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AIMARA
B. APL, 44(44), 2007
B. APL, 44. 2007 (131–152)
AIMARA
Rodolfo Cerrón–Palomino
Academia Peruana de la Lengua

«La lengua Aymará es la más general de todas, y corre desde Guamanga, principio del obispado del Cuzco, hasta casi Chile ó Tucumán; es bien diferente de las otras lenguas, aunque toma algunos vocablos de la quichua, variando la declinación y formación pero no la significación».

Ramírez ([1597] 1906: 297)

0. La vozaimara alude actualmente a la segunda lengua ancestral más importante del área andina, y, por extensión, al conjunto de los pueblos de los Andes sureños que, distribuidos entre los países del Perú, Bolivia y Chile, se sirven de ella como idioma materno, con una demografía significativa de algo más de dos millones de hablantes. Es más, modernamente, en el imaginario político de los países involucrados, en especial en su región altiplánica compartida, se habla también de una «nación aimara», por encima de sus fronteras territoriales, y cuya unidad reposaría precisamente en el uso de la lengua común así llamada.

Originariamente, sin embargo, la palabra no hacía referencia a la lengua ni menos a los pueblos que se valían de ella, y a lo sumo aludía, como lo hemos reseñado ampliamente en otro lugar (cf. Cerrón–Palomino 2000: cap. I), a un grupo étnico de la región sureña del actual territorio

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RODOLFO CERRÓN-PALOMINO
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peruano. En la nota que sigue, tras un excurso sobre el tema, nos ocuparemos de la etimología formal y semántica del nombre, cuya dilucidación había quedado pendiente, reclamando un mejor escrutinio de los datos. Creemos estar ahora en condiciones de ofrecer los elementos de juicio que permiten resolver, al menos en calidad de hipótesis, los arcanos que encerraba la voz que nos ocupa.

1. La vozaimar a como glotónimo. El nombre con el que se designa desde tiempos coloniales a una de las tres «lenguas mayores» del antiguo Perú es el deaimara, escrito entonces como <aymara>, alternando con <aymará>. La primera documentación de su uso como tal remonta a 1559, bajo la pluma del Lic. Polo de Ondegardo, en su conocido tratado sobre las creencias de los antiguos peruanos, donde cita algunos términos atribuidos a la lengua «Aymarà de los Collas» (cf. Polo de Ondegardo [1559] 1985: 270). Conocida previamente como «lengua de los Collas», o simplemente «lengua colla» (cf. Díez de San Miguel [1567] 1964: 194, 227), es posible que la designación de <aymará>, primero como simple alternativa y luego como sustituto de la frase alusiva al supuesto gentilicio, antedate a la fecha mencionada, de manera que, con el tiempo, ya no sería necesaria la especificación referida a los collas1, como se desprende de otro pasaje del propio Polo de Ondegardo (op. cit., 271), en el que hace mención a la lengua «Aymarà» a secas. ¿Significa esto, entonces, que la lengua no tenía nombre propio, ya que para aludir a ella había que especificar el gentilicio con el que se le asociaba? La respuesta no se deja esperar: como se sabe, los glotónimos, aquí y en todas partes, derivan de los gentilicios, y se forjan en la necesidad de los pueblos de identificarse o de ser identificados frente a los otros. No debe extrañar entonces que la entidad que conocemos ahora comoaimara careciera de nombre propio, al igual que ocurría con su vecina quechua, como tendremos ocasión de ver en otro lugar.

1

La expresión «lengua de los collas» requiere también de una explicación, pues adolece de una asociación equívoca. En efecto, como lo vienen demostrando los estudios lingüísticos y etnohistóricos (cf. Torero 1987: 343-351, Bouysse–Cassagne 1988: 1, § III), la lengua de los collas originarios, habitantes de la región noroeste del lago Titicaca, habría sido la puquina, antes de su aimarización lingüística previa a su quechuización ulterior.

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En efecto, en cuanto al nombreaimara, éste es el resultado de una forma regresiva a partir de <aymaray>, con acentuación llana (es decir [aymáray]), que es como la registra el cronista indio Guaman Poma ([1615] 1936: 74, 269, 329, 433, 521 ypassim), cuando no la castellaniza expresamente como <Aymara> (op. cit., 100, 101, 128, 153 ypassim). Dicho nombre hacía alusión a un grupo étnico particular, referido precisamente como <Aymaraes> por cronistas como Betanzos ([1551] 2004: I, XVIII, 129) y Sarmiento de Gamboa ([1570] 1965: [35], 240). La etnia en referencia, cuyo territorio pasó a llamarse «provincia de Aymaraes», según usanza de la época, ocupaba el curso alto del río Pachachaca, que en su trayectoria recibe también el nombre de Abancay, y fue conquistada por Capac Yupanqui, hermano del inca Pachacutiy (cf. Garcilaso [1609] 1943: II, X, 148). La designación, adaptada al castellano a partir de <aymarays>, tal como la registra Guaman Poma, con la añadidura del plural gentilicio–s (como en «los chancas», «los charcas», «los lipes» o «los camanchacas», etc.), ha quedado perennizada como el nombre de una de las siete provincias del actual departamento peruano de Apurímac. En dicho proceso de adaptación, quitado el plural gentilicio, la–y final fue vocalizada como [e], deviniendo en <aymarae>, base sobre la cual podía agregarse cómodamente la marca gentilicia, obteniéndose <aimaraes>, pero induciendo, de refilón, un falso análisis en la forma deaymara–es, donde–es aparece ahora como mero alomorfo de la desinencia plural castellana. De aquí se estaba a un paso de la adaptación final: quitada dicha terminación, quedaban expeditas <aymará>, con acentuación aguda, o su variante llana <aymara>, convertidas en la forma básica del nombre. La primera opción, todavía en boga hasta mediados del siglo XX, como lo explica nuestro colega y amigo Enrique Carrión (1983: 187), surge de la atracción acentual que ejerce el segundo diptongo [ay] de <aymáray> para devenir en <aymaráy>, con pérdida posterior de la semiconsonante final2; la segunda variante, a su turno, con modernización ortográfica en la forma de <aimara>3, es la que se ha impuesto finalmente.

2
Fenómeno nada infrecuente en la adaptación castellana de los nombres de origen

quechua y aimara, como lo prueba, por ejemplo, el topónimo de la costa central peruana Lunahuaná, a partir de una fase intermedia como *runa wanay ‘(lugar) donde escasea la gente’. Para ejemplos similares, ver Cerrón–Palomino (2004b: § 4.3.4).

3
En efecto, ésta es la forma, ortográficamente correcta, que se ha impuesto por lo
menos en el Perú, salvo prácticas aisladas y esporádicas que, descaminadas en el

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