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JIM LOVE: TRES RELATOS DELA GUERRA DE LAS MALVINAS
U
 NA
 
FOTO
 
FAMOSA
,
FECHADA
 
EL
2
DE
 
ABRIL
 
DE
1982 en Port Stanley, muestra a un soldado de lasFuerzas Especiales argentinas conduciendo a varios Royal Marines manos en alto. Laguarnición inglesa en la capital de las Islas ascendía a 80 infantes; las fuerzas de ocupación secontaban por cientos. Así como su victoria en la desigual batalla de El Álamo no auguraba nada bueno para el ejército mexicano en 1836, lo único que esa imagen podía anunciar era la derrotaargentina en la Guerra de las Malvinas/Falkland (2 de abril–13 de junio de 1982).En mayo, a semanas de que estallara el
conflicto
(esa es su categoría según la ONU), y trasuna provocación argentina en las islas Georgia, las fotografías de una tripulación británicaconfraternizando con un oficial argentino capturado llevaron a los periódicos de Europa lainconfundible
angel face
del capitán de MarinaAlfredo Astiz. Muchos años después, en los 90,veteranos argentinos acusarían a losgurkas de toda clase de sevicias. En su momento, un oficial de Saint Cyr, veterano de Argelia, juzgó inevitable la derrota argentina pues, a su ver, unejército de tortura y saqueo carecía de integridad para representar un antagonista serio. Otroveterano francés, Pierre Clostermann, el as aéreo de la Resistencia, saludó el valor de los pilotosde caza argentinos que libraron una guerra imposible contra un enemigo circunstancialmentegigantesco.Guerra –cabe recordar– proviene del verbo germánico
Warren
: “crear confusión.”Por supuesto que la Guerra de las Malvinas/Falkland fue lo que Borges dijo: la disputa de doscalvos por un peine; cierto, y a la vez no deja de sorprenderme cuan perentorio y
opinionated 
suena el venerable señor frente al invierno antártico, las bengalas, los obuses. Eso que el arterecoge y no puede ser desdeñado.
 
El conflicto originó un par de libros ingleses:
Two Sides of Hell 
(Bloomsbury, 1994), de VinceBrambley;
 A Soldier’s
 
Song 
(Orion Books, 1999), de Ken Lukowiak. Brambley entrevistó a suscompañeros de armas y después cruzó el Atlántico para conversar con los soldados argentinos.Lukowiak se decantó por el testimonio en primera persona, animado por esa entente de sencillezy experiencia que originó a un James Herrioty las decenas, cientos de memorialistas ingleses que no han hecho nada más, ni nada menos, que registrar sus días en prosa simple y directa. Asabiendas o no, Lukowiak pertenece a una tradición local centenaria emparentada con la deSamuel Peppys; y, junto con Love, le confiere una amargura inconcebible antes de The Clash.Sí: ambos son memorialistas
 punk 
. Love, al grado de ni siquiera estar publicado en papel. Suscuentos pueden encontrarse tan solo en un sitio web: Britain’s Small Wars. Cuando cobraba
the Schelling of the Queen
en servicio activo, Jim Love era un juerguistaescéptico del rango. Tommy a ras de suelo, sus relatos no aspiran al estatuto de la épica, nisiquiera al de la ficción. Empero, llamarlos “testimonios” es no ver la mano que conduce lanarración, el ojo que la organiza, el oído y el tacto que le confieren su lóbrega vitalidad. Se tratade textos densamente poblados de sensaciones, olores, temperaturas; el fuego de artillería y laincertidumbre, la risa y el hedor de las aulagas incendiadas. Del mismo modo en que una carnetártara se resiste a la cocina y al mismo tiempo es alta cocina, los textos de Love se resisten a laliteratura y, a la vez, la cortejan con insistencia. La de Love es una sensibilidad compleja, paradójica: es un soldado, es un
common
, es un lector de Keats; transita de lo atroz a lo fraterno,de lo conmovido a lo despótico con soltura escalofriante.A veces, Love parece escarbar, labrar un lapso nimo de tiempo hasta sus últimasimplicaciones, como quien pinta en un grano de arroz, como quien talla el hueso de una fruta.Sus relatos me recuerdan, en la tosca tenacidad de su factura, la artesanía de los presidiosmexicanos. Sus historias se abren paso hasta el lector a fuerza de acumular –voluntariosa,machaconamente– acontecimientos e impresiones, como asentando una declaración bajo protesta de decir verdad, como participando de un acto judico. Tal parece que unareconstrucción rigurosa de los hechos preserva una indispensable verdad interior.En los relatos que vienen a continuación, leo literatura en su sentido más esencial y primitivo:vida –feroz, sanguinolenta– aferrada a toda costa por escrito.P
ABLO
M
OLINET
 
2
 
GATITO, VEN, GATITO
L
LEVÁBAMOS
 
DOS
 
DÍAS
 
EN
 
UNA
 
CASA
 
DE
P
ORT
S
TANLEY
. Willie era el único de la partidaque salía. Los demás decidimos permanecer en la relativa seguridad de las cuatro paredes. No sabíamos qué hacía Willie en sus pequeños viajes. Era asunto suyo,quizá se había vuelto algo claustrofóbico. Después de todo, habíamos pasadomucho tiempo al aire libre. Como fue dicho en la inmortal película
 Ice Cold on Alex
, nunca le preguntas a dónde va a un hombre con una pala a medianoche.Además, se suponía que todo había terminado, el más grande “y punto” desdela segunda Guerra Mundial. Honestamente, quedaban muchas minas allá afuera.Lo habíamos hecho bastante bien hasta ahora. Todos estaban enteros; por lomenos sus cuerpos. Quién sabe qué ocurría en la cabeza de cada quién.La casa pertenecía a una pareja de viejos. No creo que les fascinara tenernosviviendo allí. Pero éramos los héroes conquistadores después de todo, así que no podían mandarnos a la chingada exactamente. Que era, estoy seguro, lo quequerían hacer. La vieja dijo que le preocupaba que su gato tuviera que comer, pobrecito, esa era la única razón por la que habían vuelto. Eso, y que nos lashabíamos arreglado para volar un par de casas y dejarlas todas agujereadasdurante los ataques finales. Querían ver si la suya estaba en pie.Bueno, tratamos de alimentar al gato un par de veces. Abrimos un par de latasde carne
 Argy
,
*
grandes trozos de carne en
 gravy
. La probamos primero, por supuesto, pero estaba demasiado condimentada para nuestros estómagos y lehubiera dado chorrillo a cualquiera. Secretamente deseamos que le diera chorrilloal gato también, pero no se la comió. De hecho, cuando la abuela vio lo quetratábamos de darle a su gato, dijo que andaban bastante escasos de comida. Asíque la cargamos a ella y al viejo con todas las latas sin abrir que teníamos.Felices con toda esa comida gratis, se olvidaron del gato.
*
Argentina/Argentino. Despectivo. T.
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