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Resumen - Patrice Bourdelais (1999)

Resumen - Patrice Bourdelais (1999)

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Patrice Bourdelais (1999) EPIDEMIAS Y POBLACIÓN: BALANCE Y PERSPECTIVAS DE LAS INVESTIGACIONES
Philippe Aries subrayaba que en dos siglos se había desarrollado una de las revoluciones más importantes de la historia de la humanidad: el repliegue de la muerte y la limitación voluntaria de los nacimientos. Esta toma de conciencia, las nuevas perspectivas históricas sucintadas por la escuela de los Annales, el entusiasmo por la historia de la población y por la demografía histórica, desembocaron en
Patrice Bourdelais (1999) EPIDEMIAS Y POBLACIÓN: BALANCE Y PERSPECTIVAS DE LAS INVESTIGACIONES
Philippe Aries subrayaba que en dos siglos se había desarrollado una de las revoluciones más importantes de la historia de la humanidad: el repliegue de la muerte y la limitación voluntaria de los nacimientos. Esta toma de conciencia, las nuevas perspectivas históricas sucintadas por la escuela de los Annales, el entusiasmo por la historia de la población y por la demografía histórica, desembocaron en

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Categories:Types, Research, History
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Patrice Bourdelais
(1999)EPIDEMIAS Y POBLACIÓN: BALANCE Y PERSPECTIVAS DE LAS INVESTIGACIONES
Philippe Aries
subrayaba que en dos siglos se había desarrollado una de las revoluciones más importantes de la historia de lahumanidad: el repliegue de la muerte y la limitación voluntaria de los nacimientos. Esta toma de conciencia, las nuevas perspectivashistóricas sucintadas por la escuela de los
 Annales
, el entusiasmo por la historia de la población y por la demografía histórica,desembocaron en una renovación completa de los conocimientos y las problemáticas de las relaciones entre las epidemias y la población en el transcurso de los cinco últimos decenios. Artículo que privilegia tres dimensiones diferentes del tema. En una primeraetapa, los desplazamientos de perspectiva por parte de los historiadores de este campo. La segunda pare se refiere a la investigaciónsobre el gran período de descenso de la mortalidad, que resulta de la desaparición de las epidemias más temidas y la limitación progresiva de los efectos de aquellas que perduran. Finalmente, la última parte se consagra a las direcciones de investigación recientesy a los desarrollos que se proyectan en ese campo.LAS EPIDEMIAS: DE LO COYUNTURAL A LO SISTÉMICOEl desarrollo de los trabajos sobre las relaciones entre las epidemias y la población se llevó a cabo desde el fin de la segunda guerramundial, gracias a aquellos que, inspirados por la escuela de los
 Annales
, se lanzaron a la aventura de una comprensión total de lahistoria que debía unir los aspectos biológicos, económicos, sociales, culturales y políticos. Por un lado se encuentran quienes basan laevidenciación de un modelo de Antiguo Régimen en la constitución de series de alzas de precios, producciones, bautizos, matrimoniosy entierro. Por otro lado, están los partidarios de una historia de la población ciertamente renovada, pero que sigue siendo tradicionalen sus métodos y en sus fuentea, que se interesan también en las grandes epidemias. Los primeros, cuyas figuras emblemáticas podrían ser 
Jean Meuvret
y
Pierre Goubert,
ponen en evidencia uno de los principales fenómenos de las antiguas sociedades, prontodenominado “
la crisis del Antiguo Régimen
”. El número de decesos se eleva súbitamente durante varios meses. Por primera vez, laslargas curvas seculares descubren la repetición de estos “campanarios”, cada 30 años en el caso de las grandes mortandades y cada 15si uno se atiene a las crisis medianas. Las hipótesis que se refieren a los factores explicativos de estas mortalidades dividen muy rápidoy de modo duradero a los historiadores. Estas cuestiones han conducido a varios intentos de realizar un balance de los efectos delhambre, la malnutrición y la desnutrición en las distintas enfermedades y en las epidemias. La atención a las manifestaciones y a lasconsecuencias globales de las epidemias en las sociedades del pasado se traduce en la publicación de un conjunto de investigacionesnuevas, concebidas y llevadas a cabo en el marco del modelo labroussiano y de las directrices de investigación privilegiadas por Fernand Braudel. En primer lugar se encuentra el libro de
Elizabeth Carpentier
que analiza los efectos de la llegada de la peste negray sus consecuencias a mediano plazo en la ciudad Toscana de Orvieto. En el mismo año (1962) se publica uno de sus artículos sobrelos efectos de las hambrunas en las epidemias durante el siglo XVI, en el cual ella trata de integrar la historia de las epidemias a lahistoria económica.
Bartholomé Bennassar
publica en 1969 sus investigaciones sobre las grandes epidemias en el norte de España.Durante el mismo año, un número especial de
 Annales E. S. C.
se consagra al tema “Historia biológica y sociedad”. De él se puedendestacar tres artículos. El de
Jacques Le Goff 
y
Jean-Nöel Biraben
sobre las “pestes de la alta Edad Media”, en el que los autoresintenta volver a trazar los itinerarios epidémicos y sus lógicas.
