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Núm. 109
2.'
.— AÑO
IX.—1."
de Diciembre de 1884.Pág. 185.
REVISTA
DE TELÉGRAFOS.
PRECIOS
DE
SUSCRICIÓN.
En
España
y
Portugal
75
céntimos
de
peseta
al mes.En el
extranjero
y
Ultramar
una
peseta.PUNTOS
DE
STJSCIUCIÓN.
En
Madrid,
en la
Dirección
En
provincias,
en las
Estaciom
DOS GREGORIO CRUZADA VILLAAHIL
Este número de la
REVISTA
llegará con algúnretraso á manos de nuestros suscritores. Y llega-
í
señalado eon orla fúnebre, expresión gráficadel dolor que nos embarga por la repentina pér-dida que hemos experimentado, precisamente elmismo dia en que íbamos á dar ala estampa estecuaderno mensual de la Electricidad y la Tele-grafía .¿Cómo pensar que la muerte hubiese de sernuestra implacable colaboradora, cuando había-mos visto pocas horas antes del luctuoso sucesoal malogrado Director g-eneral lleno de vida, ejer-citando sus extraordinarias facultades eon activi-dad completa, discurriendo planes y propósitosen beneficio de los importantes ramos que á suinteligente dirección estaban encomendados, ygozando previamente, con la sensibilidad propiadel que, como él, atesoraba, ante todo, una deli-cada naturaleza de artista, el público beneplácitoque habían de proporcionarle sus constantes des-velos y sus inquietos afanes por lograr que losservicios de Correos y Telégrafos alcanzasen elnivel civilizador con que se manifiestan en losp&íses más adelantados?¡No era posible sospechar que tan robustaexistencia fuese destruida en brevísimo espacio,sin que al acto funesto precediera síntoma algunode aniquilamiento, y fulminando sobre ella la te-nebrosa muerte uno de esos golpes rápidos y te-rribles que nos llenan de honda consternación ymisteriosa pavura al contemplar yerto y cadáverhoyal queayerveíamos en el pleno £«cn (lela vida!El día antes, nuestro llorado Director liabiaasistido a la recepción de Palacio, acompañadode varios Jefes de Correos y Telégrafos Des-pués,durante la noche, se había "oxtasiado conlas audiciones musicales por medio del teléfono,organizadas por vía de ensayo, á fin de que
>S.
II.el ltey pudiese oír la ópera desde las habitacionesde Palacio. El excelente resultado de esa instala-ción telefónica había satisfecho á D. GregorioCruzada Tillaamíl completamente. El Sr. Golina-
yo,
encargado de dirigir el servicio telefónico,había escuchado de labios del Director generalfrases halagüeñas Más tarde departía sosega-damente con su íntimo amigo el Sr. Romero Ro-bledo, el Sr. Marqués de Bogaraya y otros con-tertulios del Sr. Ministro de la Gobernación en eldespacho reservado de éste. Luego, á las tres y
(
media, llegaba á su casa, y, después de haber ce-nado alguna cosa, se acostaba en busca del repo- Iso necesario á su naturaleza activa y emprende- idora. .„
I
El reposo fue eterno! La muerte sorprendió-le al poco rato. Eran las seis de la madrugada, yla servidumbre del Sr. Cruzada Vilíaamil moviasellena de espanto, no podiendo acabar de conven-
(
cerse de que el cadáver, aun caliente, en cuyapresencia se hallaban, era la misma persona, yainanimada, de quien habían recibido pocas horasantes órdenes cariñosas.Un derrame seroso quitó al Sr. Cruzada Vi-llaamil instantáneamente la vida, esparciendo el¡uto y la pena, primero en la casa mortuoria ypoco después en las moradas de los numerososamigos del difunto, hacia los cuales, por su afa-ble trato y por sus peculiares condiciones de in-teligencia y de carácter, se habla granjeado uncariño inalterable.Los periódicos de Madrid lo han patentizadoclaramente. L¡is gotas de tinta se han esparcidobobre el papel Í'I manera, de sentimentales lágri-
mas.
