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EL NUEVO SISTEMA DE RECURSOS EN EL PROCESO PENAL BONAERENSE. M. Graciela Cortazar y José Luis Ares

EL NUEVO SISTEMA DE RECURSOS EN EL PROCESO PENAL BONAERENSE. M. Graciela Cortazar y José Luis Ares

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EL NUEVO SISTEMA DE RECURSOS EN EL PROCESO PENAL BONAERENSE“Análisis de las modificaciones introducidas por las leyes 13812 y 13818”Por María G. Cortazar* y José Luís Ares
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 1.- Introducción al problema. Los recursos en el proceso penal de la Provincia y suevolución hasta el presente. Los objetivos y las modificaciones generales al sistema.Desde antes de la asunción del nuevo gobierno en la Provincia de Buenos Aires, ladiagnosticada lentitud del sistema de enjuiciamiento penal preanunciaba una reforma ala estructura del Código Procesal.La motivación política en proceder a la reforma del Código fue y es recoger losreclamos populares sobre la necesidad de bajar los niveles de inseguridad frente aldelito. Los gobernantes de la Provincia, en esta oportunidad y como tantas veces,quedaron apresados en sus propios argumentos - vertidos casi siempre cuando no seencontraban en el poder sino en la puja por éste – y que con más voluntarismo queasesoramiento sobre la materia ponen en las manos de reformas al sistema deenjuiciamiento la llave del éxito para bajar los índices del delito.Se dijo por entonces que el tiempo que tardaban en resolverse los recursos de casaciónen ese Tribunal, que concentraba hasta esta reforma todos los recursos contra lassentencias definitivas dictadas en la provincia en el ámbito penal, propendía a que los plazos razonables de detención se agotaran y obligara a la liberación de los procesadosque volvían a la sociedad sin condena
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.Sólo colateralmente la cuestión de la superpoblación carcelaria como consecuencia deesta misma demora en resolver, parecía una razón para buscar la aceleración de los procesos y esto a partir de la aplicación de estándares de derecho internacional que laProvincia se ha visto literalmente obligada a acatar evidenciando una escasa vocaciónhumanista.
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Lo cierto es que se vinculó la tardanza con falta de justicia – lo que es indudable – y seequiparó la demora en la sentencia definitiva con el retardo en la condena y de allí elriesgo de mayor delito e inseguridad lo que es indemostrable y de peligrosaafirmación-. Se puso la mira en el Tribunal de Casación Penal, una vez revisados yajustados los niveles de “productividad” de los Tribunales y Juzgados de instancia quesiguen bajo un riguroso control de gestn, pero sin que sean escuchados susdiagnósticos sobre los motivos de la falta de celeridad esperada y las soluciones alrespecto
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Estos argumentos que se instalan en los reclamos de la sociedad son alentados desde el poder políticoevidenciando descreimiento o desconocimiento del principio de inocencia como piedra basal del sistema procesal constitucional que nos rige.
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Es cabal demostración de lo dicho el fallo Vertbisky de la CSJN del 3/05/05 ( JA 2005 –IV – 612 ) y laaudiencia pública de seguimiento del denominado proceso estratégico que tuvo lugar por pedido delCELS ante la SCJBA el día 1 de noviembre de 2007.
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Profesora de Derecho Procesal Penal de la Universidad Nacional del Sur ** Profesor de Derecho Procesal Penal de la Universidad Nacional del Sur Correspondencia a los autores al Departamento de Derecho UNS Av Colon 50 – 8000 - Bahía Blancacortazar@bvconline.com.ar  aresjl@fibertel.com.ar  
 
