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LA VIDA DE LOSHOMBRESINFAMES
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© Editorial Altamira Calle 49 N° 540 La Plata, Argentina & (54-21) 21 85 00Edición y traducción:Julia Varela y Fernando Alvarez-UríaPrólogo y bibliografía: Christian Ferrer Diseño de tapa: Virginia MembriniDiagramación: CutralISBN: 987-9017-03-XQueda hecho el depósito que marca la ley 11.723Impreso en Argentina 2
 
Prólogo
ARTE FORENSEAl igual que ciertos herederos que tiran la casa por la ventana, Michel Foucault se propuso destronar el orden epistemológico recibido. Pero Foucault no pertenecía a laestirpe de los agitadores estrepitosos sino a la de los pacientes e inflexibles notarios que, enun mismo movimiento, efectúan el inventario de la propiedad a la que hacen padecer elgolpe de maza. Fue documentalista incrédulo y maximalista, todo a la vez. La especie de pensadores a la que corresponde el filósofo francés se reproduce muy raramente. Cuandosucede, una sola persona puede transformarse en contrapeso del mundo, en el tipocaracterológico de atlante cogitativo que echa un vistazo al doblez de los cielos. Pero suoriginalidad no consistió solamente en la crítica radical a mentalidades hegemónicas sinotambién en exponer sus verdades con estilística inconfundible. La lectura de las obras deFoucault provoca la suerte de inquietud emocional que está contenida en la fórmula "pánicodoctrinal". En ellas, como en las de Friedrich Nietzsche, uno de sus guías, la cruza de estiloy pensamiento resulta explosiva, aunque un más que discreto Foucault concedía a su obra elestatuto doméstico de "caja de herramientas". Mientras la obra de Nietzsche o la deBakunin suscitan la alarma o el rechazo, la de Foucault, en cambio, produce una lenta yduradera corrosión de las certezas teóricas del lector. El alemán y el ruso se presentaron ensociedad de modo desafiante, con gestos de gladiador o de pistolero. Pero es distinto conFoucault. La experiencia de leer un libro suyo por primera vez implica pasar una temporadavisitando la sala de torturas, porque escribir y pensar, como lo hace Foucault, conduce adecapitar la identidad política del interlocutor. El violento descentramiento del lector esresultado de la violencia que esa obra ejerce contra el fundamento de toda ley. Una vez quelas aguas de un lago han sido agitadas ya no es posible contemplar la misma evidencia detodos los días.Es curioso constatar que muchos de los autores que más frecuentamos nos tratan como elcampeón de box lo hace con el
challenger 
arrebatado: nos dejan molidos aunque nosobligan a renovar el aire. Pero Foucault asfixia. No sólo descorre el telón que disimula a lamazmorra; en su relato miasmático se huele el aire viciado de hospitales, fábricas, prisionesy academias. Un trépano surca la letra de sus relatos: en la descripción detallada de laetiqueta de la vigilancia y de los rituales del castigo, en el demorarse en las minucias de losregistros judiciales, en las taxonomías exhaustivas con que procede a relevar un sistema de pensamiento. Nos enteramos verdaderamente de los suplicios insospechados de laModernidad cuando la sangre entra por la letra. En cierto sentido es un autor ilegible, porque reclama de sus lectores un esfuerzo moral e intelectual casi inhumano. "
 Esfuerzomoral 
": ¿estarán contenidas en estas dos palabras las aristas de un concepto? Quizás hayasido su implícita divisa de autor el lema que previene sobre las estrategias marciales de unafilosofía, esos estímulos severos que nos hacen revisar nuestra vecindad con los regímenesinstituidos de la verdad.El rayo reversible que refila y engarza la hoja de un libro al ojo del lector causa dañosdifíciles de estimar así como deslumbramientos de distinta intensidad. La lectura de lasobras de Foucault ha demostrado ser una experiencia corrosiva, pero tonificante también,aunque siempre supone desbaratar el principio del "yo lector", por medios reflexivos y por el atormentamiento del cuerpo. A través de Didier Eribon -su biógrafo- sabemos que los3

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