Uno de los principales objetivos de la arqueología es contribuir a entender laorganización y formación de las sociedades antiguas a partir de los restos materialesque éstas han dejado. Es por ello que los arqueólogos tienen un importante rol en lainterpretación de las sociedades arcaicas debido a que sugieren el tipo de relacionessociales que existieron en el pasado. Cómo consecuencia, los investigadores puedenperpetuar o no, perspectivas esencialistas del comportamiento humano que muchasveces pueden ser utilizadas para justificar acciones contemporáneas como ladiscriminación de las mujeres o hacia otros tipos de identidades de género que se
encuentran fuera de los estándares de ‘hombre y mujer’
. Las dos identidades de géneroactualmente aceptadas por nuestra sociedad. De esta manera, algunas décadas atrás,muchas arqueólogas tomaron seriamente esta responsabilidad sobre sus hombros, ycomo consecuencia a un cambio de paradigma en la teória antropológica yarqueológica, empezarón a establecer y fundar la arqueología de género.En sus épocas iniciales, esta arqueología buscó reivindicar el papel de lasmujeres en el pasado, para darles una voz y un rol mas activo a las usualmentemisóginas aproximaciones que dejaban de lado a las mujeres. Estas perspectivasperpetuaban a las mujeres en roles domésticos, pasivos, sin tiempo y capacidad decambio, y en muchos casos las hacía invisibles (Claassen 1992; Conkey y Spector1998). Es así que la arqueología de género buscó refutar a las visiones que percibían alos hombres como originarios de los grandes cambios ocurridos en la humanidad, comola agricultura, la complejización social, la evolución humana, la política, entre otros(Gifford-Gonzales 1995). Así, inicialmente la arqueología de género nació como unareacción a estas perspectivas mencionadas y buscó varios métodos para llegar a sucometido. Por otro lado, como muchos movimientos reaccionarios no fue raro que suscontribuyentes iniciales fueran mujeres arqueólogas que buscaban abrirse camino en elámbito académico y hacer escuchar la validez de su voz dentro de una disciplina queera mayormente dominada por hombres.En consecuencia, la arqueología de género empezó a buscar ejemplos en lahistoria y en las sociedades no occidentalizadas para entender la construcción degénero en sociedades antigüas, y por ende, su diversidad. Por ejemplo, uno de sus
estudios favoritos fue el caso de los famosos ‘
berdache’
(así llamados por los franceses
colonizadores) o ‘
miati’
(por los indígenas) de la cultura Hidatsa situados a lo largo delrío Missisipi, que eran individuos de un tercer género entre las sociedadesnorteamericanas coloniales (s. XV- s. XIX después de Cristo) (Spector 1998). Estosindividuos que eran genéticamente hombres, actuaban socialmente como mujeres (envestido y lenguaje corporal), asumían labores femeninas e incluso se podían casar conotros de su mismo sexo, pero de género distinto. A pesar de que estos individuosrepresentaron, y aún representan, un problema de interpretación, ya que fueron
identificados por los colonos como ‘travestis’, ‘eunucos’ y ‘sodomitas’, para la
arqueología de género significó una puerta abierta para poder asociar y relacionar losmateriales u objetos con la sexualidad y la identidad de género, conceptosesencialmente abstractos y difíciles de ser observados en los restos arqueológicos.En los Andes, la arqueología de género ha dado interesantes resultados. En laactualidad, algunas investigadoras observan en el registro arqueológico el cambiante ycomplejo rol de las mujeres y de los hombres en diferentes tipos de organizacionessociales a través de la historia andina. Por ejemplo, la arqueóloga Christine Hastorf(1991) en sus estudios en el valle del Mantaro observó que las mujeres y los hombresde esta región durante el período conocido como Intermedio Tardío (s. XI
–
XIV
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