Sobre la tumba del Sr. Cruzada Vilíaamil sele ha tributado ho;nenajo de reverente justicia.Su entierro fuá una manifestación expresiva
y
solemne. El fincho portal de la casa niím. 26de la calle dpi Barquillo, donde vivía nuestro Di-rector infortunado, no podir dar paso á la mnlti-tud de personas que, con la tristeza en el ros-tro—visible imagen de laque en el corazón lie-
 
186REVISTAvaban—acudían á dar la última muestra de afec-to al que en el ataúd se hallaba tendido.El periódico
Lo, Época
describe la fúnebre ce-remonia en los términos siguientes:
«En la calle del Barquillo no podían entrar siquieralos carruajes.Los balcones de la calle se veían líenos de gente.En el despacho, adornado de objetos artísticos, queconstituían la afición del finado, recordaban sus másíntimos amigos la última conversación que con él ha-bían tenido; hablaban de sus proyectos de publicar ellibro sobre
Velázquz,
cujas pruebas se han quedadosin corregir, ó evocaban, al contemplar las armas an-tiguas que se cruzan en roja panoplia, aquellos tiem-pos de la
Sala de Rada,
en que Cruzada esgrimía ga-llardamente la espada española como im Martín Gil,Í' reunía por !a noche en su casa
EÍ
aquella pléyade fieos Eguílaz, Fernández Jiménez, Larra, Palacio, Car-los Rubio, Llano y Persi, Yáüfjuez, Picón, FlorentinoSanz, Castro y Serrano y Alarcón, de los que quedanja tan pocos.Se puso en marcha á las dos
y
media el carro fúne-bre, tirado por seis caballos. Sobre el ataúd veíanse lasbandas de Isabel la Católica.? la rusa de San Estanislao.Las cintas las llevaban, el Subsecretario de Gober-nación, Sr. Bosch; el Director de Establecimientos pe-nales, Sr. Cadórniga; el Sr. Romero Leal, Administra-dor del Correo central; el Sr. Mora, Inspector de Telé-grafos más antiguo; el Sr. Corbaián, Director de Ad-ministración,
y
el señor Conde de Vía-Manuel, Dipu-tado por Alicante.A ambos lados del carro, los porteros de Goberna-ción, del Congreso y de Correos y Telégrafos, con ha-chones.Y detrás, á pie, presidiendo el duelo, y afligido porel dolor, el que fue, más que jefe Puyo, cariñoso ami-
go,
el Sr. Romero Robledo, rodeado por más de milpersonas.Imposible tarea sería la de recordar los nombres detodas las personas que formaban el cortejo. En él seTcía al magnate junto al pobre cartero franco de ser-vicio; á los compañeros de Diputación de Cruzada mez-clados con los artistas; á los hombres políticos con losamigos particulares.Recuerda ¡a memoria los nombres de los señoresMinistro de listado, Campoainor, Cánovas (D. Emilio,)
}
Arrazola; Generales Primo de Rivera, Reina y Morenodel Villar; Alvarez Marino, Vicuña, Hercc (D. Aquili-no),Muro, Castro y Serrano, Parrella, Garrido Estra-da, Jiménez, Rodríguez Batista, Gonzalves, Villaver*de,Rui« (D. Jacinto y D. Gustavo), Rodríguez Rey,Lengo, Villa Rubia, Berdugo, Martín Luna, Villaamil,Ortiz, Puebla, Quiroga, Danvila, Vida, Holand, DíazCobeña, Piernas, Moraita, Pérez Hernández, Canale-jas, Lorite, López Guijarro,. Moriano, Alareón, Ante-quera, Sedaño,
Al
varea Capra y Méiida.Marqueses de Goicoerrotea, de Guadalest, de Ron-cali, de Üliva, de Álava, de Casa-Fuerte, de Estella
y
de Viana; los Condes de las Almenas, de Casa-Miran-da, de la Romera, de Esteban, de Hercdia Spínola yReparaz; Vizcondes de Campo Gmnde, de Torres deXaizón, de Reparan, y tantos y tantos s que no re-cordamos.
Lo,
Epoct
estuvo repreguntada por su direc-tor y todos los redactores.Cerraban el desíile más de doscientos carruajes.Elséquito se dividió en las afueras, y unos á pie yotros en coche, llegaron á !a Sacramental de San Isi-dro, donde el cadáver de Cruzada debía recibir Cris-tiana sepultura.Las preces
de
los sacerdotes, mezcladas coa lasoraciones de los piadosos amigos, que parecían no que-rer separarse de ese lugar de eterno reposo, formaban«n himno de dolor que iba extinguiéndose en aquellaatmósfera de tristeza, como eí humo del incienso eclas aires.Después depositóse la caja en na hueco, cayó sobreella una paletada de tierra, última bendición que laIglesia envía para recordarnos nuestro origen, y elcortejo despidióse, mirando cómo allá, en el lejano ho-rizonte, ardía el sol con esplendores vivísimos, ale-grando la naturaleza, y cómo llegaba hasta el cemen-terio, turbando la calma solemne que allí reina, eí rui-do de la algazara y el movimiento de este Madrid quedesborda la vida hasta los linderos de la muerte.»
