como entelequias teóricas útiles, sin existencia real. "Mientras no los vea, nocreeré en ellos" decía. Hoy, el microscopio de efecto túnel ha hecho realidad eldesafío de Ostwald, permitiéndonos ver los átomos.Algo semejante ocurrió durante el siglo XX con la teoría de los quarks,propuesta en los años sesenta por Murray Gell-Mann. A pesar del poder depredicción de esta teoría para explicar el comportamiento de algunas de lasque entonces se consideraba "partículas elementales" (como el protón, elneutrón y, en general, la familia de los
hadrones
), muchos físicos se negaron aaceptar la realidad de los quarks, hasta que los experimentos proporcionaron laconfirmación de su existencia.Es posible que estos ejemplos positivos hayan rebajado el sentido críticode algunos físicos, inclinándolos a pensar que cualquier teoríamatemáticamente coherente tiene que ser una representación fiel de larealidad. Al hacerlo, olvidan que la teoría atómica y la de los quarks fueronconfirmadas por los experimentos, sin los cuales continuarían siendoentelequias. Otras teorías, en cambio, no tuvieron la misma suerte y han sido justamente olvidadas. Con esta actitud, se corre el peligro de despreciar lasenseñanzas de siglos y de romper el equilibrio entre hipótesis yexperimentación, prescindiendo de la segunda cuando resulta difícil o, enciertos casos (como veremos), imposible.Karl Popper señaló que no es fundamental que una teoría científicapueda demostrarse, pues eso nunca se consigue, ya que son siempreprovisionales y sólo se mantienen hasta que algún descubrimiento nuevo lascontradice y obliga a refinarlas. Lo esencial es que se pueda demostrar que esfalsa, que sea posible diseñar un experimento que, en caso de tener éxito,eche abajo la teoría. Las teorías no
falsificables
no son construccionescientíficas válidas. A lo sumo, podrán ser ejercicios hipotéticos, más o menoselegantes, pero sin relación con la realidad.Este ensayo presenta algunos ejemplos que, en mayor o menor grado,pueden considerarse ejercicios de ciencia "excesivamente" matemáticaa. Elprimero se refiere a unos objetos cuya existencia está bastante biendocumentada, aunque las teorías que intentan explicarlos contienen elementosque difícilmente se podrá comprobar mediante la experimentación.Los ejemplos subsiguientes son más espectaculares. En ellos, los físicosproponen teorías para las que resulta imposible realizar experimentos(actualmente) que las confirmen o, lo que es peor, que demuestren sufalsedad. Quizá no sean falsas, pero, ¿mientras no se las pueda poner aprueba, no es posible considerarlas como teorías científicas? Hay quienasegura que quienes las proponen no están haciendo Física, sino Metafísica.No debe tomarse esto como una crítica de la Metafísica, que como ramade la Filosofía se ha ganado en buena lid un puesto importante en la historiadel conocimiento humano. Se trata de deslindar los campos de ambasdisciplinas y evitar equívocos. La Metafísica no es una ciencia experimental,aunque los físicos que invaden su terreno traten de hacer pasar sus teorías por