• Embed Doc
  • Readcast
  • Collections
  • CommentGo Back
Download
 
Lacuestióncriminal
Eugenio Raúl Zaffaroni
Suplemento especial de
P
ágina
I
12
12
 
26.La vertiente marxistade la criminología radical
Como era de esperar, las críticas al poder punitivollamaron la atención de quienes formulaban planteoscríticos más amplios de la sociedad, que comenzaron avincularlos con los resultados de la criminología
liberal.
Por nuestra parte llamamos
criminología radical
a laque proviene de este encuentro con los marcos ideo-lógicos que reclaman cambios sociales y civilizatoriosprofundos o generales, aunque esto no es pacífico,pues se discute qué es y no es
radical
. Sin entrar en esadiscusión, la definimos de ese modo, por puras razonesde orden expositivo.En ese entendimiento, para nosotros la
criminologíaradical
(o
crítica radical
) responde a tantas versionescomo marcos ideológicos la inspiran y, por supuesto,la más extendida crítica social del siglo pasado ha si-do el marxismo, que no podía dejar de impactarla.Desde el campo marxista se publicó en 1939 un tra- bajo anterior a toda la criminología sociológica de losaños sesenta, que fue la obra de Georg Rusche y OttoKirchheimer, titulada
Pena y estructura social.
Por vezprimera se profundizó desde el marxismo el análisis delpoder punitivo, a diferencia de los anteriores ensayos–como el del holandés Willen Bonger– que procedíandel marxismo pero analizando
las causas del delito.
Esta investigación se realizó en el
Instituto de Inves-tigación Social
de Frankfurt, fundado para renovar elmarxismo frente a la versión institucionalizada de laUnión Soviética. Si bien se habla de la
escuela deFrankfurt
, no fue propiamente una
escuela
, porqueconvocó a prestigiosos pensadores bajo la única con-signa de la
crítica social.
Formaron parte de ese equipofiguras tan notorias y dispares como Max Horkhei-mer, Theodor Adorno, Herbert Marcuse y ErichFromm, entre muchos otros.La investigación de la cuestión penal fue encargadaa Georg Rusche, quien permaneció en Europa mien-tras el instituto, perseguido por el nazismo, se trasla-daba a New York. Rusche enviaba sus escritos a NewYork, donde no era suficiente lo investigado y enco-mendaron a Kirchheimer que lo completase, lo queno mereció la total aprobación de Rusche. Por tal ra-zón, la versión final tiene dos partes diferentes.De todas formas, la idea central del libro es que exis-te una relación entre el mercado de trabajo y la pena,o sea, que con la pena se quita a una cantidad de per-sonas del mercado laboral, al tiempo que demanda tra- bajo para el propio sistema y, por eso, reduce la ofertae impide que bajen mucho los salarios; inversamente,aumenta la oferta cuando hay una demanda de manode obra, evitando una suba grande del salario.Esto lo verificarían con la historia: en la edad me-dia la oferta era enorme y el poder punitivo podía ma-tar sin problemas; la fuerza del trabajo habría comen-zado a cuidarse cuando con el capitalismo aumentabala demanda de mano de obra.Por otra parte, sostenían que el mercado determinalas penas conforme a la ley de
menor exigibilidad,
se-gún la cual, para tener efecto disuasivo, las condicio-nes de la vida carcelaria deben ser inferiores a las peo-res de la sociedad libre.Este libro cayó prácticamente en el olvido y –comoa veces sucede– fue revalorado treinta años más tarde,en plena vigencia de la criminología crítica, reeditadoy traducido a varios idiomas.En torno a
Pena y estructura social
se abrió un deba-te en 1979, cuando sus autores habían muerto (Kirch-heimer en 1965 y Rusche en fecha incierta) y su tesisfue confrontada en la obra
Carcere e fabbrica
de DarioMelossi y Massimo Pavarini, que sostuvieron que pe-caba de excesivo
economicismo.
