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Viaje Al Oeste 1 (Las Aventuras Del Rey Mono)

Viaje Al Oeste 1 (Las Aventuras Del Rey Mono)

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Un clásico de la literatura china. (PARTE 1)
"Viaje al oeste. Las aventuras del rey mono, obra del periodo MIng (1368-1644), narra el peregrinaje del monje Chen Hsüan-Tsang a la India en busca de escrituras sagradas. En palabras de Jesús Ferrero, prologuista de la edición española, es "la obra de todo un pueblo, como la muralla china y como el mismo imperio, en la que intervienen muchos creadores, hasta cristalizar como narración plena de sentido y perfectamente estructurada en el siglo XVI, gracias a la probable intervención del escritor Wu Chengen, que la dotó de una poderosa estructura"."
Un clásico de la literatura china. (PARTE 1)
"Viaje al oeste. Las aventuras del rey mono, obra del periodo MIng (1368-1644), narra el peregrinaje del monje Chen Hsüan-Tsang a la India en busca de escrituras sagradas. En palabras de Jesús Ferrero, prologuista de la edición española, es "la obra de todo un pueblo, como la muralla china y como el mismo imperio, en la que intervienen muchos creadores, hasta cristalizar como narración plena de sentido y perfectamente estructurada en el siglo XVI, gracias a la probable intervención del escritor Wu Chengen, que la dotó de una poderosa estructura"."

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Published by: Ricardo Echenique Saráh on Oct 05, 2008
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VIAJE AL OESTE
LAS AVENTURAS DEL REY MONO
ANÓNIMO DEL SIGLO XVI
Traducción del chino de Enrique P. Gatón e Imelda Huang-WangEdiciones Siruela, Libros del TiempoEspaña, 2004Prólogo
 
Viaje al Oeste:
La novela total1Esta nueva edición de
Viaje al Oeste
viene a llenar un vacío tan enorme como la novelaen sí, pues estamos hablando de todo un clásico de la literatura universal que, hastaépocas muy recientes, ha permanecido desconocido para los lectores españoles.El asunto es todavía más grave si se tiene en cuenta que el Rey Mono, uno de losprotagonistas de la narración, es en China un personaje tan popular como lo pueden serentre nosotros Don Quijote y Sancho Panza: ni algo menos ni algo más. Y cuando lospersonajes literarios llegan a esa forma absoluta de la fama es porque son capaces, por sí mismos, de representar a toda una cultura y hasta de incluir en su mecánica lógica ymitológica claves fundamentales para interpretar esa misma cultura.Por lo demás,
Viaje al Oeste
es la recreación, profusamente detallada, del mito deXuanzang (Hsüan-Tsang): el monje que partió hacia la India en busca de los verdaderostextos budistas. Se trata de un viaje evidentemente inciático (para los personajes que loprotagonizan y para el lector que los sigue), jalonado por toda clase de catástrofesinteriores y exteriores, y en el que le acompañan tres discípulos. El Rey Mono es uno deellos. Posee poderes mágicos que le permiten llevar a cabo setenta y dostransformaciones de su apariencia y está capacitado para «identificar a los demonios enun abrir y cerrar de ojos», como suelen decir los chinos, que desde el primer emperadora los tiempos de Mao se han especializado en identificar demonios de toda suerte y enclasificarlos, siguiendo operaciones mentales no tan diferentes a las que empleaba elventuroso Emanuel Swedenborg para clasificar a las poblaciones angélicas. En Chinalos demonios formaban una auténtica multitud. En términos específicos, se trata de unacreencia muy alejada de nuestra cultura, pero no en términos generales, ya que en losevangelios el mismo Jesucristo hace varias referencias a la «multitud» de demonios quepueden asaltar a las almas descuidadas. Se trata, con toda evidencia, de demoniosdiferentes pero que tienen en común su naturaleza perturbadora y posesiva.Como otras grandes narraciones del Reino del Medio,
Viaje al Oeste
es una creacióndel período Ming, el más glorioso de la novela china, y es al mismo tiempo la obra detodo un pueblo, como la muralla china y como el mismo imperio, en la que intervienenmuchos creadores, hasta cristalizar como narración plena de sentido y perfectamenteestructurada en el siglo XVI, gracias a la probable intervención del escritor WuChengen, que la dotó de una poderosa estructura. En ese y otros aspectos se trata de unacreación parecida a la que llevó a cabo la Grecia arcaica con la
 Ilíada
y la
Odisea
hastasu fijación definitiva en Homero.Pero su relación con las dos epopeyas griegas es sólo parcial ya que, como narración en
 
