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e puede decir que la costa norte es la consagracióneterna de lo verde. Desde las praderías del interior hastael borde mismo de los acantilados, todo pasa por la patina del verde.Su precio es esa fina lluvia que alimenta el suelo, armoniza el paisajey mantiene el equilibrio hidrográfico.Es la montaña que se asoma al mar. El océano Atlántico y el marCantábrico, que han formado espectaculares acantilados en los quese resguardan pequeños puertos, playas de fina arena y ocultas calassobrevoladas por gaviotas. Sus habitantes –celtas, astures, cántabrosy vascos–, protegidos por la naturaleza, resistieron a Roma, a losárabes, y a los pueblos invasores que venían por el mar.En Galicia surgió en Santiago, la más famosa de las peregrinaciones.En Asturias comenzó la Reconquista, la lucha contra los árabes queduraría casi siete siglos. De Cantabria partieron en el siglo IX losforamontanos para repoblar Castilla devastada por las guerras. En elPaís Vasco se conserva la más antigua lengua de Occidente: eleuskera.A las cuatro comunidades de la costa norte siempre fue más fácilllegar por el mar. Las comarcas del interior, montañosas, cubiertas debosques y sin casi caminos, fueron cruzadas por pocos viajeros –lamayor parte de los cuales peregrinaban a Santiago de Compostela– yhan sido lugares escondidos que han conservado por ello no solo supaisaje sino también costumbres y tradiciones. Marinera y agrícola,un recorrido por esta España Verde siempre agradará al más exigentede sus visitantes.
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