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Anfisbenas y Dragones en los Andes Prehispánicos

Anfisbenas y Dragones en los Andes Prehispánicos

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Por César Augusto Velandia Jagua - Artículo publicado en: International Journal of South American Archaeology – IJSA, N° 8; Archaeodiversity Research Group & Syllaba Press; http://www.ijsa.syllabapress.com/issues/articles/ijsa00044.pdf; 2011

Por César Augusto Velandia Jagua - Artículo publicado en: International Journal of South American Archaeology – IJSA, N° 8; Archaeodiversity Research Group & Syllaba Press; http://www.ijsa.syllabapress.com/issues/articles/ijsa00044.pdf; 2011

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Categories:Types, Research
Published by: César Augusto Velandia Jagua on Aug 06, 2011
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 Anfisbenas y Dragones en los Andes Prehispánicos
Por César Velandia
Resumen
Durante mucho tiempo se ha reiterado la denominación de algunos elementos iconográficos de lasculturas del noroeste de Argentina, norte de Chile y hasta de la región andina, como anfisbenas ydragones; términos que, no sólo no definen las formas y los estilos iconográficos, sino queintroducen confusiones en la caracterización misma de las culturas regionales. El autor proponeuna alternativa para la interpretación de estos animales representados y la reformulación de laspreguntas de investigación.
Palabras clave
: iconografía prehispánica, anfisbenas y dragones, escolopendras
Abstract
For a long time have underlined the name of iconographic elements of the cultures of northwestArgentina to northern Chile and the Andean region, as amphisbaenids and dragons, terms thatdefine not only the iconographic forms and styles, but introducing confusion in the samecharacterization of regional cultures. The author proposes an alternative interpretation of theseanimals represented and the reformulation of research questions.
 Key words:
pre-Hispanic iconography, amphisbaenids and dragons, centipedes
 
 
 
Anfisbenas y Dragones en los Andes Prehispánicos
Por César Velandia
Antecedentes para un problema
Este trabajo se inició como un juego de preguntas, alrededor de una incomodidadque me causaba la lectura de ciertas interpretaciones, en la iconografíaprehispánica de varias culturas a lo largo de los Andes. Me refieroespecíficamente a las denominaciones de origen mitológico, aplicadas a ladescripción de elementos iconográficos en la cerámica y orfebrería de culturascomo Santamaría, La Ciénaga y La Aguada, en Argentina y la cerámica Mochica yarquitectura Chimú, en Perú.La
s denominaciones “anfisbenas” y “dragones”
, aparentemente no planteanningún problema para la descripción analítica de la iconografía; y casi todos losinvestigadores las utilizan de manera escueta. Si alguno abriga alguna reticencia,dadas las connotaciones de los términos, simplemente les pone unas
convenientes comillas o recurre a citar: “…según Ambrosetti
1897
…” o, “según
Serrano 1943
…” etc.
 Pero, desde el punto de vista que he planteado en trabajos anteriores (Velandia1994, 2005a, 2006, 2008), el asunto no es un problema de términos pues elsentido, que se mueve por debajo del lenguaje, es inasequible ya que
“…es
difícilconcebir un sistema de imágenes o de objetos cuyos significados puedan existirfuera del lenguaje
…”
(Barthes, 1971:14). Por lo tanto, nuestras palabras marcande alguna manera aquello que nombran y el resultado es que, así no seaintencional, los ceramios Diaguitas o Huilisches de los tiempos de Ambrosetti y deLafone Quevedo, siguen significando lo mismo que las urnas santamarianas o losvasos de La Aguada, en los textos de Rex González. De otra manera, no haydiferencia de sentido entre la explicación de Ambrosetti con sus
serpientesflamígeras
representativas de las deidades del rayo y las anfisbenas de RexGonzález. Sin embargo, entre uno y otro hay casi diez décadas de arqueología.Hace cien años o ahora, la dificultad para interpretar una posible geometría (la de lasformas diferentes) con una geometría (la nuestra) que,
a priori,
no se puede asumircomo necesariamente la misma, estriba en que el análisis que intentamos tropieza
 
con el hecho de que la consecutiva descripción de las formas culturales diferentes,implica, obligadamente, alguna manera de comprensión contextual y por lo tanto, serequiere aplicar o proponer como referente algún modelo de interpretación. Es lo queocurre cuando, al tratar de ordenar las formas puestas sobre la mesa,inevitablemente las comparamos con formas ya sintetizadas en nuestro sistemareferencial de clasificación de categorías geométricas, es decir, en nuestra
“morfología”; y, por lo tanto, practicamos una
morfología comparada
.Esta consideración se ve más gráfica, si recordamos que la mayor parte de lasformas observables en los restos de las culturas indígenas, son representaciones
“naturales” y más exactamente figuraciones animales. Entonces tenemos que la
morfología empírica que inadvertidamente hacemos, es en realidad una
taxonomía
,pues no sólo identificamos tales formas como modelos naturales, sino que tambiénlas colocamos en un reino, el animal, y dentro de él clasificamos a unas y otras comopertenecientes a unos u otros taxones. Y el procedimiento analítico está dirigido porel criterio de buscar, entre unas y otras figuraciones diversas, una
semejanzaestructural
.Pero, usualmente, ésta correlación o, mejor, ésta reducción de formas a una ciertaordenación, que permite identificarlas o reconocerlas respecto de una estructuranatural, no admite ir más allá de una generalidad que se coloca bajo la etiqueta decosas naturales distinguibles como humanas o, distintas de lo humano o, "nohumanas". Y en esto es claro que la perspectiva es eminentemente antropocentrista:Lo común es distinguir si la representación es
[anthropo][morpha] 
o no, pues "lodemás" habrá que clasificarlo bajo la etiqueta de
[zoo][morpho] 
. Y si las formasanalizadas no encajan de alguna manera en nuestro modelo, entonces abrimos otra
categoría con la etiqueta de “animales fantásticos”, o “animales míticos”. Pero queda
aún otra posibilidad y es la de echar mano de nuestros propios animales fantásticosy de nuestros propios mitos y entonces los llamaremos
anfisbenas 
,
uroboros 
,
sirenas 
 o
dragones 
. En consecuencia, nos aparece otro
paradigma
analítico en laarqueología: la analogía mitológica.
Estructuras “mitológicas”
 
El primero en utilizar el término “draconiano” fue Samuel Lafone Quevedo en 1891
(Serrano 1943:33), para describir un estilo de alfarería decorada con un elemento
básico que reconoció o definió como un “dragón”. En los años siguientes, Quiroga,
Ambrosetti, Bruch y Debenedetti utilizaron el mismo término y el mismo criterio declasificación, sin hacer mayores precisiones en cuanto a definir el estilo; hasta1923 cuando Boman y Greslebin lo precisaron:
“…El estilo draconiano consiste en la representación de un monstruo (“dragón”) de cuerpo
serpentiforme, ornado de manchas ovaladas y provisto de patas con garras, así como deuna o varias cabezas antropo o zoomorfas, más o menos estilizadas, destacándosegeneralmente en las últimas, fuera de los ojos y la lengua, las fuertes mandíbulas con
dientes puntiagudos…” (Boman y Greslebin 1923:12)
 

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