Estos autores de la
escuela de Bologna
no niegan laimportancia del mercado de trabajo, pero no creenque opere en forma tan mecánica, sino a través del
disciplinamiento
en el momento del sur-gimiento del capitalismo y la acumula-ción originaria de capital. La similitudentre la cárcel y la fábrica en esta época(recordemos a Bentham y su panóptico)respondía a un programa de
disciplina-miento
que procuraba la oferta de manode obra capacitada.García Méndez en el epílogo a su tra-ducción castellana de esta obra señalaque la función de disciplinamiento noles pasó del todo por alto a Rusche yKirchheimer y que lo vigente de su tesises el punto de partida según el cual
ca-da sistema de producción tiende al descu-brimiento de castigos que corresponden asus relaciones productivas,
indicando quela categoría de
mercado de trabajo
parecedemasiado estrecha, al tiempo que la de
relaciones de producción
se muestra comomuy amplia.Cabe aclarar que la idea del
disciplina-miento
fue desarrollada al máximo den-tro de la criminología radical pero fuerade las corrientes marxistas, por MichelFoucault en
Vigilar y castigar
(1975), enlo que podría señalarse
un camino hacia elabolicionismo,
sobre lo que volveremos.Para Foucault el poder punitivo no estanto el negativo de la prisionización,como el positivo, en que el modelo pa-nóptico se extiende a toda la sociedaden forma de vigilancia. En esto lleva to-da la razón, porque el mero poder de en-cerrar a un número siempre muy reduci-do –en relación con la población total–de personas de los estratos más subordi-nados de la sociedad no importa el ejer-cicio de un poder políticamente muysignificativo:
lo importante es que con ese pretexto se nos vigila a todos los que esta-mos sueltos.
La
escuela de Bologna
le objetó a Fou-cault que en su planteo la disciplina apa-rece
descolgada
, porque no la relacionacon el cambio operado en el sistemaproductivo, al que los de Bologna atribu-yen las reformas penales del iluminismo.Al margen de esto, en los años seten-ta hubo manifestaciones del marxismocriminológico en Estados Unidos y enGran Bretaña. Sus expositores más no-torios en Estados Unidos son RichardQuinney y William Chambliss.Quinney sostuvo que los delincuentesson
rebeldes inconscientes
contra el capi-talismo y el poder punitivo es el instru-mento de represión al servicio de lasclases hegemónicas. Si el criminal ac-ciona brutalmente contra la víctima, es resultado dela forma en que se lo brutaliza. Con esto inaugura unasuerte de
visión romántica de los delincuentes.
Por cierto, este autor estaba muy cerca de la nuevaizquierda (
 New Left
) de las protestas estudiantiles deBerkeley y se deprimió con su fracaso. Las autoridadesuniversitarias no vieron con buenos ojos su movimien-to y optaron por disolver su grupo. De cualquier mane-ra, fue un fenómeno que llamó la atención en su mo-mento y –dejando de lado exageraciones– sembró bas-tantes dudas acerca de las racionalizaciones corrientes.Chambliss sostuvo una tesis menos lineal, pues si bien considera que el poder punitivo es un instru-mento del capitalismo, éste lo usaría para postergarhasta donde fuese posible el colapso final del sistema,que considera inevitable.En líneas generales –y pese a los matices–, este mar-xismo criminológico norteamericano sostiene una
ra-cionalidad del delito
, como respuesta a las contradiccio-nes del capitalismo. Quien nos asalta en la calle o nosarrebata la cartera, sin saberlo, estaría obrando racio-nalmente frente a las contradicciones del sistema.Como en las ideas de la
 New Left
se hallaba la cre-encia de que los intelectuales podían concientizar alos delincuentes y marginales respecto de la racionali-dad de su función, algo de eso hay en estas construc-ciones. Con eso le enmendaban la plana a Marx,quien –como vimos– despreciaba olímpicamente al
Lumpenproletariat,
en tanto que la
 New Left
creía en supotencial revolucionario. A pesar de su ingenuidad yde que Marx les hubiese dicho de todo menos bonitos,no podemos negar la generosidad de su pensamiento,
II
JUEVES 11 DE AGOSTO DE 2011JUEVES 11 DE AGOSTO DE 2011
III
teniendo en cuenta el contexto en que se expresó.La criminología marxista británica tuvo mucho máséxito y se expandió desde la publicación en 1973 de
La nueva criminología
de Ian Taylor, Paul Walton y Jock Young. Esta obra alcanzó singular éxito porque laprimera parte es una cuidada síntesis de la criminolo-gía teórica desde el iluminismo, rescatando a partir deDurkheim los elementos críticos de cada corriente,con conocimiento y aguda penetración sociológica.Luego analizan a Marx y Engels y señalan que –co-mo vimos– Marx se ocupó sólo tangencialmente de lacuestión criminal, por lo que concluyen que la teoríacriminológica marxista debe construirse a partir de losprincipios y no de las incidentales manifestaciones delpropio Marx.
