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Conocimiento Científico & Sentido Común

Conocimiento Científico & Sentido Común

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Descripcion de las caracteristicas especificas de cada uno de estos conocimientos.
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06/30/2013

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Conocimiento científico y sentido comúnComencemos por cuestionar la noción de que haya una y sólo una visión filosófica, ocientífica, o de conocimiento común, sobre la ciencia o sobre cualquier otra cosa.Tomemos, por ejemplo el sentido común. Podría pensarse en una visión de la ciencia delhombre común; presumiblemente, tal visión nos describiría a la ciencia como la verdadal alcance del hombre en un momento determinado, definitiva por una parte, en lo yalogrado, limitada por otro, en cuanto no ha logrado descifrar todavía todos los secretosdel universo. Pero ésta no sería más que mi visión de lo que pudiera ser la visión delhombre común sobre la ciencia, de ninguna manera la visión del hombre común sobre laciencia, si es que ésta existe, o si es que del todo existe el "hombre común".En realidad, no creo que el hombre común exista; lo que existe, más bien, es unacomunidad de hombres. Y los hombres, como los científicos, como los filósofos, tienencada uno sus propias ideas y su propia visión sobre las cosas, que pueden no coincidir.Puede haber diversidad de opiniones entre los hombres, resultado tanto de suinteligencia y de la medida en que la hayan podido ejercitar, como de multitud deinfluencias a que han estado sometidos durante su vida. Lo mismo vale para lasdistintas comunidades humanas. Dejemos, pues, abierta la cuestión de si hay una solavisión del mundo que sea propia del filósofo, del hombre de ciencia o del hombrecomún, o si por el contrario, tal conformidad de opinión no es realizable, o tal vez nisiquiera concebible.Vamos a suponer, sin embargo, para comenzar a trabajar, que ese ser mitológico quellamamos "hombre común" tiene una visión del mundo, que podríamos llamar la visióningenua de las cosas. Por ejemplo, según esa visión, existen objetos, que tienen peso,color y sabor; que además tienen precio, más o menos alejado del "precio justo" segúnla moralidad del comerciante y el grado de ineficiencia del gobierno. Que existenpersonas, que son mejores o peores según se ajusten en su comportamiento a los DiezMandamientos o a ciertos mínimos de moralidad de común aceptación. Que laspersonas o las cosas, para moverse de un lugar a otro, necesitan gastar un ciertovolumen de combustible, etcétera. Es obvio que, si esta visión ingenua de la realidadexiste, no es de ninguna manera la visión de la ciencia. Sabemos que la economía, laantropología y la física tienen algo que decirnos sobre los hechos mencionados que esmuy diferente al conjunto de esas opiniones.En lo que sigue, defenderé la tesis de que el contraste más profundo e interesante entrela visión ingenua y la visión científica del mundo no consiste primordialmente en unadiferencia de opiniones, sino en algo bastante distinto y más fundamental: unadiferencia de conceptos básicos, es decir, de lenguaje. El científico y el hombre comúnno hablan ni lejanamente el mismo lenguaje, y ambos no pueden comunicar sino por medio de un complicado proceso que llamamos educación y que implica la adquisición ydominio de nuevos lenguajes, y la habilidad de moverse entre ellos. Pero hay más, voy asostener que la diferencia de lenguajes hace a estos dos tipos de hombre, el hombrecomún y el científico, habitar mundos completamente diferentes, poblados por serestambién totalmente diferentes.Al final, tendré que aceptar que los mundos diferentes son más que simplemente "elmundo de la ciencia" y "el mundo del sentido común". Concluiré que a cada disciplinacientífica o no científica corresponde un mundo distinto. Me veré también obligado aabolir la hipótesis de que exista un "hombre común", y llegaré a la conclusión de quedesde el principio, incluso antes de tener ciencia, los hombres han vivido separados enmundos diferentes, de acuerdo con sus lenguajes, y de que la única posibilidad decomunicación entre los hombres, antes y ahora, estriba en su capacidad de dominar esos lenguajes diversos. A la posibilidad o capacidad de dominar varios lenguajes la voya llamar con una palabra del lenguaje filosófico: polisemia, que –para traducirlo allenguaje del hombre común– sólo significa pluralidad de lenguajes. 
 
