la Amazonia, de la
School for International Training 
(SIT). SIT ofrece programas de estudios en diversos países – los Semestres Lectivos en el Exterior – que proporcionan a universitarios americanos una oportunidad rara de inmersión en temas específicos. Elprograma brasileño tenía su sede en Belém en el estado de Pará, donde los alumnos pasaban las cincoprimeras semanas viviendo en casas de familia mientras frecuentaban clases de portugués y asistían apresentaciones de representantes de las instituciones locales dedicadas a la cuestión socioambiental en la
 
Amazonia, tales como el Museo Emílio Goeldi, Imazon y Funai. En la etapa siguiente, pasábamos un mes enteroviajando y conociendo un poco de todos que es relevante para la conservación y el desarrollo en la región,desde las hidroeléctricas de Tucuruí y Balbina y las madereras de Paragominas, minería en Carajás, Sierra delNavío y río Trombetas, plantaciones en Jari y Tomé-Açú, ganadería en Marajó y pesca en las costas del estadode Pará, hasta los trabajos del Proyecto Salud y Alegría en el río Tapajós y la Reserva de Desarrollo Sosteniblede Mamirauá en las várzeas del río Solimões, En la última etapa del programa, los alumnos tenían un mesentero para desarrollar su propio proyecto de investigación, bajo mi supervisión.La experiencia era fantástica, pero me incomodaba el hecho de que apenas algunos estudiantes americanostenían el privilegio de conocer la Amazonia brasileña de modo tan completo y profundo. La mayoría de aquellosestudiantes no se involucraba con el tema de la conservación cuando regresaba a sus vidas en los EstadosUnidos y prácticamente todos perdían el vínculo con la Amazonia. Decidí entonces buscar la manera de ofreceraquella oportunidad a los estudiantes brasileños también. Fue con esta motivación que abrí, en 2000, la firmaAmazonarium, cuya misión era incentivar y facilitar la venida de estudiantes a la Amazonia, ofreciendoexcursiones y oportunidades de inmersión cultural en los moldes de la SIT. En aquel mismo año, por medio delAmazonarium, conocí a la empresaria y ambientalista Vitória da Riva Carvalho, doña Vitória, propietaria delHotel de Selva Cristalino (Cristalino Jungle Lodge) y presidente de la Fundación Ecológica Cristalino (FEC), ycon ella establecí una colaboración para llevar estudiantes a Alta Floresta, en el Arco de Deforestación.En 2002, doña Vitória y yo dimos a nuestra colaboración el nombre de Escuela de la Amazonia. En el añosiguiente, realizamos nuestro primer taller con jóvenes de escuelas públicas de Alta Floresta. Un poco mástarde, Edson Grandisoli, que felizmente era mi mejor amigo en los tiempos de la graduación en la USP, entró alequipo y pasó a traer a la Escuela de la Amazonia a grupos de jóvenes de secundaria de los colegiosparticulares de São Paulo donde enseñaba. En 2005, la Escuela de la Amazonia fue incorporada a la FEC ypasó a recibir apoyo de patrocinadores, gracias al empeño de su entonces director ejecutivo, Renato Farias. Enel mismo año, regresé a la academia, con un doctorado por la Universidad de Oxford, en Inglaterra, parainvestigar los factores cognitivos, afectivos y sociales que determinan el comportamiento humano de matargrandes felinos y como usar educación y comunicación – como usar la Escuela de la Amazonia – parainfluenciar aquellos factores y aumentar la tolerancia humana a los jaguares. En los siguientes años, la Escuelade la Amazonia se consolidaría como un laboratorio de técnicas y estrategias en educación para laconservación.

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