28.¿De la criminología críticase pasó al desbande?
Hay algunos criminólogos reaccionarios que sostie-nen que la crítica criminológica fracasó y que sólo fueun momento de euforia o una moda superada. Por su-puesto que para eso toman en cuenta las versionesmás radicales e ingenuas, a veces fáciles de ridiculizar.En reemplazo proponen una
criminología administra-tiva
que, en términos claros, pretende que la palabrade la academia se limite a discutir
una técnica eficazde contención de los pobres.
No deben engañarnos al respecto los libros bien en-cuadernados y los cursitos de fin de semana, propiosde una criminología sin historia ni pasado y que, ade-más, pretende mostrarse
independiente de la política
.Lo cierto es que entre los criminólogos más seriosel talante crítico no desapareció, sino que, por elcontrario, se ha profundizado, ha ganado en realismoy se archivaron las ingenuidades. ¿Qué es lo que hallamado al realismo? ¿De dónde proviene el impulsoa superar la crítica con más crítica?Es muy sencillo: lo que ha cambiado es el cuadrode poder planetario. Los criminólogos críticos de lossetenta en los países centrales se las veían con un po-der punitivo propio de los
estados de bienestar
y sus
so-ciedades de consumo
, con la sociología sistémica deParsons y la economía de Keynes.Para los latinoamericanos eso nos resultaba un tan-to extraño, porque nuestros estados providentes inci-pientes y nunca completados, creados por los popu-lismos que ampliaron nuestras bases de ciudadaníareal, habían sido desbaratados brutalmente o estabanen vías de serlo.La crítica criminológica central no correspondía anuestros sistemas penales, pues en nuestro margen semontaba un poder punitivo que sólo buscaba conte-ner a los excluidos. Se nos imponían
estados gendar-mes
con dictaduras o con políticos corruptos
posmo-dernos
. No tenía sentido poner en crisis aquí la ideade
resocialización
, porque nuestras cárceles tendían aser –o eran ya– campos de concentración, nuestraspolicías eran fuerzas de ocupación territorial con fre-cuencia reemplazadas por militares, el número depresos
a disposición del poder ejecutivo
competía con elde presos por orden judicial y, además, el 70 u 80 porciento de los últimos estaban presos
por las dudas
,porque eran procesados y no condenados.Desde los setenta las cosas cambiaron: el
estado gendarme
avanzó sobre los países centrales. Friedmany Hayek fueron los nuevos
gurúes
del festival demercado; Reagan, Thatcher y Bush señalaron el ca-mino hacia el estado que tiene por única funciónmantener a raya a los pobres, Roosevelt era pocomenos que un comunista despreciable, Keynes eraun marxista irresponsable, toda gestión e interven-ción estatal era ineficiente y corrupta; el mercadoera lo único racional en el mundo; el estado debíadejar la máxima libertad para permitir eliminar a losmás débiles.Herbert Spencer estaría feliz con ese mundo y afir-maría que no es más que la confirmación de sus teo-rías; podría pedirle a Satanás una revisión extraordi-naria de su juicio. Hay
razas inferiores
que somos loshabitantes de los países periféricos y los inmigrantesy excluidos de los países centrales. Las
razas superio-res
, que son los incluidos de los países centrales y susprocónsules designados en los periféricos, deben de-fenderse de los
inferiores
. El estado debe limitarse amantener la supremacía de las
razas superiores
y noprivar a los
inferiores
de su
derecho a la lucha
que loshaga fuertes y que permita que de vez en cuando al-guno salte el cerco, participando de
Gran Hermano
ohaciéndole un espacio en algún negociado
.
El brutal salto del sistema penal de los EstadosUnidos, la exclusión definitiva del criminalizado y sufamilia, la pena desproporcionada por la menor in-fracción conforme a la
tolerancia cero
del demagogomunicipal de New York (que les cobró una cifra in-creíble a los ingenuos empresarios mexicanos paradarles una conferencia absurda), no es más que unterrorismo de estado contra los pobres, un modeloneo-stalinista en marcha.El
estado gendarme
es eso, su pensamiento descar-nado dice
los negros en su lugar, nosotros mandamos yal negro que molesta le cortamos la cabeza.
