46SOCIALIST REGISTER 2006
política e ideológica desencadenada por el auge del neoliberalismo comoideología ocial del capitalismo globalizado. Hace ya tiempo que la demo-cracia se ha desvinculado por completo de la mismísima idea que su términoevoca, pueblo, o demos, para no mencionar de su languideciente protagonis-mo. La órmula de Lincoln ha sido archivada como una nostalgia peligrosade un estado de cosas irreversiblemente perdido en el pasado. Quien la rem-plazó ue la órmula schumpeteriana, cuyas consecuencias deplorables aún sesienten proundamente en las ciencias sociales del
mainstream
: la democraciacomo un conjunto de reglas y procedimientos desprovisto de cualquier con-tenido especíco relacionado con la justicia distributiva o la equidad, queignora el contenido ético y normativo de la idea de democracia y pasa por alto el hecho de que esta debería ser un componente crucial y esencial decualquier propuesta para la organización de una “buena sociedad”, más queun mero dispositivo administrativo o para la toma de decisiones. Así, paraSchumpeter era posible decidir “democráticamente” si, para tomar su propioejemplo, los cristianos debían ser perseguidos, las brujas enviadas a la hogue-ra o los judíos exterminados. En el hueco ormalismo schumpeteriano, lademocracia se convierte en un simple método y, como cualquier otro, “nopuede ser un n en sí mismo” ni un valor que se sustente por sí
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. La deva-luación de la democracia producida en este enoque es más que evidente:
inextremis
, la transorma en un conjunto de procedimientos independiente denes y valores, convirtiéndose en un modelo meramente decisional, comoaquellos que Peter Drucker propone para el gerenciamiento de las empresascapitalistas exitosas. Sin embargo, no hace alta ser un genio para darse cuen-ta de que la democracia es mucho más que eso.En segundo lugar, el paradigma schumpeteriano también ignora los pro-cesos históricos concretos que llevaron al establecimiento de las “democraciasrealmente existentes”. Al proponer el abandono de lo que Schumpeter deno-minaba la “teoría clásica” de la democracia, el economista austríaco proyectóuna imagen ingenuamente optimista y completamente irreal de las secuen-cias históricas que, en un puñado de naciones, resultaron en la constitución dela democracia
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. La naturaleza épica del proceso de construcción de un ordendemocrático ue descripta en clave trágica por Alexis de Tocqueville comouna “revolución irresistible que siglo tras siglo marcha sobre todo obstáculo, y aún hoy avanza en medio de las ruinas a las que ella misma da lugar”
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. Estaarmación captura, como muchos paisajes de distintos autores en la tradi-ción clásica, los aspectos tumultuosos y traumáticos que –aun en los paísesmás desarrollados, pluralistas y tolerantes– acompañaron la instauración deun orden democrático. La sangre y el ango de la constitución histórica delas democracias políticas son completamente volatizados en el ormalismode la tradición schumpeteriana. Es por esta razón que Guillermo O’Donnell