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Escalas de Justicia

Escalas de Justicia

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744 julio-agosto [2010] ¿¿¿-??? ISSN: 0210-1963doi: 10.3989/arbor.2010.744n0000
Relacionar una escala con un mapa es enprincipio una tarea sencilla, ahora bien,asociar una escala con una balanza resultaprácticamente imposible sin una referenciaa la lengua inglesa. El título del libro deNancy Fraser pierde parte de su sentido conla traducción, sin embargo esto no empañala novedad de las propuestas que presenta.Para entender plenamente la expresión “es-calas de justicia” es necesario hacer referen-cia al objetivo que se propone Fraser y quese puede resumir en querer introducir unanueva dimensión en la teoría de la justicia.Hasta el momento para valorar si las relacio-nes que se llevaban a cabo en una sociedaderan justas se tomaban en consideración lasdemandas económicas de redistribución ylas reclamaciones culturales que exigen re-conocimiento. En este sentido, la justicia seha entendido y se ha representado infinidadde veces como una balanza (
scale 
en inglés).La propia autora en sus monografías ante-riores había defendido una formulación dualde la justicia que contemplaba únicamen-te estas dos dimensiones. La originalidadde esta nueva obra consiste en cuestionarque el marco del Estado sea siempre el másadecuado para hacer frente a los actualesproblemas de justicia. La redefinición delas fronteras de tales conflictos nos remiteentonces a la imagen del mapa que Fraserintenta evocar con el segundo sentido de lapalabra
scale 
en el título.
Escalas de justicia 
se constituye así en unintento contemporáneo de fundamenta-ción de la justicia global. La peculiaridadde la propuesta de Fraser reside en quererpluralizar el marco de la justicia, de mane-ra que convivan distintos niveles a la vez, ala vez que asume una perspectiva distinta ala formulada por cosmopolitas, internacio-nalistas y nacionalistas liberales.Esta no es la primera vez que Fraser seenfrenta al tema de la teoría de la jus-ticia. Sus propuestas se han venido for- jando durante los últimos años y cabedestacar la anterior publicación de dosobras muy vinculadas con este objeto deestudio:
Iustitia interrupta: reflexiones críticas desde la posición ’postsocialista’ 
 (2003) y
¿Redistribución o reconocimien-to?: un debate político-filosófico
(2006),editada junto con Axel Honneth. Pero noha sido hasta los últimos años que laautora se ha despegado del marco estatalpara abordar las cuestiones relacionadascon la justicia, tesis que ha cristalizadoen este libro.En cuanto a las perspectivas teóricas delas que se sirve Fraser para desarrollar sutrabajo, hay que señalar que conjuga tradi-ciones de pensamiento sumamente diver-sas. Abarca la filosofía política analítica, lateoría crítica europea, la ética del discursode Habermas y las propuestas postestruc-turalistas. Además Nancy Fraser es bienconocida por sus aportaciones al pensa-miento feminista, tema al que tambiéndedica un capítulo en este libro.Antes de avanzar en los contenidos, seráconveniente explicar cómo interpreta Fra-ser el concepto clave que articula esta obra.La concepción de justicia que sostiene par-ticipa de una interpretación democráticaradical que exige que en los acuerdos so-ciales todos los participantes actúen comopares. Además, la paridad participativa esentendida en dos sentidos: por un lado,como un principio sustantivo de justicia através del cual pueden evaluarse los acuer-dos sociales; por otro, como una nociónprocesal que permite evaluar la legitimidadde las normas.Según la autora, tradicionalmente las de-mandas de justicia se han centrado en elprimer sentido, en el contenido de la justicia,y se han elaborado desde dos perspectivas.La primera es económica y reclama la redis-tribución de recursos, la segunda es culturaly exige reconocimiento. En cualquiera deestos dos casos el debate se desarrolla entorno a la idea de
cuál 
es el objeto de la justicia. Fraser sostiene que hasta ahora seha obviado la pregunta sobre
quiénes 
de-ben ser los destinatarios de la misma. Se hadado por válido el Estado como el marcoadecuado para las demandas de justicia sinreparar en el hecho de que la aparición decrecientes fuerzas transnacionales ha de-bilitado este diseño westfaliano. Por otrolado, cuando se establecen los límites de lacomunidad política se está determinando elalcance de las consideraciones sobre distri-bución y reconocimiento, de manera que se
La búsqueda de marco para la justicia
Nancy FRASER
Escalas de justicia.
Barcelona, Herder, 2008, 294 págs.Traducción de Antoni Martínez Riu
 