sí,
Viaje al Oeste
se emparenta más con dos novelas fundamentales de Occidente:
 DonQuijote
y
Tristram Shandy.
Ni estoy hablando de una relación sólo formal ni de unarelación sólo de fondo; estoy hablando de una relación estructural que implica unaconcepción del tiempo con la que ya no estamos demasiado familiarizados.2Da la impresión de que en Europa todo cambió, en la estructuración de las novelas, conla aparición de
El Lazarillo de Tormes,
que impone una configuración narrativa en elfondo absolutamente racional, dando la impresión de que la historia está trascurriendoen «el tiempo real» y creando justamente por eso un enorme «efecto realidad».Que esa novela sea hija de Renacimiento no ha de extrañarnos, ya que en el fondo fueel primer «siglo de las luces» de la civilización occidental. Pero desde entonces lanovela europea no ha podido despegarse del «efecto realidad» que crea
El Lazarillo
ydel empeño en dotar la narración de una gran coherencia, más allá o más acá de lamisma historia, como llega a ocurrir hasta con Kafka, que es la razón llevada a suextremo más absurdo.Lejos de esa estructuración del tiempo de la vida y el tiempo narrativo,
El Quijote
consigue, además de un efecto realidad periódicamente renovado en el trascurso de lanovela, una relativización del tiempo, no tan excesiva como en
Tristram,
pero sí losuficientemente amplia y elástica como para que el lector pueda entrar en una«duración» a veces vaporosa y vasta, y a veces relampagueante y concentrada, que lanovela occidental sólo vuelve a recuperar plenamente con en
Ulises
de Joyce.Y bien, el tiempo narrativo en el que entramos cuando empezamos a leer
Viaje al Oeste
es también muy relativo y a la vez alcanza dimensiones absolutas.Como todas las novelas chinas del mismo período, como
En los márgenes del Agua
o
El romance de los Tres Reinos,
la narración avanza pausadamente y se ramifica encientos de personajes de todas las clases sociales y de todas las formas de existir astralesy reales. Borges definió
El sueño del pabellón rojo
(otra de las grandes novelas chinas)como una narración «prácticamente infinita»: de igual manera podría definirse
Viaje alOeste.
En ese sentido, son novelas que más que entrar en el tiempo de la «realidad» y susucesión de hechos (de
 pragmas)
, entran en el tiempo de la existencia y su sucesión dedemoras, desconciertos y repeticiones: los que Kierkegaard llamaba «la seriedad delexistir», que se revela siempre de naturaleza tragicómica, como ocurre en
Viaje al Oeste
y como ocurre también en las grandes novelas occidentales ya mentadas.3Intentar imponer un tiempo ampliamente narrativo y «prácticamente infinito» al tiempofragmentado y neurótico de la «realidad» es un empeño que entre nosotros sólo lo haintentado el ingeniero Benet con
 Herrumbrosas lanzas
y que se hace cada vez másdifícil, también en China, ya que desde la aparición de los primeros relatos de Lu Xin, ellector chino descubrió la «racionalidad» narrativa de estilo occidental que aportaba Xinasí como su fulminante «efecto realidad», y ahora la novela en China tiende a serconcebida en un tiempo real y metal muy parecido al nuestro. Desde esa óptica, Lu Xinllevó a cabo para los chinos una operación muy parecida a la que Mishima perpetró enla cultura japonesa: racionalizó y sistematizó la narración, introduciendo en ella el«tiempo» occidental.Pero en
Viaje al Oeste
estamos lejos de esa concepción del tiempo narrativo, porque noes un tiempo que se pueda ver desde el lugar de los hechos. Es más bien un tiempoconcebido desde el lugar del conocimiento y de su aliento irregular y muchas veceserrático. Y es que el conocer, a diferencia del vivir, evoluciona en un tiempo lleno de
 
arrugas, casi en un tiempo fractal, de una elasticidad desmedida, o fuera de toda medida,siguiendo un camino que, por ser el de la iluminación, está lleno de sombras que leexceden, como si siguiese esos versos terribles del primer poema del Tao que viene adecir:Ser y no ser surgen del mismo fondo,y ese fondo único se llama oscuridad.Oscurecer esa oscuridad,he ahí la puerta de la clarividencia.4Dicho lo cual, que el lector se prepare para salir de nuestro tiempo pragmático encuanto acceda al primer capítulo de esta enorme novela que, en parte porque quiere seruna imagen del Mundo y en parte porque lo es, comienza refiriendo el origen delcosmos con frases casi bíblicas: «En el principio sólo existía el Caos. El Cielo y laTierra formaban una masa confusa, en la que el todo y la nada se entremezclaban comola suciedad en el agua».Una forma de contar el origen que tiene mucho que ver con los versos del Tao queacabamos de referir. De hecho parecen la misma reflexión, si bien desde ángulosdiferentes, y que a su vez guardan muy estrecha relación con himnos védicos de unosmil años antes de Jesucristo.5Y que el lector se prepare también para fondear en el misterio de la muerte y de la vidadesde una profundidad que está mucho más allá de nuestra sistematización del mundo,indisolublemente vinculada al espíritu griego que nos funda filosóficamente y que crealas marcas que van a determinar toda nuestra cultura. Porque el tiempo en el que va aentrar ni es lineal ni es circular, es más bien un tiempo en espiral, pero que en lugar decomenzar por el corazón mismo de la espiral comienza por su círculo más abierto, elque refiere la creación de todo el universo, y luego va estrechando sus aroscomunicantes hasta detenerse en los seres, o en algunos seres, que pueblan ese vastouniverso que quisieran descifrar, y a cuyas revelaciones y manifestaciones vanasistiendo en el vasto curso de la novela, tan vasto como los grandes ríos chinos.Aunque si hemos de hacer honor a la estructurada desmesura de
Viaje al Oeste,
más queun río tiende a parecer un océano de significados en el que no importa perderse una ycien veces pues lo relevante, como en el poema
 Itaka
de Kavafis, es el viaje mismo, unviaje que tiene su destino y su dirección, pero que olvidamos a menudo por lafascinación que va ejerciendo sobre nosotros cada momento del camino, en su purísimademarcación de su propio sentido, que ha de ser absorbido en su absoluta dimensión deinstante en el seno del tiempo como agua en el seno de las aguas.6Y tras este breve paseo por el curso «ilimitado» de la novela volvamos a sus personajesy a sus fuentes. Inspirada en remotas leyendas budistas sobre los viajes de Xuanzang ylas piezas teatrales Yuan y Ming basadas en él, la novela no es ajena al tono épico, sibien se trata de una épica tan desmitificadora que más que con los griegos tendría quever con la teoría de la distanciación irónica que escritores como Döblin pusieron enboga en la primera mitad del siglo pasado.Y al igual que esa épica de Döblin (que luego imitó Brecht),
Viaje al Oeste va
dibujando una dialéctica de la luz en su lucha contra todos los poderes de las sombras.

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