Si el marxismo nos ofrece algo útil para apreciar las for-mas en que se genera y mantiene el conflic-to social
–escriben–
y en que éste coadyu-va a determinar el tipo y la cantidad de ac-tividad delictiva y desviada en general, esmás probable que lo encontremos en la teo-ría general de Marx que en las afirmacionesmás concretas hechas como respuesta acuestionamientos empíricos aislados
.
Una cabal teoría marxista de la desvia-ción
–afirman–
tendría por fin explicar có-mo determinados períodos históricos, carac-terizados por conjuntos especiales de rela-ciones sociales y medios de producción, producen intentos de los económica y políti-camente poderosos por ordenar la sociedadde determinada manera. Pondría el mayorénfasis en la pregunta que Howard Becker formula (pero no examina), a saber,¿quién impone la norma y para qué?
Sostienen que esto no lo logró ningu-na teoría de la desviación y consideranque tendría como consecuencia vincularlas tesis de la
criminología liberal
con las
teorías de la estructura social que están im- plícitas en el marxismo ortodoxo.
Este pensamiento también se apartadel desprecio de Marx por el
Lumpen,
otorgándole carácter dinamizante, loque permite entender que, en general,los criminólogos marxistas del
 primermundo
que escribían en plena sociedadde consumo habían perdido la confianzaen la fuerza dinamizante y revoluciona-ria del proletariado (según ellos adorme-cida por el
welfare State
) y la deposita- ban en la marginación social.La
criminología radical
impulsó en Eu-ropa y en América la creación de gruposde estudios que aglutinaron a los crimi-nólogos de esta tendencia y en algunospaíses a los críticos en general. Hubo unimportante grupo europeo, otro italiano,grupos británicos, un círculo de jóvenescriminólogos alemán, etc. En 1981, poriniciativa de la criminóloga venezolanaLola Aniyar de Castro, se emitió en Mé-xico el
Manifiesto del Grupo Latinoameri-cano de Criminología Crítica,
suscriptopor ésta (profesora de la Universidad delZulia), Julio Mayaudon (de la de Cara- bobo), Roberto Bergalli (exiliado y pro-fesor en Barcelona) y Emiro SandovalHuertas (de Bogotá, asesinado en la ma-sacre de la Corte Suprema el 6 de no-viembre de 1985).