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puede hablar de la dimensión política comouna cuestión de metanivel que abarca a lasotras dos.La representación política se pone de ma-nifiesto además a diferentes niveles. Enprimer lugar, tiene que ver con la posibi-lidad de participación de los miembros dela comunidad. A la representación fallidaen este nivel la denomina representaciónfallida político-ordinaria. En segundo lugar,la representación también tiene que vercon la delimitación de la comunidad polí-tica, es decir, con la injusta exclusión de laposibilidad de participar en la comunidadmediante el trazado de fronteras. Fraser serefiere a este tipo particular de injusticiapolítica como
desenmarque 
. Una soluciónparcial serían las políticas afirmativas, queconsideran que el principio territorial siguesiendo adecuado y abogan por redefinir lasfronteras, sin embargo no captan plena-mente el reto que se está planteando. Lapropuesta de Fraser consiste en añadir untercer nivel, ya no relacionado con
el qué 
 o
el quién
, sino con
el cómo
de la justicia.En este punto, la autora apuesta por laspolíticas transformativas, pues analizan siexiste paridad participativa en el nivel me-tapolítico. El Estado no es siempre el marcoadecuado para abordar los problemas de justicia y tampoco se intenta definir unquién global estable y fijo como destina-tario de las demandas de justicia. Fraserpropone completar el principio territorialestatal con otros principios poswesfalia-nos. Si bien en fases anteriores apostó por
el principio de todos los afectados 
, ahoradecide reformularlo y se inclina por
el principio de los sujetos 
, que define de lasiguiente manera:
“(...) lo que convierte a un conjunto deconciudadanos en sujetos de justiciano es la ciudadanía compartida o la na-cionalidad, como tampoco la posesióncomún de una personalidad abstracta,ni el puro hecho de la interdependenciacausal, sino más bien su sujeción con- junta a una estructura de gobernación,que establece las normas básicas querigen su interacción” (pp. 126-127).
De este modo, los individuos son sujetos de justicia no por el hecho de convivir en unmismo territorio, sino por su participaciónen un marco institucional compartido queregula su interacción social.En el capítulo tercero, Fraser analiza cómoen la medida en que el marco westfalianoha sido impugnado por muchos filósofos elprimer dogma del igualitarismo liberal estásiendo superado. Para la autora el primerdogma tiene que ver con la presuposicióndel marco nacional como el más adecuadopara hacer frente a las reivindicaciones de justicia. Ahora, junto al nacionalismo li-beral existen otras posturas que reclamanun sujeto diferente para dichas reivindica-ciones: el cosmpolitismo y el internacio-nalismo. Sin embargo, señala Fraser queninguna de estas posturas ha superado elsegundo dogma, pues asumen que se puededeterminar el quién de la justicia mediantelos procedimientos técnicos de la cienciasocial. El problema reside en que para re-solver la pregunta por el quién la cienciasocial debe echar mano de conceptos queposeen una gran carga teórica y de valor,de manera cualquiera de estas tradicionespresentan como un hecho establecido loque es todavía fuente de debate.Esto ocurre por ejemplo al dejar en ma-nos de la ciencia social la delimitación delprincipio de todos los afectados. Frasersostiene que no se puede dar por sentadouna descripción incontrovertible de dichoprincipio, de las circunstancias de justicia ydel marco, luego lo más apropiado es resol-ver está cuestión de forma dialógica, con- jugando la ciencia social con la reflexiónnormativa y la confrontación pública. Lapropuesta que elabora toma como puntode referencia el enfoque crítico-demo-crático, que combina el carácter políticoy epistémico de este debate. El resultadodel proceso no es ni un solo principio nila negación absoluta del principio territo-rial, sino que se conjugan los marcos delos quiénes territorialmente definidos conlos marcos de los quiénes funcionalmentedefinidos.El contexto actual puede definirse como“justicia anormal”, pues no existe acuerdosobre los supuestos básicos de la justicia.Existen debates abiertos tanto sobre elqué, el quién y el cómo de la justicia. Hacerfrente a esta situación no implica restituirla “justicia normal” sino un nuevo tipo dediscurso que denomina “justicia reflexiva”y que sería el resultado de momentos deapertura y cierre, de hegemonía y de jus-ticia anormal. Las características de esta justicia reflexiva son las siguientes: cuentacon el principio de paridad participativacomo medida común a las diferentes rei-vindicaciones del objeto de la justicia; encuanto a la forma de determinar el quiénde la justicia se caracteriza por servirse delprincipio de todos los sujetos; y, por último,dicho principio se concreta a través de unateorización dialógica e institucional, a finde que el debate público sea complemen-tado por decisiones vinculantes. Para ellosugiere la creación de instituciones repre-sentativas globales.En los capítulos siguientes de
Escalas de  justicia 
se analizan las consecuencias quetiene el desarrollo de la esfera transna-cional para algunas de las formulacionesteórico-políticas más influyentes del siglopasado: la teoría de la esfera pública, elfeminismo y el pensamiento de autorescomo Foucault o Arendt.En el capítulo quinto, Fraser trata de re-pensar la teoría de la esfera pública para
 
