Zohar quiere decir esplendor. Se trata, entonces, de un libro de Luz. Pero deluz negra: como las radiaciones ultravioletas e infrarrojas del espectro queescapan al ojo normal, las nociones cabalísticas escapan al sentido común. Senecesita una acuidad mental particular para llegar a percibirlas.Cuando se las percibe, causan asombro su amplitud, su fuerza y sencillez.No insistiré sobre los orígenes históricos del Zohar. Permanecen inciertos. Seha atribuido su primera publicación (y en opinión de algunos, parte o todo eltexto) a Moisés de León, judío español del siglo XIII. Sin embargo las doctrinasenseñadas en el Zohar se remontan a libros místicos hebreos anteriores al siglomencionado; y concuerdan bastante bien con el Cristianismo esotérico y lasverdades primitivas conservadas en los Misterios egipcios, asirios, caldeos,persas, chinos, hindúes y helénicos.Por otra parte la mejor legitimación de un libro está en su propio valor. Elautor y la fecha son menos importantes que el libro. La sublimidad religiosadel Zohar es innegable Lo que tiene de importante, desde otro punto devista, justamente porque no puede retrotraerse la fecha de su publicaciónmás acá del siglo XIII, es la identidad de sus afirmaciones con los datos dela ciencia moderna. Por ejemplo, Adolfo Franck, en su
Kábbale,
nos dice que elZohar describe el verdadero movimiento de la tierra alrededor del sol muchoantes de Copérnico
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Y las concepciones filosóficas y religiosas del Zohar corresponden en sólida ypujante analogía con muchas afirmaciones de la ciencia. El Gran Arcano de laKabbala, el ternario con sus tres elementos: neutro, positivo y negativo seaplican a la electricidad y el magnetismo.Como la mayoría de los libros orientales, especialmente aquellos de filiacióniniciática, el Zohar semeja un caos.En primer lugar está constituido por diversas obras, ensambladas sin orden niconcierto. En segundo lugar estas obras no corresponden a los métodoslógicos de Occidente. Los escritores de Oriente siguen más vale las leyes de lacomposición musical que las de la literatura. Se trata de un tejido de temas, deinterrupciones y, a grandes intervalos, de reanudaciones, de disgregacionesflotantes, de alianzas vastísimas al par que sutiles, verdaderamente musicales,de ideas.Más, lo que estos escritores pierden en ordenamiento lógico, lo ganan enpenetración aguda y, también, en libertad e inmensidad de contemplación.A estas dificultades derivadas de la estética oriental, hay que añadir el deseode velar el sentido a los profanos y de reservar el contenido a los iniciados.Habiendo, después de un estudio prolongado, discernido el sentido escondidotras los velos y su unidad profunda a pesar del caos, he querido ayudar aconquistar este discernimiento a los amigos de las verdades ocultas ysupremas.Ojalá pueda yo abreviar los estudios penosos a quienes desprecian las bajasilusiones transitorias, a los apasionados de lo Absoluto, a las almas que son dela raza de las almas y no de la estirpe de los cuerpos.
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