Un ejemplo en un juegoComo una primera aproximación, comparemos al hombre común con el principiante del juego de ajedrez, y al científico con el jugador experimentado. El principiante cree quelas piezas del juego son el Rey, la Reina, etcétera... y que cada pieza es un muñequitoque se mueve sobre un tablero, de esta manera sí pero de esta otra no. Esta es la visióndel "hombre común" sobre el juego de ajedrez.El jugador avezado tiene otro concepto muy diferente (poner atención que se trata deuna diferencia conceptual y no simplemente de una diferencia de opinión). El Caballo,por ejemplo, es el conjunto de todas las movidas que son posibles para esa pieza encada contexto de juego. Mover el caballo, entonces, no es pasar un muñeco de unacasilla a otra, sino alterar en una forma integral las movidas posibles de esa misma piezay de todas las otras que están sobre el tablero. Cada pieza es un conjunto articulado deposibilidad de juego.Nótese que este concepto avanzado de lo que es el Caballo tiene una naturalezacambiante, porque hemos incluido en su definición la referencia al contexto, y esecontexto va siendo cada vez más rico conforme el jugador se familiariza más y más conel mundo del ajedrez. El jugador profesional, el avezado entre los avezados, llega a tener el concepto más rico de todos: las piezas en realidad no existen en sí mismas, sino solocomo puntos de mayor densidad en un tablero dinámico que es una configuración totalde movidas posibles. El juego consiste ahora en pasar de una configuración total a otraconfiguración total, no en mover una pieza de un lugar a otro. Diríamos que elprincipiante tiene un concepto atomista del juego (el juego como un conjunto de piezas)y que el campeón tiene un concepto contextualista del juego (el juego como unaestructura). La diferencia entre el principiante y el campeón no es de opiniones, sino deconcepción, es decir, de marco lingüístico, de lenguaje. Un ejemplo de antropologíaVeamos otro ejemplo, éste ya de lleno en la órbita de la ciencia. Para el hombre común,cuando una persona se acerca a otra, los límites de ambas están trazados por losconfines de los respectivos cuerpos. Para el antropólogo, en cambio, cada persona viajacon su propio territorio personal, una especie de burbuja que rodea su cuerpo, que lepertenece tanto como sus manos o sus pies. Una intrusión en ese espacio implica unacto agresivo, y la aceptación de otra persona en el propio espacio, un actoespecialmente amigable. El radio de la burbuja, según entiendo, varía con lasnacionalidades, y va desde unos pocos centímetros para el árabe hasta unos dos metrospara el alemán.La concepción de este espacio, que es resultado de un análisis científico, nos hace ver las relaciones sociales de manera distinta, en realidad nos hace percibir las personas demanera totalmente diferente, en forma parecida a como difieren las visiones de laspiezas del ajedrez de un novicio y un experto en el juego. Para la visión antropológica,un halo invisible es parte de la realidad personal, como existe un halo de jugadasposibles en torno a cada pieza para el experto en el juego de ajedrez.En general, la visión científica del mundo social que nos ofrece la antropología va muchomás allá: cada persona es percibida como resultado de su aprestamiento cultural, demodo que un árabe y un alemán aparecen como seres profundamente divergentes encasi todos los comportamientos que es dable esperar. Y esto no tiene nada que ver conla "raza", no es siquiera una cuestión biológica: tiene que ver con la diversidad decultura, que es el objeto propio de la antropología, la más apasionante (para mí) de lasciencias sociales. Concepción esta que no es, desde luego, la visión del hombre común,que supone que todas las personas reaccionarán como sus familiares o vecinos,prejuicio que la antropología ha dado en llamar, muy adecuadamente, etnocentrismo. 
 