(A esto sedebería agregar:
Los indios del sur deben producir coca-ína y matarse para no mandarnos más de lo necesario para mantener alto el precio; nosotros nos ocupamos deque sólo nos llegue la que podemos distribuir a precio al-to y quedarnos con la mayor ganancia y el beneficio delreciclaje
).Tienen ustedes razón si acaso les llama la atenciónla claridad de estas expresiones, dado que hoy no semanifiestan de esa manera, pues no tienen la sinceri-dad del viejo Spencer, de Garofalo, de los positivistasracistas. Sinceramente extraño a los viejos racistas,porque por lo menos eran sinceros, auténticos oligar-cas, hablaban claro, sin tapujos, no se disfrazaban dedemocráticos ni de generosos, eran abiertamente eli-tistas y lo confesaban. ¿En qué mundo vivimos, quenos permite encontrar por lo menos algún motivopara añorar a los viejos racistas?Hoy las cosas son más complicadas y es más fácilconfundirse. Ahora, cuando el
estado gendarme
llegócomo
boomerang
al propio centro, tanto en el centrocomo en la periferia hay clases medias desclasadas,desconcertadas, anómicas (en el sentido originariode Durkheim), amenazadas por los de arriba –que lesreclaman fidelidad– y por los de abajo, a quienesconsideran sus únicos y mortales enemigos. Son pas-to fácil para internalizar la publicidad mediática deun
ellos enemigo
compuesto de pobres, inmigrantes yadolescentes de barrios precarios.Pero no es sólo la clase media empobrecida por lademolición del estado de bienestar. Insistimos en quelo más artero de este spencerianismo actual es hacerque se maten entre los pobres, que la victimizacióncunda entre los propios excluidos, a lo que se agregaque entre ellos también se selecciona a la policía.La técnica de control de los excluidos responde a laidea
que se maten entre los negros, así no molestan.
Estaes la lógica no confesada del racismo de nuestros días.Y es eficaz, porque eso permite que incluso entre lospropios excluidos tenga éxito la publicidad televisivaque los erige en un
ellos enemigos de la sociedad.
Volveremos sobre todo esto con mayor detalle, pe-ro no puedo dejar de señalarlo ahora, porque de locontrario parece que la criminología crítica ha des-aparecido, cuando en realidad ha sucedido todo locontrario: se ha vuelto más realista y profunda esta-llando en varios sentidos.Los criminólogos se hallan ahora frente a una rea-lidad del poder punitivo por completo diferente a losaños setenta. No podrían seguir criticando a un po-der punitivo que ya no se ejerce en la misma forma.La brutal regresión de los derechos humanos por obradel avance del
estado gendarme
–no ya en el margen,sino en el centro mismo del poder planetario– los co-loca en la necesidad de ser más realistas.Los criminólogos centrales ya no tienen tiempopara sentarse en la acera de un café elegante de Pa-rís a discutir la posible revolución que los haga des-pertar en una sociedad igualitaria; hoy tambiénellos tienen las urgencias que tuvimos nosotrossiempre, los amenazan los mismos peligros y su po-der punitivo corre el riesgo de irse asemejando cadadía más al nuestro, aunque aún en algunos paísescentrales estén lejos.Como cabía esperar, los criminólogos centrales sedesconcertaron, porque todo pasa muy rápido, nohay ni siquiera cambio generacional marcado, mu-chas veces son los mismos que ayer sostenían posi-ciones radicales los que hoy deben variar de criterio.El brutal giro represivo de los