El proyecto del gobierno anterior, que produjo fuerte resistencia, eliminaba el Tribunalde Casación y devolvía a las Cámaras de Apelación y Garantías Departamentales la potestad que otrora tuvieran de ser Tribunal de Alzada contra las sentencias definitivas
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.Razones que no se explicaron formalmente – dado que en esta como en anterioresreformas no se contó con una aconsejable consulta a Jueces, miembros del MinisterioPúblico y academias de derecho – el proyecto de eliminación del Tribunal de Casaciónno cobró vida finalmente, en apariencia por fuertes resistencias más fundadas enconveniencias personales o intereses sectoriales que en el valor del proyecto mismo
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.Y a poco de arribar la nueva conducción al poder provincial se enarbola como reformasustancial, y siempre publicitando la finalidad última de aportar soluciones a ladisminución del delito, la que entra ahora en vigencia, como parte de una sestructural que se anunció públicamente el 6 de mayo próximo pasado abriendo el proyecto a la opinión de los operadores del sistema de justicia
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.Por lo pronto, con la reforma que introduce la ley 13812 al Código Procesal Penal, sevuelve sobre el objeto inicial de los desvelos políticos: el sistema de recursos comoaspecto procesal que causa – en apariencia – la indeseable consecuencia de una falta desentencias definitivas (¿condenas?).En grandes líneas el eje de la reforma al sistema recursivo que incorpora la ley que secomenta, es descomprimir la tarea del Tribunal de Casación Penal que, en el proyectotrunco, directamente se eliminaba y disminuir la cantidad de recursos extraordinariosante la Suprema Corte de Justicia en un reconocimiento de que la demora que alarma, seorigina especialmente en esas instancias superiores de la organizacn judicial bonaerense.Los recursos del sistema se mantienen: apelación y casación como ordinarios y losextraordinarios ante la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Airessiguen siendo los de nulidad, inconstitucionalidad e inaplicabilidad de ley, que seencuentran previstos en la Constitución Provincial.Se modifica la competencia del Tribunal de Casación, al limitarse la procedencia de eserecurso a la impugnación de sentencias definitivas criminales, contra las resolucionesque se equiparan a definitivas porque ponen fin a la acción o a la pena, - ya prevista enla regulación original del recurso de casación, que no fuera modificada - y ampliándolacontra las resoluciones denegatorias de habeas corpus y denegatorias de libertadambulatorias.Se amplía la competencia de las Cámaras de Apelación y Garantías en lo Penal, queahora deberán entender en el denominado “recurso de apelación contra la sentenciadefinitiva”, que será en realidad – porque no puede ser de otra forma – un recursoidéntico al que poseen las sentencias definitivas en lo criminal -, con independencia dela poco feliz denominación de la ley que opta por nominar a los recursos conforme elórgano ante quien se resuelven.
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 Ya analizaremos s adelante la aparenteinobservancia de esta cuestión esencial que muestra la reforma al agregar al recurso de
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Alguien dijo alguna vez que si bien es deseable una justicia rápida, no así un enjuiciamiento “ligero”.Las reformas introducidas y las restricciones normativas a los Jueces y Tribunales de Juicio como así laexigüidad de los plazos para dictar veredicto y la necesidad de sortear controles de efectividad más propiode industrias que de tribunales de justicia, provocan el riesgo de que el producto del juicio pueda no ser la derivación reflexiva del debate, cuando se observa jueces, realizando debates sin solución decontinuidad y por ello sin tiempo para que la deliberación opere como tal.
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Así funcionaba el sistema procesal penal en la Provincia de Buenos Aires durante la vigencia del CódigoJofré.
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Ver, como ejemplo la crítica del Instituto de Investigación Social, Económica y Ciudadana (ISEPCI) enwww.isepci.org.ar /reformapenal.htm
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El proyecto está a disposición para su consulta desde el 12 de mayo en la página web del Ministerio deJusticia de la Provincia de Buenos Aires http://www.mjus.gba.gov.ar/html/ministerio.htm.
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apelación (sin modificar en cuanto al trámite) la impugnación de la sentencia definitivacorreccional. Poco importaría la denominación de los recursos - y esto igual vale para elde casación contra las sentencias criminales – si ambos poseyeran las características queimponen los requerimientos constitucionales. Éste, sin embargo, resulta el problemaante la falta de concreta regulación del contenido del recurso para los fines que ahoracumplirá.El legislador parece haber perdido la oportunidad de adecuar su sistema de recursos enmateria de sentencias a las exigencias de los tratados, legislando en definitiva todo lorelativo a las impugnaciones en base a las pautas que ha fijado la Corte Suprema.Contrariamente a ello, cierto apuro evidente en aprovechar estructuras orgánicas einstitutos procesales existentes auguran el riesgo, como ya dijimos, de entender que lassentencias definitivas en materia correccional son revisables por un recurso “menor” omás acotado o de menor amplitud que el de casación que se sabe no puede ser menosque “integral y amplio”, en términos de la CIDH y haciendo aplicación del “máximoesfuerzo de revisión” a que alude la Corte Suprema de la Nación.Un entendimiento literal del texto de la ley, que limite los alcances de los recursoscontra sentencias correccionales, animaría planteos de inconstitucionalidad que debieranevitarse aplicando desde el inicio la única pauta posible en materia de recursos contrasentencias penales que es el de diseñarlos de modo tal que garanticen, en suadmisibilidad y tratamiento la más amplia revisión del proceso.En cuanto a los recursos extraordinarios, si bien se mantienen los tradicionales denulidad, inconstitucionalidad e inaplicabilidad de ley, se limita la procedencia de esteúltimo, que es el mayormente utilizado, y se lo restringe a sentencias en los que sehayan impuesto penas privativas de libertad superiores a diez años. Asimismo se legislael certiorari como medio de decretar de inadmisibilidad de los recursos extraordinariosotorgando la facultad discrecional a la Suprema Corte, al modificarse el art. 31 bis de laLey 5827 que le permite con la sola aplicación de dicha norma decidir en cualquier estado de la tramitación, no continuar su tratamiento o rechazar la queja por denegaciónde recurso extraordinario, citando exclusivamente la norma que lo autoriza y los precedentes en tal sentido del propio Tribunal. La norma citada también regula, en elsegundo rrafo, el denominado certiorari positivo por motivos de gravedadinstitucional y se instaura así para los recursos extraordinarios el control de la propiacompetencia, en cada caso, por el Tribunal Superior de la Provincia.2.- El nuevo recurso de apelación contra la sentencia definitiva.La piedra angular de la reforma al sistema de recursos provincial sin duda está en estanueva capacidad que se le asigna al recurso de apelación como medio de impugnaciónde sentencias definitivas en materia correccional.El funcionamiento de éste y la posibilidad que tenga de resolver los procesos en formadefinitiva en un tiempo razonable y con adecuados niveles de justicia, - aunque estoúltimo no se postula como pretensión del legislador -, será lo que determine el éxito dela reforma. También la nueva dimensión del recurso de casación, acotado ahora en su procedencia, al menos como recurso contra la sentencia, determinará en conjunto si lareforma ha sido eficaz a los fines propuestos. De este remedio procesal nos ocuparemosmás adelante.
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Esto puede alentar un criterio interpretativo que tienda a diferenciar los alcances de uno y otro recurso,que derivaría en una palmaria inconstitucionalidad a la luz de las exigencias de los Tratados, yaexplicitadas por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el fallo “Herrera Ulloa c/ Costa Rica”y receptado por la Corte Suprema de Justicia de la Nación en el fallo “Casal”, del 20 de setiembre de2005.
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