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El presente artículo, luego de contextualizar la figura del autor y fijar la identidad actancial del narrador, llamado así mismo Inca, precisa las categorías literarias de base para fortalecer la mejor intelección ficcional de La Florida. Es un artículo conmemorativo producido con ocasión del cuatricentenario de la edición de La Florida, celebrado por la UNMSM y la Academia Diplomática del Perú.
Après avoir remis la figure de l’auteur dans son contexte et fixé l’identité actancielle du narrateur, également appelé Inca, le présent article décrit les catégories littéraires de base afin de renforcer la meilleure intellection fictionnelle de La Florida. Cet article commémoratif fut rédigé à l’occasion
Alter placing the author in its relevant context and making precise his actantial identity, the article lays down the basic literary categories for better understanding the fictional intellection of La Florida. This article forms part of the oncoming events commemorating the quadricentennial edition of La Florida.
En el siglo XVI, antes de la llegada de Pizarro, el Perú era una imprecisa leyenda como el Dorado, como el país de la Canela, como el reino de las Amazonas, como la Atlántida. Pizarro, cuando descubrió el Tawantinsuyo, instaló un sueño en el mundo de las verdades de Occidente y determinó que ese sueño que había alcanzado a tocar con sus manos era El Perú.
Dicho de otra manera: el Tawantinsuyo antes de ser descubierto ya tenía un nombre ficcional para los alucinados españoles que merodeaban por el novísimo mar descubierto hacia el sur. No se sabía ni siquiera dónde quedaba ese país de leyenda, si hacia el poniente o hacia el levante. Los extraviados descubridores le llamaron a su empresa la Armada del Levante. Y, así, el nombre del Perú de la leyenda, si bien está documentado desde 1523 (Archivo General de Indias, Contaduría,
leg. n.° 1451)1, nace con el esplendor del descubrimiento del Pacífico, aquel día de San Miguel de 1513 cuando Balboa y Pizarro lo tocaron por primera vez.
Cuando nuestros fundadores se encuentran el Tawantinsuyo, casi veinte años después, corre por todo el mundo la noticia del hallazgo del Perú y todo lo que había en él comienza a ser rebautizado con el nombre del desvarío; así, los incas comienzan a ser peruanos, los Andes son peruanos, el oro llega del Perú y todo vale un Perú. “Este nombre fue (...) impuesto por los españoles a aquel imperio de los incas, nombre puesto a caso y no propio, y por tanto de los indios no conocido antes, por ser bárbaro tan aborrecido, que ninguno de ellos lo quiere usar, solamente lo usan los españoles”2. Es el Padre Valera, citado en los Comentarios reales, 1609.
La formación del estado español en el Perú corre por un camino paralelo. El nacimiento del estado español en el Perú tiene su forma visible en la fundación de Piura, en 1532. Pero las escrituras públicas (dicho esto en términos figurados) de la constitución del estado español en el Perú nos llevarían acaso a la capitulación de Toledo, en 1529, o al momento en que se le pone nombre oficial a esta provincia hispana aún no bien habida: la Nueva Castilla.
Es por ello que, unos años más tarde, cuando el capitán español Garcí Lasso de la Vega y Vargas procrea un hijo en estas tierras, este habría de ser —sin asomo de dudas— un súbdito español de por vida, cuyo nombre oficial quedó asentado como el de Gómez Suárez de Figueroa, nombre del bisabuelo español repetido en el niño, según la costumbre hispana.
En mi argumentación, creo de interés algunos datos puntuales acerca de este capitán español Garcí Lasso de la Vega y Vargas. De tres hermanos que fueron, dos vinieron al Perú poco antes de la fundación de Lima:
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