27.Hacia el abolicionismoy el minimalismo
Era natural que la obra de Goffmancausase cierta impresión en la psiquiatría, puesto quese basaba en la experiencia manicomial de las institu-ciones totales. De la crítica al manicomio se pasó rá-pidamente a la de la psiquiatría y de allí a la crítica ra-dical de todo el sistema psiquiátrico, lo que se dio enllamar
antipsiquiatría
.Todo el movimiento antipsiquiátrico fue una críticaradical al control social represivo ejercido al margendel sistema penal formal. El poder punitivo se revistede muchas formas y ya vimos el efecto del acuerdo en-tre médicos y policías que acabó en los campos deconcentración nazistas y otros no tan notorios, perono por eso menos letales.Si nos colocasen ante la disyuntiva de cargar conuna etiqueta negativa, dándonos la opción entre la decriminalizado o de psiquiatrizado, si bien el últimoevoca un sentimiento de pretendida piedad (y el pri-mero oculta el de venganza), lo cierto es que sería pre-ferible el de criminalizado, porque por lo menos no senos podría negar el derecho a defendernos y a denun-ciar los abusos que se cometan con nosotros, dado queal psiquiatrizado hasta esos derechos se le niegan, ar-gumentando simplemente que
el pobre está loco, no sa-be lo que hace, hay que tutelarlo, protegerlo de sí mismo
. No en vano un connotado psiquiatra húngaro radi-cado en los Estados Unidos, Thomas Szasz, escribióun interesantísimo libro comparando el sistema psi-quiátrico con la inquisición y afirmando que la medi-cina reemplazó a la teología, el alienista al inquisidory el paciente a la bruja. Todo lo que el paciente ale-gue en contra de su condición de enfermo no será másque prueba de su enfermedad, al igual que sucedía conel hereje:
 pobre, no tiene consciencia de enfermedad.
En la corriente antipsiquiátrica se enrolaron autoresfamosos en las décadas de los años setenta y ochenta,como el italiano Franco Basaglia, el escocés RonaldLaing, el inglés David Cooper, el mencionado Szasz ymuchos más, que fundaron en 1975 en Bruselas una
Red Internacional de Alternativa a la Psiquiatría.
La idea de varios de estos antipsiquiatras era que laenfermedad mental es una respuesta política, o sea,que el ser humano ante las contradicciones del poderse encamina hacia la locura o hacia la revolución yque, por lo tanto, no debe matarse el potencial sub-versivo de la locura, sino politizarla para convertir al
loco
en un agente de cambio social.La extrema radicalización de estas posiciones –aligual que las referidas al propio sistema penal formal–pueden llevar a la impotencia, puesto que es obvioque
algo hay que hacer
frente a un esquizofrénico quequeda inmóvil como un mueble en el extremo de suautismo psicótico (hoy hay pocos, es cierto) y otrosmuchos padecimientos en los que no se puede menosque reconocer que el paciente sufre. No bastará con explicarle que su sufrimiento es unareacción a las contradicciones del poder, porque el ca-tatónico no se va a enterar. No obstante, dejando de lado el extremismo quepuede llevar a la inmovilidad, lo cierto es que estemovimiento ha contribuido ampliamente a la consi-deración de los derechos de los pacientes psiquiátri-cos, abriendo un campo de debate que en modo algu-no se ha cerrado.Si bien los psicofármacos han eliminado los chale-cos de fuerza y las celdas acolchadas y casi no se usa el
shock
eléctrico (que era lo más parecido a la picana),el actual
chaleco químico
se reparte con increíble gene-rosidad en la población. El efecto de este abuso es quetiende a suprimir toda resistencia y tolerancia al do-lor, cuando sabemos que los hay inevitables y no espara nada saludable su simple supresión psicofarmaco-lógica ni la generalización de la anestesia ante los su-frimientos socialmente condicionados.El resultado práctico más importante de la antipsi-quiatríaha sido la
desmanicomialización
, o sea, la re-ducción de la institucionalización al mínimo, paraevitar el deterioro de la persona.Como nunca faltan los vivos o perversos que todolo desvirtúan, este generoso movimiento de
desmani-comialización
ha pretendido ser usado por políticos in-morales para reducir el gasto en atención psiquiátricay por delincuentes corruptos para intentar hacer unnegociado inmobiliario con los edificios y terrenos delos manicomios. Pero esto no puede imputarse a la an-tipsiquiatría, sino sólo a la necesidad de cuidarnos delas contradicciones del poder, que no son sólo las quelos antipsiquiatras imaginaron.En paralelo a la abolición del manicomio y la antip-siquiatría y con referencia al sistema penal formal sefue abriendo camino un complejo movimiento de
abo-licionismo penal
, que podemos denominar nuevo aboli-
of 00

Leave a Comment

You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...
You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...