A casi 15 años del surgimiento de los primeros “ciber” en Olavarría, revisamos su historia, el momento deéxito y la capacidad de algunos para mantenerse en pie ante el crecimiento de la banda ancha. Responsa-bles de estas históricas instituciones, hablaron con El Umbral para ayudarnos a descubrir ese mundo quea primera vista, amenaza con desaparecer.
Muchos y muy variados tipos de usuarios hantransitado los box de los Cyber Café a lo largo detodos estos años. Sin embargo, algunos de estosejemplares han complicado la existencia de losheroicos administradores de Ciberpuestos, quea toda hora y en toda época del año han sabidosoportar las más insólitas demandas, los momen-tos más incómodos y situaciones que requierennervios de acero, siempre con una gran sonrisa,por supuesto.A continuación se detallan algunos de los per-sonajes que todo “ciber” supo tener:-El joven que no puede dejar de insultar mien-tras juega. Ante cada hecho que acontece en sumundo virtual, ya sea desgraciado o positivo,todo habrá de expresarlo con una creativa inju-ria, que probablemente reformule mientras loestán echando.-Aquel que siempre quiere quedarse 5 minu-tos más. Sin importar cuán profundas sean lasojeras que ostente el responsable del “ciber” alas 3.30 de la madrugada, la capacidad para ha-cerse el sordo ante la reiterada frase “¡vamosque cerramos!”, es asombrosa. Sin embargo,esto no le impedirá sentirse profundamenteofendido cuando finalmente el empleado le cie-rre la cuenta.-El niño que se crió en el “ciber”. Con 10 grados
ETNOGRAFÍA DEL CIBER
Aun recuerdo el “ciber” al que concurría casi conasistencia perfecta, en aquellos años en que mi PCparecía funcionar a cuerda y poner Internet en casapodía costarme un cuarto de mi humilde sueldo. Enesos años conocí mucha gente a través de los jue-gos, y aunque interactuábamos con ciudadanos deCorea, de España o de Jujuy, a muchos amigos losconocí ahí, hablando en voz alta mientras matába-mos un orco norteamericano o un elfo de Brasil. Peroun día el “ciber” al que íbamos cerró. A algunos deesos compañeros no los volví a ver y otros estuvieronen casa ayer, tomando mates.Este tipo de locales comerciales nació como unanovedad, pocos años después del surgimiento y laglobalización de Internet. Los tecnófilos y los máscuriosos fueron los primeros en interesarse por elnuevo fenómeno de comunicación que creció de lamano de las salas y los programas de chat, losvideojuegos en red y las novedosas casillas de e-mail.Poco a poco, como todo lo que surge novedosamentepara el hombre, acabó convirtiéndose en una nece-sidad casi ineludible para muchos.Fue ahí donde los “Cyber Café”, que raramente con-taban con servicio de café, resultaron ser el modomás factible para acceder a Internet, ya que el ca-rácter innovador del servicio hacía que los valoresdomiciliarios fueran muy costosos para la mayoría.La gente se lanzó en forma masiva hacia estos loca-les que fueron una puerta al mundo lejano, un uni-verso de información, una opción para conocer per-sonas ocultas tras un “nick”, contactarse con ami-gos o familiares distantes, e incluso llegar a formarvínculos y encontrarse con gente ahí mismo, en el“ciber”, que era además (y en algunos casos siguesiéndolo) un punto de encuentro.Los vanguardistas surgieron a fines de los ’90 y de apoco se fueron sumando nuevas opciones hasta sumomento de auge, entre el 2003 y el 2005, para lue-go ir desapareciendo. Uno a uno, fueron cerrandopor la excesiva competencia y el creciente númerode clientes que migraban a la conexión hogareña.Sin embargo, si bien hoy el “ciber” es una especieen peligro de extinción, se encuentra protegida porun buen número de usuarios que, por una u otrarazón, siguen necesitándolo. Esto es lo que nos cuen-tan los encargados de locales de este rubro que aunsobreviven