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“LA HABANA, LA PATAGONIA Y ELTRIBAR”
 
Autor: PEDRO VILLANUEVA GONZÁLEZ
 Registro de Propiedad Intelectual Nº 166.796.Chile 
EDITORIAL KORU
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CAPITULO 1Era la primavera del año 2005, el día yacía muy caluroso y húmedo, mientras mirabadesde la ventana de mi cuarto el cielo azul intenso. Eran las 10 de la mañana, me levantabade mi cama y tenía en mis manos todavía con olor a pintura de óleo porque pinté hastamuy tarde. Sentí hambre y voy a desayunar lo que había en mi cocina y siento cierto pesar al ver que había solamente un poco de pan duro y azúcar morena. Lo mezclé con agua fríay me comí el pan. Mientras desayunaba pensaba con frustración la escasez de comida quehabía en Cuba para la población en general y largas filas para obtener algo de alimentoracionalizado y distribuido por el estado.Enciendo la televisión y veo al anciano con voz apagada y casi incomprensible, el líder cubano Fidel haciendo un largo discurso político en la mañana que duró como siete horasy el día se hacía denso. Fidel hablaba acerca de su infancia, de su vida y de sus hazañas. No había nada entretenido en la televisión pues hay dos canales solamente funcionando. No existe la televisión satelital y de cable ni Internet público en Cuba. Apago la televisióny comienzo a pintar con óleo sobre lienzo preparado y siento el sonar del teléfono, eranmis padres llamando desde la pequeña ciudad de Trinidad que está a unas seis horas de laHabana por carretera, no era nada de otro mundo, una conversación de rutina para saber como yo estaba.Mis padres se fueron a vivir a la ciudad de Trinidad porque les gustaban vivir en el pasado, en el tiempo detenido y no ha habido ningún avance que altere la ciudad Trinidades puramente de estilo colonial en cuanto a su arquitectura, combinación de enrejados, balaustres torneados de madera, complejos trabajos de rejería, empedradas calles, plazoletas y silencio claustral sin faltar los burros. La ciudad fue fundada por elconquistador y primer gobernador de la isla, Diego Velásquez en el año 1514. Es unaciudad tranquila, aislada, llenos de leyenda y donde se puede compartir con los vecinoscomo familia. Mi madre tuvo la suerte de que mi abuelo le heredara la casa en Trinidad.Mis padres optaron por vivir allá, mientras yo me quedé en la ciudad, pues ellos no2/129
 
resistían vivir antes el caos, decadencia y el polvo contaminante que hay en la capital, ver  basuras en las calles, edificios en condiciones de derrumbes, perros sarnosos muriendo dehambre, escasez de transporte urbano y tampoco podían emigrar hacía otro país porque eratarde, creyeron en el socialismo de bienestar que vendría y que nunca vino. Ellos seconformaron con aislarse en el tiempo y vivir en la pequeña Trinidad.Yo vivía justamente en la Habana Vieja en la calle Obrapía, era una casa de estilo colonialcon condiciones algo pésimas por falta de mantenimiento como ocurren en muchas casascubanas. En mi casa tenía mi taller de pintura y mi biblioteca personal de libros de arte,literatura y teatro. Vivía solo y a mis anchas. No deseaba tener compromiso ninguno pues para mí la libertad personal era lo más importante para poder crear e investigar mistrabajos artísticos y siempre con el sueño de vivir y sentir el otoño, los bosques llenos de pinos, abetos, hayas, lagos, el frío suave y el cielo gris de Europa del norte. Mi sueño a pesar de los obstáculos para vivir en el viejo continente no disminuía, sino que crecía confuerza. Yo quería a Cuba como país, pero también tenía una visión cosmopolita delmundo. Disfrutar las variedades culturales del mundo, asimilarlas y vivirlas era tambiénun placer y una búsqueda como artista. Uno debe ser completamente libre como ser humano, pues la Tierra es una sola patria. Las guerras, las banderas y el caudillismo paramí no tenían mucho sentido, además de que estaba en contra de toda violencia y por esoadmiraba a Gandhi, quien luchó por la independencia de su país a través de la vía pacifica.Aunque muchas veces la soledad también tiene su precio. Me invadía una nostalgia alrecordar cuando estudiaba en la Academia de Bellas Artes a ELLA, quién yo tanto amécon una fuerza de arrobamiento platónico que se convertía en un amor místico que meidentifiqué mucho con la obra de Honoré de Balzac “Seraphita”. La bella joven tenía una belleza a la perfección, de piel muy blanca y trenzas doradas, rostro redondo y rasgos biendefinidos, era de una raza no terrenal, su inteligencia era notable y le gustaba mucho lafilosofía que ella lo plasmaba en sus trabajos artísticos, se podía decir que una joven bella, profunda, inteligente y con sensibilidad hacia el arte que no es común en Cuba, ni en elmundo. En realidad fue un regalo de los ángeles en el momento que la conocí pude tocar el cielo por primera vez en mi vida. Una belleza tan celestial que no despertó en mi menteningún interés sexual muy común en los adolescentes. Yo tenía 16 años y ella tenía 18años en aquel momento, ahora tengo 26 años. Preferí este amor místico, en que lo sagrado3/129
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