Bob Doyle El Secreto del Poder
INTRODUCCIÓN
En mayo de 2005, estaba sentado en una habitación de hotel en Austin (Texas), cuando recibí unallamada de teléfono de una mujer que decía ser Rhonda Byrne, una productora australiana detelevisión. Me contó que estaba trabajando en una película cuya temática era la ley de la atracción.Por aquel entonces, llevaba unos tres años dando clases sobre la ley de la atracción en un programaonline, Wealth Beyond (Riqueza más allá de la Razón), y ya me había forjado la reputación deenseñar estos principios de una forma muy cercana y pragmática. La señorita Byrne me dijo quehabía leído el programa, que estaba impresionada con la forma en que enseñaba la ley de laatracción y que le gustaría que formara parte de la película, cuyo título sería El secreto.Ya había recibido unas cuantas propuestas de gente que se presentaba con ideas ambiciosas para elcine o la televisión. Y lo cierto es que me sentía bastante desengañado porque casi ninguno de esos proyectos llegó a arrancar. Me mostré educado y atendí a todo lo que Rhonda Byrne tenía paracontarme, pero en realidad tenía dudas de que aquello fuera a ver la luz algún día.Hasta que un buen día sugirió que le echara un vistazo al tráiler que había colgado en Internet. Ledije que lo haría encantado.Lo que yo me esperaba era una especie de presentación en diapositivas, como en los otros proyectosque me habían propuesto tantas veces, pero lo que vi fue un tráiler con una calidad propia deHollywood, acabado con una banda sonora potente e impecablemente producido.Aquella mujer se lo tomaba en serio… y yo quise apuntarme.Dos años después, El secreto se había extendido por internet y el DVD y el libro habían llegado atodas partes. Después de aparecer en el programa de Oprah en dos ocasiones, no se hablaba de otracosa más que de este fenómeno mundial, y la ley de la atracción se convirtió en la apuesta máscandente de la industria del desarrollo personal.Y a pesar de que esto fue, en diversas sentidos, muy positivo, muchos se subieron al carro de la leyde la atracción asegurando ser expertos, y crearon productos y programas basados en los principiosmás básicos de la ley de la atracción. Frases como “lo semejante atrae lo semejante” y “aquello enlo que te concentras se expande” se convirtieron en las definiciones más extendidas de la ley de laatracción; y aunque esas afirmaciones son maneras de presentar los fundamentos de la ley de laatracción, sólo describen una parte de ésta, y acabaron llevando a muchas personas a tener experiencias frustrantes en su intento de aplicar lo que se les contaba en El Secreto.A pesar de que El secreto tuvo una acogida llena de entusiasmo en la mayor parte de los círculos deautoayuda, el resto del público no fue tan rápido en asimilar los principios que defendía la película.En parte era el resultado de que ésta tenía una duración de noventa minutos y, lógicamente, no se podían perfilar todos los detalles cruciales derivados de un concepto tan complejo. De modo que,mientras que algunos reaccionan con sonoros “¡aja!” después de ver El secreto, e hicieron cambiosrápidos y decisivos en sus vidas, otros obtuvieron resultados, como mucho, mediocres, y huboquienes directamente descartaron la idea de que podemos “crear nuestras vidas a voluntad”Poco antes de que terminase mi luna de miel, me di cuenta de que estaba escribiendo acerca de lasinterpretaciones erróneas de lo que exponía El secreto en lugar de crear contenidos nuevos para misalumnos. Sin embargo, creo que fue positivo. No es sorprendente que las ideas que se exponen en la película fueran motivo de rechazo para tanta gente.Página 2
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