Otros ejemplos de las ciencias socialesEn psicología hay un ejemplo bastante dramático. Para esta ciencia, especialmente en suvariante psicoanalítica, la persona no es sólo lo que ella conoce sobre sí misma, comotiende a considerarlo la concepción ingenua (persona = conciencia), sino especialmenteaquello que la persona no tiene ni siquiera idea de que lleva adentro: el inconsciente.Conocerse a sí mismo es para la ciencia psicológica adentrarse por medios sumamenteindirectos en lo que está más allá del alcance de la percepción ordinaria de nosotrosmismos.Para el psicólogo, el mundo social está poblado de inconscientes, más que deconciencias, y lo que el psicólogo ve como importante en la realidad social son actosfallidos, olvidos, actitudes corporales, imágenes oníricas, todo lo cual traza un cuadroontológico inalcanzable para el hombre común. Aquí otra vez, el contraste es entreconcepciones básicas, entre lo que cada uno ve como existente, y no simplemente entreopiniones divergentes. La realidad de la concepción ingenua y la realidad de la cienciapsicológica son dos realidades completamente diferentes.Las otras ciencias sociales no se quedan atrás. Para la economía, el precio de unartículo no es lo que éste lleva escrito en la colilla. El concepto de precio es una nociónanalítica, que depende del entrecruce de dos curvas, llamadas de oferta y de demanda.El concepto mismo de curva, como virtualidad de actos posibles de una misma clase, esen sí mismo una categoría analítica sumamente abstracta, de difícil comprensión paraquien no se someta a un especial y pesado adiestramiento intelectual.Los negocios para el hombre común son mercados, tiendas, bancos y todo el ajetreoque se vive en esos ambientes. Para el economista son muy otra cosa, una maraña decurvas que se entrecruzan en complicados modelos matemáticos, relacionados unoscon los otros, como las distintas jugadas posibles en un ajedrez. Los lenguajes, otra vez,y las respectivas realidades, son completamente diferentes.Si de ahí nos movemos hacia la sociología, también encontraremos conceptosabstractos que no tienen correspondencia directa con nada perceptible por el hombrecomún. La noción de ideología, por ejemplo, es un concepto sumamente rico enimplicaciones de análisis, y choca directamente con la percepción ingenua de lo que sonlos credos religiosos o políticos para el hombre común.En general, este marco científico interpreta de una manera muy diferente el sentido delos argumentos que usamos para defender lo que creemos que son nuestrasconvicciones. El hombre pobre que acepta su condición porque es "la voluntad de Dios"percibe el mundo de una manera muy distinta que el científico social que ve en esaargumentación la sombra de una ideología plasmada en un contexto de relacionessociales de opresión. La sociología descubre así que muy a menudo defendemos connuestros argumentos estructuras o instituciones que no tenemos intención, ni siquieranoción, de defender. De nuevo, el sociólogo y el hombre común se mueven en mundosdiferentes. Finalmente, un ejemplo sencillo de física Y para no quedarnos en el ámbito de las ciencias sociales, citemos el proverbialcontraste entre la concepción de las ciencias físicas y las nociones del hombre común.Para este último los cuerpos caen con distinta velocidad según sean más pesados o máslivianos. Para el primero, en cambio, todos los cuerpos caen con la misma velocidad. Nose trata de un conflicto de opiniones, sino de uno de concepción, porque "caer" para elfísico tiene un sentido muy preciso, que consiste en ser atraído, en ausencia de otrasfuerzas, por la gravedad de la tierra. Las velocidades de que se trata, entonces, sonvelocidades en el vacío, donde el movimiento no es afectado por la resistencia del aire, ycada molécula es acelerada por la gravitación, independientemente y de acuerdo con

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