Emmanuel Le Roy Ladurie
presenta una de las posibles explicacionesal descenso vertiginoso de los embarazos durante las crisis demográficas: la amenorrea de la hambruna. El artículo de
Mirko Grmek 
que, a partir de la noción reciente en aquel entonces de biocenosis, forja la de patocenosis. En la percepción de estos historiadores, lasestructuras económicas, el tiempo largo del clima y los fenómenos biológicos pesan en la historia de los hombres sin duda más que susacciones voluntarias. La apertura hacia lo biológico pasa también por un nuevo diálogo que se entabla con los médicosepidemiológicos. Las contribuciones de Jean-Nöel Biraban y Mirko Grmek ilustran esta preocupación de parte de la redacción de larevista por el proyecto global.El esfuerzo de los historiadores se dirige enseguida al estudio de las lógicas epidémicas. A mediados de los setenta, Biraban, médico ydemógrafo culminó la gran obra sobre la historia de la peste que había emprendido a finales de los años cincuenta. En este libro seanalizan las teorías médicas y las acciones de los médicos, las percepciones y las emociones de la población y las iniciativas de los poderes públicos. Las mortandades excepcionales se encuentran, desde entonces, en el centro de la producción histórica, rodeadas delos enfoques cuantitativos.
François Lebrun
se convierte en el precursor de otro cambio importante: la introducción de las preocupaciones de la antropología histórica, de la actitud de los hombres ante la enfermedad, ante la muerte, frente a su espectáculo ysus postrimerías, tanto ante la liturgia de la muerte como al culto a los muertos.En el transcurso del mismo período, los partidarios de una historia de la población más tradicional se interesan igualmente en lasepidemias.
Louis Chevalier
reúne en 1958 los resultados de investigaciones sobre el cólera en varias grandes ciudades francesas. Sucontribución personal sobre París se sitúa de alguna manera en la tradición de los trabajos de los higienistas del siglo XIX y comienzosdel XX. Aquí él combina el enfoque social y el análisis demográfico. Algunos años más tarde, la importancia de las epidemias en lahistoria de la humanidad se hace evidente a partir de los nuevos conocimientos de inmunología y genética acumulados durante lasegunda guerra mundial.
McNeill
desarrolla la tesis de la extrema importancia “de las enfermedades contagiosas en el campo de laexplicación histórica”. Expone repetidas veces por qué y cómo el hombre es “prisionero de un equilibrio entre el microparasitismo delos organismos patógenos y el macroparasitismo de los grandes depredadores, en el número de los cuales se deben contar suscongéneres”. Así, quedan explicadas las diferencias de vulnerabilidad o de inmunidad a las infecciones entre los seres humanos y seconsidera que éstas dan cuenta de las grandes evoluciones históricas.
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LA DISMINUCIÓN DE LA MORTALIDAD: ¿TRANSICIÓN EPIDEMIOLÓGICA O SANITARIA?La noción de
transición epidemiológica
se propuso por analogía con la noción de
transición demográfica
, que designa el paso de unrégimen demográfico antiguo, caracterizado por el alto nivel de fecundidad y natalidad, a un régimen “moderno” en el que estos dosniveles son bajos. De inspiración maltusiana pone el acento sobre los grandes cambios ocurridos en las causas de los decesos en eltranscurso de la disminución del nivel de la mortalidad. El descenso de la mortalidad se atribuye a una reducción de la frecuencia y laamplitud de las crisis de mortalidad, y a la menor presencia y a la letalidad más débil de las enfermedades infecciosas. Los resultadosde las investigaciones de los años ochenta se revelan en contradicción con la linealidad de tal esquema. Al observar su atenuación enlos diferentes países de Europa, no es posible descubrir una relación clara entre la disminución de la mortalidad general y la de suvariabilidad. Dicho de otra manera, al contrario de lo que ocurre con el esquema de la transición epidemiológica, se pueden alcanzar  progresos muy importantes sin que desaparezcan la frecuencia y la gravedad de las crisis. La noción de transición epidemiológica hasido criticada igualmente porque parece dar prioridad a los fenómenos inmunoparasitarios, en detrimento de las acciones voluntaristasde los hombres, el desarrollo de la sanidad y las políticas de salud pública. Los trabajos de
McKeown
