—Suzanne, muéstrele a este joven lo que es el cine.En tres o cuatro minutos, con instinto infalible, Tati acababa de darme mi primeragran lección: para instalarse en el mundo del cine, del modo que sea—aunque sólose trate de escribir un libro a partir de una película—hay que saber primero cómo sehace, hay que ponerse en contacto con la técnica. De nada sirve pretender ignorar,con el desdén típico de algunos hombres de letras, todas esas máquinas y esequehacer artesanal.Muy al contrario, hay que acercarse mucho, tocarlo, vivir con ello.Ese día, Suzanne Baron me llevó a una sala de montaje, situada en el mismoinmueble. Me hizo entrar en aquella pequeña y sombría habitación y me instaló anteuna misteriosa máquina que respondía al nombre de Moritone. Cogió la primera bobina de Las vacaciones del señor Hulot y la puso en la máquina. Luego, en alguna parte, se encendió una bombilla. Las imágenes empezaron a aparecer en la pequeña pantalla y Suzanne me mostró cómo podía hacer avanzar y retroceder el filme, cómo podía congelar la imagen, acelerar el movimiento, ralentizarlo, volver al punto de partida, todo ello mediante una pequeña palanca metálica. Una palanca mágica queme permitió jugar por primera vez con el tiempo.Cuando toda la parte mecánica estuvo en marcha, Suzanne puso a mi lado unejemplar del guión del filme y me dijo algo que nunca olvidaré y que constituyó misegunda gran lección de aquel día, aunque no me diera cuenta de ello hasta muchomás tarde.Puso la mano sobre el guión, luego sobre la bobina de la película, y me dijo: —El problema consiste en pasar de esto a esto.El problema. Es muy fácil de decir. Se trata de una frase que, si no se le prestamucha atención, podría pasar por una observación más bien vulgar, incluso banal.Pero, en realidad, incluye en sí misma el gran secreto de la transformación. Indicaclaramente lo esencial, es decir, que el rodaje de un filme es una operaciónverdaderamente alquímica, que consiste en transformar papel en película, pasar «deesto a esto». Una transmutación en la que es la propia materia la que se transforma.Es bien sabido que, al final de un rodaje, el guión suele tirarse a la basura. Esrechazado, abandonado, destruido, ya no existe, porque se ha convertido en otra cosa.
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