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Pedro Saad Herrería
Assad Bucaram:La Historia de una Lucha
Quito, 1981
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A MODO DE INTRODUCCIÓN
GUAYAQUIL, NOVIEMBRE 6 DE 1981
Assad Bucaram ha muerto.Una estupefacta muchedumbre, que no terminaba de convencerse de la irreversiblerealidad del féretro que transportaba en sus hombros, ha traído su cadáver hasta laCatedral Metropolitana de Guayaquil.Ahora está aquí, colocado junto al altar como en una tribuna. Puesto en un ataúd amedio cerrar, que permite que el pueblo lo vea una última vez.Pero el pueblo no se limita a verlo. Subrepticiamente, mirando a cada lado, como sihasta esto le estuviera prohibido, el pueblo extiende suavemente su mano hacia estehombre...Y lo toca. Roza levemente con sus dedos el obscuro casimir de sus vestidos y luegode tocarlo, guardando todavía la áspera sensación de ese contacto, lleva sus manoshacia la frente y se santigua.Como si se tratara de una imagen sagrada.Es el pueblo que está diciendo su propio nombre en media calle. Porque ahora queeste hombre ha muerto, el pueblo necesita repetirse la palabra pueblo para saber queese es su nombre. Que es así como se llama. Que tiene la responsabilidad de ser élmismo, como un huérfano. Que tiene el deber de ser fiel a sí mismo, con una fidelidadde verbo reflexivo. Serse fiel. Serse pueblo.En compañía de sí mismo. A solas consigo mismo.Siempre. Pero sobre todo ahora que Assad Bucaram Elmhalim ha muerto.
Y POCO DESPUES...
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Al pueblo, al que le roban todo, intentan robarle hasta sus muertos. Llegan lospolíticos.Llegan como profanadores de cadáveres. Intentando apropiarse de una herenciaque no les pertenece. Armados de palabras y de hipocresía.Y los mismos que pretendieron negar su condición de ecuatoriano, ahora lo calificande "patriota". Y quienes se burlaron de sus defectos físicos, ahora lo tratan de "señor Bucaram".Es repugnante.Porque no es que la muerte haya acallado las virulencias de la lucha política, lo quesería comprensible y respetable, sino que tratan de usufructuar de la desaparición deeste hombre.Creen que podrán suplantar a Bucaram.Es que los políticos,
esos
políticos, los representantes de la oligarquía bajocualquiera de sus formas, no creen en el pueblo. No lo entienden. Piensan que elpueblo está conformado por una masa amorfa, dispuesta a seguir a cualquiera que leofrezca un beneficio pasajero o una palabra zalamera.Por eso creen que el pueblo que siguió a Bucaram, que se reconoció en Bucaram,estará igualmente dispuesto a seguir tras cualquiera que se le ponga al frente, trascualquiera que le ofrezca sus servicios o, como ellos dicen, sus "sacrificios" por elpueblo.Nunca entendieron. No entienden ahora.Creen que el pueblo está dispuesto a venderse, como si el pueblo fuera una ramera.Nunca entendieron que el pueblo tiene necesidades y que pasa por penurias que lollevaron a asistir a sus comités electorales, a inscribirse en ellos, a recibir los dinerosque le ofrecían por su voto... Pero que no votó por ellos, a pesar de esos dineros.Porque el pueblo no se vende. Por eso no pudieron aprovecharse del pueblo. Por eso fue el pueblo quien se aprovechó de ellos. Quien fue a sus reuniones, asistió asus fiestas, hizo acto de presencia en sus mítines, se bebió su licor y sació su hambrecon su comida, mientras en secreto, en el bolsillo que está junto al corazón, guardabasu voto verdadero.Nunca lo entendieron. No lo entienden ahora. Creen que el pueblo es imbécil y queestá dispuesto a dar crédito a cualquier promesa, por descabellada que ella sea.No comprenden que el pueblo podrá ser ignorante, precisamente porque ellos lenegaron la educación y la cultura, pero que tiene una inteligencia sagaz y ágil,cultivada en la calle, destinada a evitar los golpes a mansalva. Una inteligenciaforjada en la lucha diaria por sobrevivir, en un mundo compuesto de mentiras y decuentos.Ni lo entendieron antes ni lo entienden ahora.Creen que el pueblo es amnésico. Que olvida. Que, pasado el tiempo, no recuerdalas ofensas, los engaños, las triquiñuelas electorales. Piensan que el pueblo sólo viveen el presente. Que no tiene noción de futuro ni recuerdos del pasado.Es que para ellos "pensar en el futuro" no es más que sinónimo de "abrir una cuentade ahorros", y el pueblo nunca tuvo dineros para ahorrar.Pero el pueblo tiene una memoria colectiva, formada por las llagas de los doloresdel pasado.No. El pueblo no olvida. Ni perdona.Ellos son incapaces de entenderlo. Ahora o nunca.Creen que el pueblo está dispuesto a confiar en cualquier patraña, a condición deque ella esté bien dicha. Piensan que la confianza del pueblo es un problema deoratoria y no de decir las verdades.Pero, aunque sólo una parte del pueblo sepa leer, todo el pueblo sabe oír. Todo elpueblo sabe distinguir eso que ellos no creen que sepa: separar la verdad de lamentira. Porque el pueblo reconoce la verdad cuando la escucha. Y sabe, además,
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