Confesemos que semejante manifestación decariño y simpatía no era solamente dedicada alSr. Cruzada Villaamil corno Director general, ála sazón, de Correos y Telégrafos.Como á tal le acompañábamos nosotros, los
que,
perteneciendo á las dos corporaciones men-cionadas, habíamos tenido ocasión de apreciar di-rectamente cuánto anhelaba la prosperidad y eldesarrollo de ambos servicios aquel espíritu in-cansable y febril^ encarnado en una de esas figu-ras muy parecidas á las obras inmortales creadaspor los grandes maestros del arte pictórico queel con tan profundo conocimiento admiraba.
Sí,
nosotros llorábamos, ante todo, al Directorquerido, tan_ cruelmente arrebatado á nuestrasafecciones. íbamos en pos de su frío cadáver re-cordando con agradecida y fervorosa alabanza alque desde el año 1874 hasta el 1881 nos había te-nido bajo su ilustrada dirección,promoviendo me-joras telegráficas, abriendo Estaciones, aumen-tando y completando redes, dotándonos de nue-vos aparatos, representándonos dignamente enlas Conferencias de San Petersburgo, y poniendo,en fin, sóiidas columnas al edificio telegráfico quehoy— al cabo de otros once meses de permanen-cia al frente de nosotros— acababa de completardando entrada á la mujer en ese imaginado edifi-cio y coronándolo con la majestuosa cúpula dela Telefonía.Pero una buena parte del numeroso séquitoque acompañaba el carro fúnebre rendía cariño-so tributo de eterna despedida al literato insigne,al reputado crítico de Bellas Artes, al sagaz di-plomático, al sesudo político—que de todo esto seufanaba justamente el Sr. Cruzada Yillaami!,-—yhasta habría algunos que dedicaran su últimopensamiento al más hábil y diestro esgrimidorde espada y daga españolas, entre los mejores ti-radores de armas establecidos en nuestra patria.
Es,
á la verdad, justificado cuanto llevamosdicho. Pocos hombres hemos conocido de vida yde apfcitu les tan complejas. Á los cincuenta ydos años de edad (Cruzada Villaamil nació el año1832 en una casa de la antigua Puerta del Solde Madrid, y que precisamente venía á estarsituada en el mismo punto en que ahora vier-te sus aguas la fuente de dicha plaza), á loscincuenta y dos años, repetimos, pocos hom-bres habrán abarcado como él tan diferentes as-pectos de la vida. Salió de la modesta oscuridadde su cuna con impulso para llegar á grandes al-turas.Sólo una cosa le faltó, como suele sucederá gran parte de escritores y artistas, á saber: fá-cil y suelta palabra para dirigir con predominiosu voz en asambleas políticas. Pero á cambio de
esto,
cuandohablaba en la confiada intimidad y .en el amistoso y familiar coloquio, su convei'sa-ción era deleitable y amenísima; chispeaba suagudeza con vivido centelleo; era entusiasta, fio-
 
DE TELÉGRAFOS.187rido, ocurrente; abría á los contertulios las puer-tas de su corazón, presentando á éste lleno de ex-quisitos sentimientos y de matices delicados so-bre cuestiones artísticas.El arte era su pasión predilecta. Sus trabajos' juveniles y sus luchas constantes lleváronle áocupar altas posiciones; pero aun en medio delos mayores cuidados políticos, nunca olvidó porlos cuadros de la vida real los sublimes cuadrosde nuestros afamados pintores; jamás las armasde los partidos le oscurecieron la memoria de lasbruñidas armaduras de tiempos antig'uos, ni enninguna ocasión, por prestar su atenta solicitudal mejoramiento de los aisladores eléctricos deporcelana, so desapasionó de nuestra mag'iüficacerámica de la Moncloa, ni de las famosas porce-lanas de Sevres.Ahora, precisamente, en estos últimos días,alternaba sus más serios afanes sobre electricidady Telefonía con peculiares trabajo-i artísticos, áios que había dado felizmente el último toque po-cos días antes do su muerte. Hacía pruebas deTelefonía y Telegrafía simultáneas á grandes dis-tancias, seg'Ün eí sistema de Rysseiberg'he; pre-i paraba los exámenes de oposición á las plazas deOficiales vacantes, y se ocupaba en el pensamien-to de instalar el alumbrado eléctrico en la Esta-ción central de esta corte, a fin de hacer más lle-vadero el penoso trabajo de noche, y a la par de-
'
jaba terminada su última obra, que'es muy nota-
ble,
y la cual, bajo eí título de
Anales de la vida
1
y
obras
de Velázpiez,
