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Nº 49 - 25 de Abril de 2003
SUMARIO
 
1
.
 
por Aquilino Duque
 ACTUALIDAD DE JOSÉ ANTONIO
 Por
Aquilino Duque
 Con ocasión del centenario del llamado Desastre, que permitió a la gran nación norteamericana iniciar su brillante trayectoriaimperial, pude publicar un librito que titulé
 Actualidad del 98
, pues entendía y entiendo que los escritores de esa generaciónvolvían a tener actualidad, en la medida en que las críticas que ellos aplicaron a la España de la I Restauración eran enteramenteaplicables a la España de la II. Entre dos centenarios de poetas del 27
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el de Cernuda y el de Alberti
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celebrados con la máximapompa por la España oficial de esa II Restauración, hay otro centenario cuya celebración me temo que quede restringida a lo queunamunescamente cabría denominar la Intraespaña. Y es que, del mismo modo que los escritores del 98 resultaron incómodos aambas Restauraciones, es difícil que no se lo resulte José Antonio Primo de Rivera a los «señoritos satisfechos» de la II. De ahí la actualidad que yo le veo y que puede comprobar cualquiera que
sine ira et studio
se acerque a sus escritos.El 27 de agosto de 1934
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en pleno «bienio negro» pues- escribía José Antonio en el periódico
 Libertad 
, de Valladolid:«
el último período político transcurrido bajo el signo de las derechas, ha sido de una desoladora esterilidad. No ya en losresultados, sino, lo que es peor, en la temperatura y en el tono. España va trampeando su suerte; pero no ha sentido ni lasprimeras sacudidas en su viejo fondo histórico y popular. Todos sus magníficos resortes espirituales siguen en desuso. Ha habidoregateos en el detalle, pero las derechas no han querido, o no han podido, lanzar la gran palabra del entusiasmo».Pues, ¿y las izquierdas? Las unas [
] ya se han desligado por completo de toda emoción española. No hay movimientoseparatista, por ejemplo, que no cuente con su aquiescencia.
la justicia, más mediatizada que nunca por la política [
[ Y en cuanto a las otras izquierdas
 – 
el socialismo-, nadie podráabrigar la mínima esperanza. En el socialismo, fuera de dos o tres ideólogos cada vez menos influyentes, sólo hay dos clases deelementos a cuál menos estimables: un equipo de viejos zorros duchos en picardías políticas y habituados a los mismosburgueses, y una masa rencorosa cada vez más cerrada a toda sensibilidad espiritual, bolchevizada, encendida de rabia por unaPrensa inmunda y a la que se prepara para la revolución por medio de las drogas más adecuadas: el materialismo, el desnudismoy el amor libre.«Tal es el panorama de España: un Gobierno de centro que languidece en su consunción; unas derechas faltas de fe y de empuje;unas izquierdas antinacionales. Y, olvidada, España».Si estas palabras que extracto son,
mutatis mutandis
, aplicables a la España de 2003, quiere decir que España ha retrocedido aunas calendas que no presagiaban nada bueno, pero poco valdría la actualidad de José Antonio si la redujéramos a la partenegativa y crítica de sus observaciones. Éstas en efecto se aplican a una realidad que la Historia ha transformado en gran medida,una Historia que parte de una situación revolucionaria a la que José Antonio quiso oponer una revolución de signo contrario, yno hay revolución, del signo que sea, que no sea el primer acto de una guerra civil. Esa «revolución verdadera» que él proponía,tenía por objeto entre otras cosas devolverle a España «un quehacer histórico interesante y grande», organizarla «de arriba abajode una manera justa» y acabar «con el escepticismo, con el hambre de tantos y con el lujo parasitario de unos pocos». De esosanhelos, sólo el acabar con el hambre se lograría, que no es poco, pero el lujo parasitario iría a más y el escepticismo volvería aencharcar las conciencias.Ese encharcamiento de las conciencias es cabalmente lo que permite ahora ese encogimiento de hombros colectivo ante lasamenazas que representan para la existencia histórica de España los vicios ocultos de la actual Constitución. He dicho en más deuna ocasión que la actual Constitución es el lecho de Procusto en el que España no cabe a menos que se le amputen dos o tresregiones, y la labor principal de las fuerzas políticas es anestesiar a la nación para que se deje amputar sin ofrecer resistencia. Lamejor manera de anestesiar a un pueblo es desacreditando su Historia y la mejor manera de desacreditar una Historia es contarlaal revés.