estados gendarme
insta-lados o en vías de instalación fue para ellos un fuertepuñetazo de realismo que, como todo puñetazo, a al-gunos los dejó
knock-out,
pero en otros provocó unaconsiderable descarga de adrenalina crítica.A nosotros nos viene bien, pero no por alegrarnosde la desgracia ajena, por cierto. Si bien no tenemosen América Latina el mismo desarrollo teórico de lacriminología central, siempre lidiamos con el poderpunitivo descarnado con que ahora ellos se enfrentan
II
JUEVES 18 DE AGOSTO DE 2011JUEVES 18 DE AGOSTO DE 2011
III
y, por ende, los elementos críticos que nos llegan nosresultan mucho más adecuados a los fenómenos de po-der que debemos controlar que los que nos proveíancon la crítica al poder punitivo del
estado de bienestar
.En décadas pasadas, cuando exponíamos nuestra re-alidad en el centro, no dejaba de haber un cierto dejode
bueno, son países en vías de desarrollo
. Hoy tenemosproblemas comunes y, además, la famosa
globalización
nos facilita la comunicación.Recordemos que cuando las brutalidades colonialis-tas pasaban en Africa o en Sudamérica, en el centrolas atribuían a la inferioridad de estas sociedades, pe-ro cuando el mismo poder neocolonialista se enroscóy pasaron a Europa, ese discurso no pudo seguir vi-gente y la comunidad internacional tuvo la necesidadde declarar solemnemente una obviedad:
todo ser hu-mano es persona
. No es lo mismo lo actual, claro, perocorre el riesgo de serlo.La necesidad de profundizar la realidad del poderpunitivo hizo que las miradas se dirigieran en dife-rentes direcciones y se encontraran con otras que yahabían reparado en esos fenómenos del poder. Poreso, cuando echamos una mirada sobre la crítica cri-minológica de nuestros días, muy lejos de creer queno existe, lo que vemos es que se
desbandó
en dife-rentes sentidos.Si bien esto desconcierta al principio, es muy salu-dable, porque el poder punitivo es un fenómeno muycomplejo, que no puede encararse con simplificacio-nes que satisfacen al académico porque
quedan redon-ditas y cierran
, pero que no muerden bien la realidaddel poder.Tampoco se trata de una disolución, sino de abrirla cabeza incorporando otras visiones críticas. Por úl-timo, este desbande de la miradas críticas no es uncaos, como al principio parece, sino que bien miradoes perfectamente lógico frente a la necesidad de en-carar la agresión violenta de un poder punitivo de-senfrenado y brutal.Cuando ante esta necesidad los criminólogos sepreguntaron qué se estaba dejando de lado y por quéno habían advertido el peligro antes, sus miradas seorientaron en cuatro direcciones básicas y que en elfondo no son excluyentes.(a) Por un lado, al tratar de explicar el poder puni-tivo y centrar la atención en su ejercicio, se subesti-mó el
daño real
que provoca el delito. El delito tienevíctimas y el reparto de la victimización es tan selec-tivo como el de la criminalización. No en vano lasclases subalternas son víctimas de la publicidad me-diática vindicativa, pues son los más victimizadas.Por este camino del
daño real
la crítica se fija en la
victimología
y en Gran Bretaña algunos de los propioscríticos marxistas de otrora proponen un
realismo deizquierda.
