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Nuestra sociedad, la limeña, la peruana hispanohablante, ha demostrado una gran deficiencia en cuanto al uso de la lengua escrita y hablada. Ya lo sabíamos; pero, después de hacer el cotejo con otras sociedades, hemos quedado apesadumbrados bajo la carga de una auténtica vergüenza nacional. Arrastramos una gran carencia de conocimientos respecto a potencialidades tan básicas como son el leer, escribir y hablar. Son las herramientas fundamentales para cualquier actividad que deseemos emprender.
En atención a esta grave carencia, juzgamos que resulta de especial interés cuanto hagamos por mejorar el uso de la lengua castellana de las mayorías. El presente humilde trabajo no tiene otra pretensión sino colaborar para que éstas destierren definitivamente ciertos defectos básicos de escritura y dicción oral.
Comunicación presentada en el V Congreso Nacional de Investigaciones Lingüístico Filológicas «La enseñanza de la lengua en el tercer milenio», realizado en Lima, del 8 al 10 agosto 2007.
demasiadas vecescóny u g u e por cónyuge,aper turar por abrir,me nc i ona r por decir,prev e e r por prever o incluso por prevenir. Pero nuestro propósito ahora, repetimos, no es insistir en lo que ya otros corrigen con acierto. Hay trabajos conocidos, muy útiles, que llaman la atención sobre ciertos errores morfológicos conocidos en nuestro medio
Lo que ahora nos proponemos es presentar un muestrario de otros errores, esta vez sintácticos en sentido amplio. A través de su análisis, induciremos reglas básicas que ayuden a su corrección. El habla y la escritura correctos no consisten solamente en el empleo adecuado de las palabras. Hace falta que esa corrección acompañe también las relaciones que establezcamos entre ellas. Dicho de otra manera, si es preciso alcanzar un nivel aceptable en ortografía y —digamos—ortomor fología, también la
La paradoja es que, en realidad, resulta más fácil atenerse a lo que hemos llamado ortosintaxis que caer en una heterosintaxis, su contraria. A pesar de esto, una ignorancia excesiva de las pautas que la lengua castellana exige, o bien la simple falta de interés o atención a las mismas, da como consecuencia los lamentables resultados que todos conocemos.
La facilidad a la que acabamos de referirnos está fundada en el hecho de que el ordenamiento de las palabras para construir una frase castellana que exprese nuestro pensamiento a cabalidad es, en sí mismo, bastante simple. La sintaxis castellana puede requerir en ocasiones cierta complicación, pero no hay necesidad de complicarla sin necesidad. Basta con construir proposiciones sencillas, cortas, que sigan la estructura conocida: sujeto, verbo, complemento directo, complemento indirecto y complementos circunstanciales. Basta, asimismo, poner un poco de atención a las normas de concordancia básicas.
Nos expresamos de una manera extrañamente desordenada y complicada. No es infrecuente que nos acusen de este defecto los forasteros castellanohablantes. ¿Poseemos un espíritu con tendencia a lo barroco? Nuestra tendencia al desorden se manifiesta también, por ejemplo, en el caos reinante en los servicios públicos de movilidad en Lima; un caos, en
realidad, fácilmente corregible y extrañanamente todavía no corregido. Los turistas lo acusan de inmediato. ¿Nos domina una especie de diablillo libertino («criollo»...)?
Hemos escogido sesenta ejemplos; no tienen un orden establecido, pues han sido recogidos de entre los diversos quehaceres de la vida cotidiana, por tanto su ubicación no representa ninguna prioridad, y algunos de ellos pueden ser discutidos pues sobrepasan el aspecto normativo. Los dos últimos son errores de carácter tipográfico, pero que están entrando con demasiada facilidad en la lengua escrita y es necesario detener cuanto antes su veloz carrera.
Es una pequeña muestra que abre un camino para ser recorrido por quienes tengan la voluntad de aprender, o enseñar a aprender, el útil arte de hablar y escribir con propiedad la lengua materna.
Haber está aquí usado como impersonal, tanto como lo está en la forma verbal del presentehay. No se nos ocurriría ponerle plural a esta forma, aunque así lo hagan otras lenguas (la inglesa, por ejemplo, hace there were). Hay ocasiones en que el verbohaber es conjugado y, entonces sí, concuerda en número con el sujeto: Ellosh a n venido. No es aquí el caso.
2.Exactamente trescientos cincuenta y tres mil doscientas quince personas. Si decimos espontáneamente doscientas, pues se trata de personas, ¿por qué no ponemos atención y trastocamos el género diciendotr escientos? Sin duda, por la lejanía existente entre ese adjetivo y el sustantivo que modifica.
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