 
Precisamente una de las empresas de los hombres del 98 fue el de recuperar y rehabilitar una Historia que los hombres de lageneración precedente
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con alguna excepción de calidad- habían dado en la flor de denigrar. También ellos, y me refiero akrausistas e institucionistas, amaban a España pero España no les gustaba, y pensaban que entre la España de sus sueños y la dela realidad se interponía una Historia equivocada que había que rectificar. Aun así, ese afán de rectificación estaba hecho debuena fe, pues a ninguno de ellos se le ocurrió reescribirla. Es más, el propio Galdós, tan próximo a ellos en el tiempo y enmuchas cosas, pondría en solfa la manía de reescribir una Historia a gusto del consumidor. En esto se adelantaba Galdós a sutiempo, en cuanto que su anticipación no se verificaría plenamente hasta finales del siglo XX y comienzos del XXI.Contarle a un pueblo su Historia al revés es infundirle conciencia de haber vivido en un engaño, para que, al lamentar lospresuntos engaños del pasado, no pare mientes en los gruesos engaños del presente. Si hay algo que permita medrar a la clasepolítica en una democracia es el escepticismo de unas masas a las que sólo se les sacude de su letargo para esos ejercicios deodio al prójimo que son las campañas electorales.El odio al prójimo no tiene que ver nada con el hambre, aunque en otros tiempos haya hecho con el hambre una mezclaexplosiva. La mezcla del odio con el hambre pertenece a los tiempos, por ahora fenecidos, de la lucha de clases, tiempos en losque le tocó vivir a José Antonio, quien vio muy claro la fuerza que esa lucha, que ese enfrentamiento, sacaba del hambre demuchos y del lujo parasitario de unos pocos. Hoy no cabe hablar de clases, como no cabe hablar de derechas, pues todo elmundo es de izquierdas mientras no se demuestre que es de centro. El forcejeo entre los grandes partidos parlamentarios consisteen ver quién defiende mejor a los privilegiados de la clase única, a cuyo parasitismo más o menos lujoso no están dispuestos arenunciar.No estamos aquí, sin embargo, para entregarnos a una mezquina comparación de las miserias presentes y pretéritas de nuestrahistoria democrática. Pero vivimos tiempos de leyenda lila, como decía Menéndez Pelayo, una leyenda que falsea por completola realidad en la que José Antonio desarrolló su vida pública. De esa época nos quedan muchas cosas buenas, pues en ellavivieron españoles insignes de los que algunos compatriotas hemos aprendido a pensar, a expresarnos y a comportarnos. Uno deellos fue José Antonio Primo de Rivera, el centenario de cuyo nacimiento tengo la honra de conmemorar, del mismo modo queen su día conmemoré el de Ortega y Gasset, el de Jiménez Fraud y el de la llamada generación del 98. De todas estasconmemoraciones, hay que reconocer que la más difícil es la de José Antonio, primero, por la sacralización de que fue objeto porparte del llamado «régimen anterior», lo cual hace que se le incluya en la leyenda negra de que es víctima ese régimen, ysegundo, por el inevitable encuadramiento de su figura en los fascismos de los años 30.Visitaba no hace mucho el Castillo Estense de Ferrara cuando un guarda me señaló una sala diciéndome: «Esa era la oficina deItalo Balbo. Ya ve. En Nueva York tiene una calle y aquí en Italia, nada, porque dicen que era fascista». Otro empleado delmuseo que pasaba le dijo, seguramente con sorna, porque con los italianos nunca se sabe: «Será un embustero quien lo dice,¿no?». Yo los podía haber sacado de dudas diciendo que también de Mussolini se dice que era fascista, pero opté por nometerme en dibujos ni terciar en disputas de familia. A pocos sin embargo les cuadra mejor que al
ras
