Defensa de la política -título que sugerí para una antología inédita de sus ensayos-,entendida como duda y recreación del sentido de la institución social y no como esaactividad, a la vez burocrática y falsamente técnica, de administración y lucha por elpoder, a la que se ha reducido); Castoriadis se preguntaba, repito, si los valores políticosbastarían por sí mismos para que los individuos desearan la democracia; si no seríannecesarias metas más allá de ellos, como las que refería Pericles. En otras palabras, si lademocracia era deseable o necesaria porque resultaba la única manera de hacer ¿qué? -y aquí, cada sociedad tendría que volver explícitos sus propios fines. Pues se puede crearriqueza o bienestar, por ejemplo, bajo un régimen despótico. Por lo demás, en otrosmomentos de sus ``elucidaciones'', como optó por llamarlas, Castoriadis se preguntaba siel ``bienestar'', si los placeres de la vida privada, eran un objetivo digno para la vida. Vivir``en y para'' la belleza sin amaneramiento, ``en y para'' la búsqueda razonada y sindesmayo de la verdad fueron, sin duda, algunos de los sentidos de la vida de CorneliusCastoriadis.Por fatiga o cinismo, irresponsabilidad o falta de imaginación, las palabras ``belleza'' y``verdad'' han caído en descrédito; además, debo decir que raras veces se encuentran ensus escritos -prefería expresiones como ``presentación del abismo''-, y que ahora lasasocio con dos momentos enigmáticos de su seminario: a lo largo de meses reflexionósobre el sentido de la tragedia griega; el silencio que seguía a sus exposiciones siempreresultaba embarazoso (``¿Por qué no comentan ni preguntan? ¿Todo está demasiadoclaro? ¿O demasiado oscuro?''), al grado que, cuando comenzó a llevar su grabadora, noeludí la humillante impresión de que ese aparato nos sustituía y en cierta ocasión lepregunté, de un modo rudimentario: ``Nos podemos equivocar sobre el sentido de unatragedia, ¿no es cierto? Se han escrito bibliotecas enteras acerca de ellas'', ante lo cualarrugó su frente y gruñó: ``Sí, claro. Pero nunca nos equivocamos sobre su belleza''; memiró un instante con seriedad, sonrió y me devolvió la pregunta: ``¿De verdad?¿Podemos percibir su belleza sin entender su sentido?'' En otro momento, a propósito delo que ahora provisionalmente llamo ``verdad'', evocó la incomparable experiencia delfilósofo a quien, tras arduas meditaciones, ``la cosa le sonríe''.Siempre reflexionó y actuó* en contra de algo, para abrir el camino, en las ideas y en lapráctica, a la autonomía individual y colectiva; para afirmar y esclarecer el concepto de``creación'' -y sobre todo, de ``autocreación''-: de hecho, su último libro, donde recogería
Leave a Comment