verá pronto la luz pública.La competencia del Sr. Cruzada Villaamil pa-ra juzgar en su calidad de artistas á los más cé-lebres pintores de nuestra patria, se halla afian-zada por multitud de trabajos notables. Desdeluego, allá por el año 1864, tuvo el cargo de Di-rector del Museo de la Trinidad (entonces Nacio-J-fíal), y formó el catálogo de los valiosos cuadrosque allí se guardaban.Entre sus obras dignas de ser recordadas men-cionaremos:
El Arte en físpaña,
revista que no ha sidoaún igualada y cuya desaparición ha dejado unvacío en las esferas artísticas;
Ruben$
T
como
diplomático español,
Y
Los lapices de Goya,
con la cual obra prestóun gran servicio á la memoria y á los trabajos delinsigne artista que nos envidian los demás países.Volviendo ahora á la parte polítieo-ailminh-trativa del Sr. Cruaada Villaamil, hemos de re-cordar que fue en algún tiempo ag'i*eg*a.do diplo-mático en Berlín; que durante el reinado de donAmadeo de Saboya, y siendo Ministro de Fomen-to el Excmo. Sr. D, Francisco Romero Robledo,ocupó el puesto de Director general de Estadísti-ca, y que, merced á todos estos servicios presta-dos á la patria, y por su intervención en la Con-ferencia telegráfica de Rusia, en la Conferenciapostal de París y en otros asuntos relacionadoscon Jos vecinos
1
territorios de África, fuéronleconcedidas en diferentes tiempos las grandes cru-ces de Isabel la Católica, de San lístaníslao de Ru-sia y de Nichan-Iftijar de Túnez, amén de ha-ber sido nombrado Comendador de la Legión deHonor francesa.Jamás el Cuerpo de Telégrafos se había vistoen la triste necesidad de acompañar á un Direc-tor general hasta el fúnebre recinto del cemente-
rio.
1). Gregorio Cruzada Villaamil ha sido elprimero que lia muerto en el ejercicio de sus fim-ciones. Ha sido arrebatado á nuestro cariño conla instantaneidad de la descarga eléctrica... Si lasabia omnipotencia quiso que estuviera en rela-ción la rapidez del fallecimiento con la velocísi-ma marcha deí agente eléctrico á cuya direc-ción se hallaba- nuestro querido Jeíe atentamenteconsagrado.no hay masque acatar llenos de penalos incontrastables designios, y procurar, con lamemoria puesta en el egregio Director que he-mos perdido para siempre, seguir por eí majes-tuoso camino que el nos había trazado, y tener,como él tenía, acrisolada fe en los destinos deíCuerpo de Telégrafos, y vivo y constante afánpor las mejoras que va demandando la cultura delos tiempos.Sobre su ataúd veíanse colocadas, en la tardedel solemne entierro, además délas bandas.deIsabel la Católica y de San Estanislao de línsia,tres coronas: una de ollas tributo de su acongo-jada familia, y las otras dos colocadas por Jas res-pectivas corporaciones de Correos y TelegTalbs.Las hojas de aquellas coronas, fúnebre "emble-ma de nuestro dolor ante la tumba del que diri-gió el Cuerpo de Telégrafos durante tantos años,podrán ser destruidas por el tiempo.¿Qué importa? Queda en nuestro corazón unacorona inmarcesible: la corona del inmortal ro-cuerdo.La
RIÍVISTA DR TELÉGSAFOS
se hace intérpreteen esta ocasión délos sentimientos del personalde toda España.¡Descanse en paz D. Gregorio Cruzada Vi-llaamil, querido y malogrado Director generalde Correos y Telégrafos!
LA. RHDACCIÓN.
ULTIMA HORAComo muestra disl sentimiento general (jucha,causado la inopinada muerte de nuestro queridoDirector D. Gregorio Cruzada Villaamil, publica-mos á continuación el sentido telegrama qmí hn re-cibido D. Lucas Tornos del que fue primer repre-sentante de
The Sponlsh
ISfadonal
Submavíne Te-
legrajph
Comptmr/
Limited,
el conde d'Oks/a.
LISBOA
29 Noviembre, G,27 tardo.
Turnos.—Reyes, 20.—Madrid.
Vótre dépéoíic m'a douloureusement aífectó.—J'oublie en ce raomont le haut fonctíonnaire quis'acquittait de sa tache avec íant de tact et de con-naissance des dioses, pour ne me srHivrm'r que dol'homme éminemment bon qui avail dais» 6 im>faire un accueil cordial, Jo sais á quel poinlvous ressentez cette perte, et jo sais cgajoment,qu'elle a été un coup bien sensible pour'Mr. Ro-mero Robledo; aussi, je vous prio, rher monsícur,si vous lc!ju£oz ro!ivíMialjI(\ do [H-úsiínter mes con-doléanecs les- plus em|Hv.ss6(;s á I'honnorablo Mi-nistro de rintóriour. —
Okssa.
of 00

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