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un marco transnacional. Su propuesta con-siste en rescatar el potencial crítico de laesfera pública, que radica en su legitimidadnormativa y su eficacia política, y rein-ventarlo para una realidad postwesfalianalejos de los supuestos que lo constreñíanal Estado nacional. La autora pone sobrela mesa que buena parte de los problemasque nos acechan hoy en día traspasan lasfronteras de los Estados, de manera que sila esfera pública debe ser legítima ha deser reformada para incluir a todos aque-llos que tengan un interés en el resultado. Ya no resulta significativa la ciudadaníapolítica y urge tomar como punto de re-ferencia el principio de todos los sujetos.Se debe ofrecer igualdad de oportunidadesa los interlocutures para plantear nuevascuestiones o poner en entredicho determi-nados supuestos en la política. Estos dossupuestos son la condición de inclusividady la condición de paridad.Por otro lado, deben satisfacerse las con-diciones relacionadas con la eficacia: lacondición de capacidad y de traslación.Sólo puede hablarse de la existencia deuna esfera pública si tiene capacidad paratraducir en leyes vinculantes y en poderadministrativo las demandas generadas enla esfera pública, para lo cual habría quecrear nuevos poderes públicos transnacio-nales y que estos sean responsables antelas esferas públicas correspondientes.En este mismo sentido, los retos que seplantean para el feminismo del siglo XXItambién tienen como objetivo adaptarse ala creciente realidad poswestfaliana. El ca-pítulo “Mapa de la imaginación feminista”consiste en plantear una agenda tridimen-sional como futuro del feminismo. Ade-más de luchar contra la mala distribucióny reconocimiento fallido, Fraser proponerechazar el marco estatal para aquellasinjusticias cuyo origen es transnacional ysituar dichos debates en un marco másadecuado. Así, toma como punto de re-ferencia el trabajo de las feministas enEuropa, cuyas reivindicaciones apuntanahora hacia la Unión Europea, y las reivin-dicaciones que, más allá de la lucha contrael patriarcado en distintas sociedades, bus-can la reforma del ordenamiento jurídicointernacional.Los dos capítulos siguientes los dedicaFraser a reformular para el presente lasaportaciones de Michel Foucault y HannahArendt. Como ella misma dice, su finali-dad no es ser fiel a dichos autores, sinorecontextualizarlos. En este sentido, Fraserplantea la conveniencia de pensar las ca-racterísticas de la racionalidad política delnuevo modo de regulación postfordista. Nopueden emplearse sin más las categoríasde análisis que sugirió Foucault pero sí queserá útil repensar la relación entre discipli-na y postfordismo y someter a un análisisfoucaultiano la red o la flexibilización. Porsu parte, el legado de Arendt nos permitiríabuscar en el presente cristales totalitariosincluso en proyectos políticos que de porsí no lo son. La tarea a realizar consistiríaen revisar de forma crítica las democraciasliberales, las instituciones jurídicas, econó-micas y políticas de carácter transnacional,los fundamentalismos religiosos e inclusomovimientos transnacionales como el fe-minismo o el Foro Social Mundial.Por último, Fraser incluye una entrevistaen la que Kate Nash y Vikki Bell le hacenreflexionar sobre algunos de los temas quecimentan el libro, a saber: el sentido de larepresentación, la democratización de laconfiguración del marco o la posibilidadde desarrollar nuevas solidaridades en unmarco global. Además surgen otras pre-guntas interesantes como cuál es el papeldel teórico crítico y si no peca de optimis-mo la idea de que sea en las institucionesdonde se discuta si un marco es justo yrepresentativo. Esta sugerencia abre el ca-mino para introducir una serie de comen-tarios críticos a esta obra.No se puede dudar del acierto de Fraseral cuestionar que el marco del Estado seasiempre el más conveniente para hacerfrente a las reivindicaciones de justicia,pero también es cierto que algunas de suspropuestas traen consigo sombras que noresulta fácil clarificar. Resulta problemá-tico el hecho de que pretenda resolverlas injusticias de desenmarque a travésde medidas que ignoran cuál es su origenhistórico. En lugar de proponer un estudiopara analizar las razones por las que se haproducido e intentar así paliar la situa-ción actual, opta por una salida muchomás compleja e incierta: el diseño de una justicia que se articula en torno a princi-pios abstractos cuya concreción dependede instituciones globales por desarrollar yque requiere un debate político en el quela labor de determinar los participantes hade ser continuamente desarrollada.Además de esta pregunta, también surgendudas respecto a la confianza de Fraseren la creación de nuevas institucionesglobales. Su objetivo sería garantizar quela nueva determinación de marcos sigaun proceso democrático pero ¿cómo ga-rantizar que realmente sean democráti-cas y no terminen siendo un reflejo delos poderes fácticos? Considero que estaspreguntas no son problemas menores quepodrían resolverse en desarrollos ulterio-res. Resulta difícil imaginar la creación amedio plazo de instituciones que puedansuperar los retos que organismos como laONU no han conseguido superar en másde medio siglo de historia. En este mismopunto, tampoco termina de explicar Frasercómo se superaría el problema derivadode la hegemonía y por el cual se podríansilenciar en el proceso de establecimientodel marco las voces de algunos de losinterlocutores.

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