“Es más fácil juzgar el talentode un hombre por sus preguntas que por susrespuestas”.
Pedro Marcos Gastón Luque de Levis
Si como sostiene Gilles Ferry (1997)
“la formación es un trabajo sobre sí mismo,un trabajo de sí mismo sobre sí mismo”,
entonces este ejercicio de reflexión seráparte nodal de mi propia formación docente.Al mirar atràs, el primer impulso es etiquetar a los maestros que tuvedesde el nivel inicial como “tradicionalistas” “positivistas” “enciclopédicos”, pero meparece que lo justo es decir que fueron hombres y mujeres de su tiempo formadosen un modelo cientificista que se limitaban a reproducir en el salón de clases.Es frecuente escuchar “satanismos” del tradicionalismo conductistapresente en el modelo bajo el cual fuimos educados, lo cierto es que no se debegeneralizar. Tuve maestros que dictaban (literalmente) su clase, combinándolacon exposiciones y exámenes y tenían sin embargo una pasión y un compromisoque contagiaba a cualquiera, así como otros considerados “de vanguardia” que enaras de un constructivismo mal entendido, simplemente nos dejaban hacer lo quequisiéramos en clase, llevando el concepto de “guía” y “facilitador” al extremo. Espor lo anterior que me queda claro que los modelos que me interpelan sonaquellos que se basan en la intelectualidad del docente, pudiendo ser enciclopedistas e incluso tradicionales, pero sin perder la pasión por el trabajo enel aula.En mi caso, fue la transición de Secundaria a Preparatoria el parteaguas que marcó mi formación académica y humana. Obtuve una beca por mejor promedio de generación , para estudiar la preparatoria en el Tecnológico deMonterrey (ITESM) Campus Central de Veracruz y mi realidad dio un giro de 180º.Cuestiones que pudieran parecer triviales, como el uso del uniforme, que en el Tecno era necesario, fueron dislocaciones que interpelaron la idea per se de lo quepara mí significaba “ser alumno”. Fumar en clase estaba permitido, lo cual erasencillamente inaceptable en el colegio del cual yo provenía. Las chicas podían ir en minifalda, maquillarse, fumar e incluso entrar con su novio a clase sin problemaalguno. Los chicos podían dejarse el cabello largo e ir en patines a clase, entreotras cosas, pero lo que verdaderamente me costó trabajo procesar fue el rol delos profesores dentro del grupo.En el Tecnológico de Monterrey, rompí con varios paradigmas. Uno deellos fue el dogma telenovelero aquel de “los ricos son tontos y los pobres soninteligentes” que Monsiváis explica tan bien como modelo de preservación delstatu quo de la clase no-dominante a través de películas como “Nosotros lospobres, ustedes los ricos”: “ellos tienen dinero, pero yo soy feliz y además
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