51KARIBAY • 2008
En los sesenta, viene el auge del nuevo cinelatinoamericano: el cine de denuncia, el cine deprotesta, el cine urgente con la cámara en mano,llamó la atención sobre los grupos sociales yétnicos mas desposeídos y marginalizadosde nuestras ¿opulentas? sociedades. En estecontexto, el cine de temática indigenista empezóa cobrar un signifcativo valor, ya sea desdesu perspectiva etnográfca o como ensayo dedenuncia. Matilde Suárez escoge esta temática ensu documental
Warao
(1968). Este es un flm pococonocido, sin embargo, es básico para conocerel redescubrimiento de lo indígena a raíz de lasnuevas políticas indigenistas implementadaspara la época, con el despliegue desarrollistade la llamada conquista del sur. El documentalde Matilde Suárez es el primer antecedentede la posterior flmograía de Carlos Azpúrua,Manuel de Pedro, Ivork Cordido y Jacobo Penzo,entre otros cineastas, que abordan también latemática indigenista.La bonanza petrolera de los setentarepresentó un repunte para el cine venezolanoa través de los subsidios y el fnanciamientopara la producción ílmica de los veteranos y losnuevos realizadores. Entre ellos María LourdesCarbonell recibe ondos para tres largometrajes:
Punto débil
(1973),
La imagen
(1974) y
300.000Héroes
(1976), de los cuales poco se conoce hoyen día, así como de la posterior producción deesta cineasta.Sin embargo los setenta vieron nacer a unapléyade de cineastas que comenzaron su sagaen esa época y hoy en día llevan la batuta dela producción ílmica nacional. Es el caso deSolveig Hoogesteijn, cuya obra se inicia en lossetenta y hoy es reerencia obligada, no sólo enla historia del cine venezolano, sino también enla historia del cine de autor. Esta cineasta debutacon el documental
Puerto Colombia
(1975) y ellargometraje
El mar del tiempo
perdido
(1976),basado en el cuento homónimo de GabrielGarcía Márquez y galardonado con el segundopremio coral en el estival de la Habana (1981),para continuar su obra con
Manoa
(1980),también premiada en numerosos estivalesinternacionales. Sin embargo es a través de supelícula
Macu,
la mujer del policía
(1987) que batiórecord de taquilla en su época, compitiendo con
E.T. Rambo o Superman
; es cuando la obra ílmicade esta autora se convierte en una de las másimportantes reerencias académicas para estudiarel cine venezolano, dentro de las universidadesnacionales y extranjeras. Posteriormente Solveigprodujo
Santera
, flm que se rodó en las cercaníasde Choroní y cuenta la historia de un hechocriminal verídico y del culto yoruba, desde laperspectiva de las mujeres que viven en primerapersona estas historias.Otras cineastas que comenzaron sus carrerasen los setenta y han continuado posteriormentesu producción ílmica son: Silvia Manrique, quiéncomienza con
Caraballo
(1975) y prosigue sucarrera como directora de cine con
PanchitoMandefuá
(1985), el primer retrato humanizadode los ahora llamados niños de la calle. MarildaVera, con
la Luna no es pan de horno
(1976),basada en el cuento homónimo de LauraAntillano.
Por los caminos verdes
(1984) yposteriormente
Señora Bolero
(1991). Relejaen su ilmograía una visión intimista de lasluchas trascendentales por la supervivenciaísica y existencial de sus personajes.Fina Torres, comienza su obra en 1978 con
El otro lado del sueño
y la continúa con la aclamada
Oriana
(1987) que revela los conictos y tensionesde una amilia rural tradicional, donde el patriarcainterpretado por Raael Briceño es dueño y señorde vidas y haciendas y Oriana interpretada porDoris Wells, rompe las reglas patriarcales y las
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