tanto en la zona céntrica como en losdiferentes barrios de Olavarría.En Belgrano casi Moreno, “37 Sur”, que inauguróen el año 2001 en otra dirección, se ha convertidoya en un clásico que supo atravesar los distintos mo-mentos del rubro. Tito, uno de sus responsables, re-cuerda las primeras épocas, tiempos de programaspara comunicarse hoy casi olvidados por los que losvivieron, y desconocidos por los que conocieronInternet años más tarde: “cuando estábamos en lacalle Moreno, la gente iba al ‘ciber’ a chatear. Eranlos tiempos del IRC, el ICQ y las primeras etapas delMessenger, y había quienes usaban los tres progra-mas de Chat a la vez”. “37 Sur” surgió con sólo 15máquinas pero en su mejor momento, instalado yasobre calle Belgrano, llegó a funcionar con 45computadoras. Tito recuerda que “venían los pibesa jugar y copaban todo, tenían que sacar número yesperar turno. En su momento pasaban hasta 300personas por día. Pero era entre un 5 y un 10% de lagente la que tenía Internet en su casa”.Gerardo, que junto a su mujer Victoria administrael local “La Plaza”, ubicado frente a la plaza “LópezCamelo” en el barrio Pueblo Nuevo, habla tambiénde la época en que el “ciber” fue furor, cuando a las3 de la mañana tenía ganas de cerrar para irse adormir y aun así debía discutir con algún fanáticoque nunca encontraba el momento de terminar conlo que estaba haciendo. Recuerda ese momento yse asombra él mismo al pensar que “en el año 2003llegaron a existir 5 ‘ciber’ en una misma manza-na”. Un número sorprendente si consideramosque actualmente no son muchos más los que po-demos encontrar en toda la ciudad.Mariano administra un local del ramo sobre ave-nida Del Valle, que nació cuando Internet estaballegando a su máxima demanda en los locales públi-cos. Un cenit que duró apenas 2 años, tras el cualsobrevivieron unos pocos. Y uno de los que pudo sal-var el pellejo fue “Del Valle”. “Compramos el localcuando funcionaba un locutorio, pusimos Internet yla respuesta fue inmediata”, cuenta Mariano, mien-tras atiende un comercio de lo más concurrido: “Alpoco tiempo alquilamos el local de al lado para po-ner más máquinas porque nunca eran suficientes enese momento, aunque en esta zona éramos 3 ‘ ciber’en 300 metros”.Hasta que empezaron a caer, uno tras otro. Mu-chos abandonaron la pelea enseguida, otros resis-tieron un poco más, pero finalmente fueron conta-dos los que subsistieron el embate de las grandescorporaciones de la comunicación quepromocionaron las conexiones domiciliarias. SegúnGerardo, la clave para ser un sobreviviente estuvoen la capacidad de adaptación: “los que no bajaron
bajo cero ó 40 de calor, llue-va, truene o granice, siempre seespera su llegada a primera hora,probablemente acompañado por sumadre quien le advertirá al empleado: “te lodejo”. Cuenta con suficientes provisiones paraaguantar 12 horas online sin tener que salir dellugar, lo conocen todos por su nombre y al queadministra las PC ya le dice tío.-El que no tiene plata para poner créditoen su cuenta, pero aun así se quedadeambulando por las espaldas de losgamers, dando indicaciones de cómo jugar.Apenas ve la oportunidad, arrebata elmouse de las manos de algún usuario desorien-tado y mientras explica con gran sabiduría lospasos a seguir, termina haciendo él lo que estabaexplicando y aprovecha a jugar al menos unosminutos.-El melómano adicto a Youtube. Escucha todoslos últimos hits de cumbia y reggaeton al máxi-mo volumen que soportan los parlantes del es-critorio, sin importarle cuán complicado es el tra-bajo que está haciendo la señora de la máquinade al lado. El tema del momento puede llegar asonar hasta 18 veces seguidas sin generarle can-sancio de ningún tipo e, incluso, algunas de esasveces, tal vez lo cante en voz alta.
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