(b) Por otro lado, es claro que la criminología me-diática vindicativa, al construir el
ellos enemigo
mos-trando como único peligro el del delito común, pro-voca lo que se llama
pánico moral
(concepto que se de- be a Stanley Cohen y a Jock Young), miedo al delitoy a nada más, y, por ende, está ocultando otros peli-gros y daños en acción, mucho más graves y en curso.Se inventa una
sociedad de riesgo
en la que el únicoriesgo es la agresión del adolescente del barrio preca-rio, como si no hubiese otros daños sociales en curso.Es algo así como la campaña para no usar desodoran-te en aerosol porque con eso vamos a evitar el aguje-ro de ozono, mientras se queman irresponsablemente billones de toneladas de petróleo.Esto llevó las miradas hacia
más allá de la criminolo- gía
, es decir, a tratar de hacer un saber del daño so-cial; es el
paradigma del daño social
propuesto por algu-nos criminólogos ingleses (el
social harm approach
),pero también a los aportes que venía haciendo la
crí-tica social feminista
y, por último, lo que iba poniendode relieve algo que la criminología había dejado delado de modo poco menos que inexplicable: el
genoci-dio
. El fenómeno de las masacres fue estudiado almargen de la criminología y no pueden menos queimpactarla.(c) Como es obvio, el renacimiento violento delspencerianismo y su
estado gendarme
no podía dejarde ser objeto de análisis y crítica en forma directa porlos criminólogos centrales que asistían a este nuevoparto letal. En consecuencia, surgió toda una corrien-te que se ocupa de analizar y criticar la manifestaciónrepresiva de este
estado gendarme
y que la bautizó co-mo
neopunitivismo
.(d) Por último, todo el panorama mundial contem-poráneo configura un paisaje de enorme agresividadque provoca interrogantes que están más allá de lasociología y de la ciencia política y cuyas respuestasllevan a bucear en
otras palabras
de la academia, co-mo son las de las disciplinas
psi
, de la antropología yde la etnología.Como podemos ver, el
desbande
no es anárquico, si-no que responde a actitudes que debían esperarse,porque son bastante razonables, dadas las nuevas cir-cunstancias del poder planetario.Este mero enunciado prueba que nada es más falsoque afirmar que ha desaparecido la crítica, cuando esclaro que ésta sólo se diversificó para profundizarse,lo que es mucho más adecuado a la urgencia por lle-gar a una mejor aproximación al fenómeno de poderrepresivo.Simple y sencillamente, los criminólogos se pre-guntan:
¿Por qué prende la criminología mediática entre los po-bres?
Porque hay un daño real del delito, del que noshemos ocupado poco. Pues bien, vamos a estudiar alas víctimas.
¿Qué es lo que la criminología mediática se empeña enocultarle al público con el pánico moral a la agresión deladolescente de barrio precario?
Pues vamos a estudiarlos daños sociales que no se muestran.
¿Qué es este neopunitivismo brutal?
Es claro que setrata de una cuestión exclusivamente política; pues bien, es menester analizarla y estudiarla.
¿A qué se debe esta agresividad intraespecífica que se pone de manifiesto en este momento del poder?
Vamos apreguntarles a otros
sabios
.Como puede verse, la academia no se ha vuelto lo-ca ni ha renunciado a la crítica, sino que
va por más
.Pasemos a echar un vistazo sobre el panorama queofrece cada una de estas cuatro perspectivas, aunquelo haremos brevemente, pues en realidad estos apor-tes de la criminología académica actual nos preparanpara comprender el sentido de la criminología mediá-tica y para escuchar mejor
la palabra de los muertos,
por lo que volveremos en el curso de estas entregas ainsistir muchas veces en los aspectos de su contenidoque nos permiten acercarnos a la realidad de la
cues-tión criminal
. No crean que lo que voy a exponer en las siguien-tes entregas y que –después de escuchar atentamente
la palabra de los muertos
– concluye en una propuestade
criminología cautelar
es por entero una ocurrenciapersonal, sino que en buena parte es el producto de laaplicación de los instrumentos conceptuales que nosproporciona este aparente desbande de las preguntascontemporáneas.En alguna medida lo que expongo en estas semanasresulta del uso sintético de esos elementos y de unaatenta observación de la realidad cotidiana.
29.El daño real del delito:realismo de izquierda y victimología
Jock Young fue en 1973 uno de los autores de
Lanueva criminología
, que ensayaba un replanteo radicaldesde perspectiva marxista. Junto con John Lea, Ri-chard Kinsey y Roger Matthews sorprendió a co-mienzos de los noventa con un replanteo que llama-ron
realismo de izquierda
y cuya consigna es
tomar enserio el delito
a partir de verificar que causa graves da-ños a víctimas de las clases populares urbanas, en es-pecial a las mujeres, que son las más vulnerables.Si bien este giro se atribuye políticamente a unacercamiento al laborismo británico, por nuestra par-te creemos que más bien es resultado de una aproxi-mación a la realidad de la victimización.Las teorías
macro
tienen el obvio inconveniente desatisfacer explicaciones académicas encuadradas enmarcos ideológicos previos, pero para las víctimas
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