de Ferrara, cuadrunviro dela Marcha sobre Roma, ese epíteto que hoy con tanta desenvoltura se prodiga a la hora de descalificar a fulano o a mengano. Yesa connotación negativa está tan arraigada que incluso los que en el fondo se sienten fascistas se resisten a reconocerse comotales. En los años 30 no era así, y por eso tiene su mérito el que José Antonio Primo de Rivera negara esa filiación para laFalange recién fundada en un momento en que Balbo y Mussolini estaban en la cresta de la ola. José Antonio señaló lasdiferencias de su movimiento con el fascista cuando dijo entre otras cosas que la Cámara de las Corporaciones era un buñuelo deviento, pero aun así es innegable que la Falange fue la versión española del fascismo como el nacionalsocialismo era la alemana.Entre estos movimientos había diferencias innegables y puede que insalvables, pues su punto de partida romántico y nacionalistaera la encarnación del
Volksgeist 
respectivo.También es innegable la admiración personal de José Antonio por Mussolini, como lo eran los «accidentes externosintercambiables» que, como él le decía a Indalecio Prieto, «no queremos para nada asumir». Pero es que el fascismo, o losfascismos, tuvieron un programa social y, en lo que a España respecta, fue ese programa el legado falangista mejor aprovechado,no ya por el régimen nacido del Alzamiento, sino por el sistema que lo vino a suceder, ya que las «conquistas sociales» quedefenderían los sindicatos socialistas y comunistas tienen nombre y apellidos: José Antonio Girón de Velasco. Una de lasrazones del ostracismo político del austriaco Haider es el crimen de haber dicho que, en punto a política laboral, Hitler hizomucho más y fue más lejos que todos los gobiernos austriacos de postguerra.No sé si a José Antonio le habría gustado que se invocara al
Volksgeist 
en relación con su Falange, pues bien conocida es suresistencia ante lo telúrico y lo castizo, pero lo que tampoco se puede negar es su escasa afinidad con la variedad germánica desu idea política. Y es que esta variedad se entiende dentro de una tradición y una historia en las que son insoslayables la Reformay el
Kulturkampf 
, y aunque José Antonio propugne la separación de la Iglesia y el Estado, tampoco puede ni quiere echar por laborda una historia vinculada a la Contrarreforma y enfrentada a un laicismo agresivo. Pero hay además otros distingos, y no dejade ser interesante que él los exponga cuando niega que el Estado totalitario sea una solución capaz de salvar «las verdadesabsolutas», los «valores históricos», frente a la amenaza del comunismo ruso. Dice en efecto José Antonio que:«
los Estados totalitarios no existen. Hay naciones que han encontrado dictadores geniales, que han servido para sustituir alEstado; pero esto es inimitable y en España, hoy por hoy, tenemos que esperar a que surja ese genio. Ejemplo de los que se llama
 
Estado totalitario son Alemania e Italia, y notad que no sólo no son similares, sino que son opuestos radicalmente entre sí;arrancan de puntos opuestos. El de Alemania arranca de la capacidad de fe de un pueblo en su instinto racial. El pueblo alemánestá en el paroxismo de sí mismo; Alemania vive una superdemocracia. Roma, en cambio, pasa por la experiencia de poseer ungenio de mente clásica, que quiere configurar un pueblo desde arriba. El movimiento alemán es de tipo romántico; su rumbo, elde siempre; de allí partió la Reforma e incluso la Revolución francesa, pues la declaración de los derechos del hombre es copiacalcada de las Constituciones americanas, hijas del pensamiento protestante alemán».Uno de los libros más germanófilos que he leído últimamente son las Memorias de un separatista catalán refugiado en Francia araíz de nuestra guerra y colaborador, más que colaboracionista, del ocupante alemán. La clave de esas buenas relaciones de losnazis con nuestros separatistas catalanes y vascos era el idéntico enfoque romántico de la idea de nación sobre la idea de la tierray la sangre, de lo telúrico y lo visceral, algo que a José Antonio le repugnaba poderosamente. «
no somos nacionalistas, porqueser nacionalistas es una pura sandez; es implantar los resortes espirituales más hondos sobre un motivo físico, sobre una meracircunstancia física; nosotros no somos nacionalistas porque el nacionalismo es el individualismo de los pueblos