han sacado a la luz laimportancia del mejoramiento del régimen alimenticio como causa de la disminución de la tuberculosis, negando a las políticas desalud pública cualquier papel eminente. Concluye que el papel de la medicina en la disminución de numerosas epidemias se revelacomo algo muy reciente y no sabría si constituye un factor explicativo del descenso que se desarrolla desde el siglo XIX hasta la etapaentre las dos guerras mundiales, cuando aparecen las sulfamidas. McKeown se interesa muy particularmente en las enfermedadesrespiratorias, cuya disminución no puede explicarse sino por el mejoramiento de la resistencia de las personas atacadas. Tras haber alejado varias hipótesis explicativas de esta mejor resistencia, él conserva, por descarte, la que de hecho privilegia: la mejoracuantitativa y cualitativa del régimen alimenticio de las poblaciones desde comienzos del siglo XVIII. Sin embargo, los historiadoreshan criticado firmemente los métodos utilizados por McKeown, así como sus conclusiones. La primera crítica se refiere al diagnósticoinicial: el descenso de la mortalidad no constituiría el primer factor explicativo del crecimiento de la población inglesa de 1541 a1871. Además, McKeown enfrentó numerosos problemas de método, particularmente el de las clasificaciones de las causas de deceso.Si agrupamos todas las fiebres infecciosas, su disminución, resultado de las modificaciones del medio ambiente y de loscomportamientos, se vuelve tan importante como las de las enfermedades respiratorias. Además, el espaciamiento de las muertes por tuberculosis se acompaña de una mayor frecuencia de decesos debidos a las “enfermedades de los pulmones”, permitiendo suponer unsimple cambio de categoría. Se hace evidente que la transformación esencial de la distribución de las causas de deceso en el transcursodel siglo XIX se refiere en principio a las enfermedades que se transmiten por el agua y por la alimentación, y no por el aire.El siglo XIX se caracteriza a la vez por un nuevo progreso en la unificación microbiana del mundo, cuya principal manifestación laconstituyen las epidemias de cólera, y por una disminución general de la gravedad de las epidemias, por el paso de las enfermedadescontagiosas a una forma más endémica que en el transcurso de los siglos precedentes, por existir en una Europa que se industrializamasivamente y que favorece la aglomeración de los seres humanos en las grandes ciudades. La atenuación de las epidemias que semanifiesta en el siglo XIX comenzó en el transcurso del siglo precedente. A pesar de las epidemias emergentes como el cólera, latuberculosis y la sífilis, el número de victimas disminuye.En Francia las hipótesis de McKeown se han discutido poco, por falta de datos confiables sobre las causas del deceso. Los estudios de población sobre el siglo XIX han seguido otros caminos. Pero si las investigaciones demográficas son limitadas y decepcionantes, losenfoques de la psicología histórica frente a la inoculación y a la vacuna son apasionantes. En el campo de las epidemias, el trabajo quemás directamente aborda temas de población y de epidemiología histórica se ha referido al cólera.TRABAJOS EN CURSO Y DIRECCIONES DE INVESTIGACIÓNA finales de los años setenta, en los países desarrollados las epidemias parecen pertenecer a un pasado caduco. En un panorama tansereno, podemos comprender fácilmente el choque cultural que constituyó, tanto en Europa como en Estados Unidos, la irrupción dela amenaza del SIDA y de algunos gérmenes que se habían vuelto resistentes al arsenal terapéutico. En estas circunstancias hay trestrabajos que se deben desarrollar: la actualización de los estudios sobre los sistemas epidemiológicos, el examen de la construcción delconocimiento epidemiológico y su utilización por parte del historiador y, finalmente, el lugar de las intervenciones políticas ocolectivas en la lucha contra la muerte.Los historiadores de la población razonan todavía hoy, por lo menos de manera implícita, a partir del nivel de los conocimientosdesarrollado por McKeown y por McNeill. Basta con releer estas obras para darse cuenta de hasta que punto los conocimientos bacteriológicos, inmunológicos, epidemiológicos y genéticos sobre los que se fundan han sido considerablemente enriquecidos, y aveces contradichos, desde hace un cuarto de siglo. Queda por realizar un verdadero esfuerzo de síntesis que integre todos losdescubrimientos médicos recientes. Con el fin de comprender el presente angustioso, hay que buscar la lógica de los sistemas patógenos en el largo plazo, a la luz de los conocimientos más recientes. A partir de los señalamientos y los trabajos de
AlfredPerrenoud
, conviene analizar mejor las causas de la disminución de la mortalidad que surge a finales del siglo XVIII tras un siglo ymedio de recrudecimiento de la mortalidad. Pero las dificultades del análisis de las enfermedades del pasado son numerosas, puestoque, cuando existen las fuentes, los cambios sucesivos de nosología las vuelven casi inutilizables. El historiador demógrafo puedefavorecer aquí el diagnóstico retrospectivo y la reconstrucción de una equivalencia entre las nosologías del pasado y la nuestra,utilizando sus técnicas de análisis de los decesos.El segundo trabajo se refiere al estudio de la constitución del saber epidemiológico, ya que los modos de pensar del pasado, las reglasde administración de la prueba en vigor en cada época no dejan de influir en los trabajos de los historiadores. La cuestión de losefectos del aprovisionamiento del agua potable de las poblaciones sobre al salud es ejemplar a este respecto. Durante decenios, se hatendido a responsabilizar de la fuerte mortalidad de los habitantes de las ciudades a la mala calidad del agua potable que consumían.
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