Hace poco más de 9 años, en cumplimiento al Tratado del Canal de Panamáde1977, posible tras la firme exigencia de los mártires de 1964 y otrasdemostraciones populares como el rechazo al Tratado Robles-Johnsonde 1967; elúltimo contingente militar de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos deAmérica se retiróde nuestro territorio, y la totalidad de activos de la antiguaZona del Canal incluyendo la propia vía interoceánica, completóun largo procesode reversión.Por primera vez en nuestra historia republicana, Panamáejerciócomo país, losderechos soberanos sobre la totalidad de su territorio, no sin antesexperimentar, la más brutal de todas las agresiones en diciembre de 1989,perpetrada en la oscuridad de la noche y ante una población desprevenida, conuna cantidad aún indeterminada de muertos en su mayoría civiles, víctimas tantode la violencia del ejército con mayor poderío en la historia de la humanidad,como de la irresponsabilidad de un gobierno dictatorial de militares y civiles, y lacomplicidad del nuevo gobierno instaurado en una base militar extranjera en1989. Ninguno puede excusarse, todos esos muertos pesan sobre sus espaldas.Aportes directos del Canal al presupuesto general del Estado, que este añorondan los 730 millones de dólares, superan con creces desde el año 2000 losbeneficios reportados a nuestro país durante los 85 años de administraciónnorteamericana. Sin embargo, no consiguen impactar definitivamente en lareducción de los preocupantes indicadores sociales: cerca de 40% de personas encondición de pobreza o pobreza extrema -según indicadores cuestionables-enmedio de un crecimiento económico sostenido cercano al 10% anual.Tampoco es explicable como la deuda externa de un país con semejantescantidades de ingresos adicionales, sigue creciendo irracionalmente sin verresultados tangibles en la vida de la gente común, manteniendo aún máshipotecada nuestra soberanía a favor de organismos internacionales de crédito,sin adoptar el gobierno una posición responsable, digna y seria frente a estecírculo vicioso en el que nosotros, ahísítodos, pagamos repetidamente enintereses y pago a capital lo pedido, sin ver la luz al final.Tras un siglo de lucha generacional, la antigua Zona ha sido destinadamayoritariamente al establecimiento de comercios, organismos internacionales,hoteles cinco estrellas y residencias de alto valor, sin priorizar la creación deespacios propicios para el desarrollo humano integral de los excluidos: no hayescuelas públicas, ni nuevos hospitales, los parques nacionales sonconstantemente agredidos, no hay centros culturales, campos deportivos,residencias dignas para el pueblo panameño.La pregunta es: ¿Somos nosotros, el pueblo panameño, soberanos en la antiguaZona del Canal?. Hay una lucha por terminar.
9 de enero: Memoria, Presente y Futuro
Ramón H. Benjamín M.
Estudiante de la facultad de Derecho,Universidad de Panamá; miembro de DD.HH.UP.
Add a Comment