». Ya anteshabía dicho que al pueblo había que unirlo por arriba; «hay que darle
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decía
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una fe colectiva, hay que volver a la supremacía delo espiritual». Por aquellos años ya se hablaba en Francia de la «primauté du spirituel», entre otros Maritain, pero José Antonioentendía que esa fe colectiva sólo sería posible en cuanto el individuo se exaltara a persona; porque si la tierra, la sangre y lalengua son los soportes físicos de la nación, que es «unidad de destino en lo universal», el individuo es el soporte físico,fisiológico, de la persona que es algo más que mero sujeto de derechos humanos: es nada menos que «portador de valoreseternos».En el prólogo que hubo de poner a la primera reedición de postguerra de las
Poesías Completas
de Antonio Machado, decíaDionisio Ridruejo «haber saltado de gozo una vez, con otros falangistas, al descubrir un artículo que era
 – 
hasta en el vocabularioy el estilo
 – 
del todo atribuible a nuestra fuente más pura». No sé si ese artículo de Machado pertenecía a la serie del
 Juan de Mairena
, «Desde el mirador de la guerra», pero lo que es innegable es que el Ausente, como entonces se llamaba aún a JoséAntonio, estaba bien familiarizado con el heterónimo de don Antonio. En la sección «Varietés» del periódico
FE 
del 26 de abrilde 1934, pueden leerse estas apostillas parlamentarias:«El señor Casanueva, que circunstancialmente preside, asoma, diminuto, bajo el inmenso dosel que da cobijo a la mesapresidencial, como asomaría Gulliver presidiendo una sesión del Parlamento en el país de los gigantes».* * *«En una tribuna de ex diputados varios viejos aristócratas cuchichean con el mismo brillo en sus puños, con la misma pulcrituden las calvas y con los mismos ademanes de hombres de mundo con que comentarían por la noche las pantorrillas de lassegundas tiples en la platea de la Antigua Sociedad de Palcos».* * *«En un testero, con purpurina, están escritos los nombres de los diputados de Cádiz que firmaron el proyecto de la primeraConstitución. Los Reyes Católicos, compungidos de tedio en sus hornacinas, parecen decirles:
¡Buena la hicieron ustedes,señores
!
».Si estos entrefiletes podía haberlos firmado Machado, hay otros de éste que en efecto podrían ir firmados por José Antonio. Porejemplo:«Porque no he dudado nunca de la dignidad del hombre, no es fácil que yo os enseñe a denigrar a vuestro prójimo. Tal es elprincipio inconmovible de nuestra moral.
 Nadie es más que nadie
, como se dice por tierras de Castilla. Esto quiere decir, enprimer término, que a nadie le es dado aventajarse a todos sino en circunstancias muy limitadas de lugar y de tiempo, porque atodo hay quien gane, o puede haber quien gane, y en segundo lugar, que por mucho que valga un hombre, nunca tendrá valormás alto que el de ser hombre. Fieles a este principio, hemos andado los españoles por el mundo sin hacer mal papel. Digan loque digan».Y es que estas palabras no son más en el fondo y en la forma que la glosa de aquella afirmación de José Antonio de que «serespañol es una de las pocas cosas serias que se puede ser en el mundo».No descubrimos nada del otro mundo al señalar la proximidad de José Antonio con Antonio Machado. E
s
muy conocida la fotodel estreno de
 La Lola se va a los Puertos
, en la que aparecen los dos hermanos Machado con don Miguel Primo de Rivera y suhijo José Antonio, de etiqueta los cuatro. Ese estreno fue ocasión de un homenaje a los autores de la obra, acto que presidió elDictador y ofreció su hijo, quien exaltó a los dos hermanos homenajeados como «receptores y emisores de la gracia, de la alegríay la tristeza populares», contrastándolos «con el intelectual inhospitalario y frío, encerrado en su torre de marfil, insensible a lasvibraciones del verdadero pueblo. No estaría de más subrayar
 – 
proseguía el novel orador
 – 
que el homenaje es a los poetas, sí;
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