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FUNDACIÓN NUEVO PERIODISMO IBEROAMERICANO (FNPI) YFUNDACION PROATALLER DE PERIODISMO NARRATIVO
Con Juan Villoro
La centésima moneda(en búsqueda de sentido)
Buenos Aires, Argentina, 8 al 12 de agosto de 2011
Convocan:
FNPI y Fundación PROA
Relator:
Federico Bianchini
: Juan Villoro.
Juan Villoro nació en la ciudad de México en 1956. Fue profesor universitarioen la UNAM, y profesor visitante en las Universidades de Yale, Boston University yPompeu Fabra de Barcelona. Es columnista de Reforma (México), El Periódico deCatalunya y El Mercurio (Chile).Ganó el Premio Villaurrutia por su libro de cuentos La casa pierde (1999), elPremio Mazatlán por su libro de ensayos Efectos personales (2000), el PremioHerralde por su novela El testigo (2004) el Premio IBBY (International Board on Booksfor the Young) por su novela para chicos El profesor Zíper y la fabulosa guitarraeléctrica (1992), el Premio Ciudad de Barcelona en Periodismo Escrito por susreportajes sobre los negativos de Robert Capa, Gerda Taro y David Seymour halladosen México (2008) y el Premio Rey de España por su reportaje “La alfombra roja. Elimperio del narcoterrorismo” (2010).
Palabras clave
: Periodismo narrativo, Juan Villoro, FNPI, crónica, narración.
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Introducción:
“La centésima moneda (en búsqueda de sentido)” es la relatoríadel taller que el escritor y periodista mexicano Juan Villoro dictó en BuenosAires, frente a catorce periodistas de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia,Costa Rica, México, Perú y Venezuela. Durante esa semana, los periodistashicieron crónicas relacionadas con la ciudad de Buenos Aires y sus habitantes.Villoro, que también escribe cuentos, novelas y obras de teatro, relacionó losgéneros estimulando a los talleristas a usar distintas herramientas paraconseguir historias que tuvieran impacto directo en los lectores; e intentó que eltaller fuera en su mayor parte práctico.“Así como hay simuladores de vuelo, nosotros haremos un simulador decrónica en el sentido que no tenemos tiempo ni recursos. Por un lado sentadoscomo frente una de las viejas mesas de redacción y, por otro, saliendo a lacalle para recoger voces con las que haremos crónicas conjeturales”, dijoVilloro.El primer día se leyeron textos de los escritores y periodistas MartínCaparrós y Leila Guerriero, en los que se identificaron recursos narrativos.El segundo día, los talleristas argentinos llevaron crónicas que tenían amedio escribir. Luego se fueron discutiendo los textos de los demás talleristas.El método de trabajo fue el de los talleres literarios clásicos. El autor leía en vozalta su nota y, luego, sus compañeros hacían críticas y comentarios.Finalmente, el maestro daba su opinión sobre el texto. El autor de la crónicadebía escuchar sin emitir opinión. En palabras de Villoro: “Someterse a latortura espeluznante de escuchar una certera malinterpretación de lo que quisodecir”.A lo largo del taller, el escritor mexicano hizo hincapié en la búsqueda deuna unidad de sentido que recorriera la crónica desde el principio al final.Puntualizó los recursos de la ficción que pueden ser aprovechables por elperiodismo y estableció los límites de los mismos. Dio consejos sobre ladescripción, la forma de desgrabar, las repeticiones, la manera de introducir estadísticas y el uso de verbos del habla, entre otras técnicas narrativas.
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La centésima moneda(en búsqueda de sentido)
El auditorio, la mesa larga, el escritor alto, de barba, camisa rayada,pantalón negro: Juan Villoro, capaz de escribir cosas como que el tenedor esuna radiografía de la cuchara. Y catorce periodistas: editores, cronistas,redactores especiales, de distintos países de América Latina que escuchanatentos, que se preguntan (lo confesarán después) cómo puede este hombredescubrir en cada crónica una serie de asociaciones estrechas, un hilo invisibleque ahora está ahí pero que nadie había visto antes.Lo explica Villoro. “Uno de los mayores problemas es pensar que lostextos se miden por el apego a la realidad. Y sin embargo, la realidad delperiodismo no está en la realidad. Todo periodismo es una construcción. Sinmodificarlo, damos una visión personal del modelo que retratamos. Por ejemplo, si tenemos que contar hechos que sucedieron de las 10 a las 18, esválido empezar el texto con una frase que alguien dijo a las 17.50”.“Nuestra percepción del mundo nos hace buscar el cierre de sentido. Sivemos una oración escrita sólo con consonantes, al leerla completamos lasvocales mentalmente. Si yo con los dedos formo un círculo incompleto, ustedesen sus cabezas tenderán a cerrarlo”. Villoro dice que a veces el protagonista denuestra crónica muere y allí está el cierre. Pero que la mayoría de las veceseso no pasa: es entonces cuando se deben crear cierres simbólicos para dar una sensación de redondez”.“Hay que imponerle a la crónica sentido de la consecuencia: algo pasaporque otra cosa pasó antes. Principio, nudo, desenlace”.Villoro cita al escritor inglés Edward Morgan Forster: si alguien dice“murió el rey y murió la reina”, tiene una anécdota. Pero si otro, en cambio,precisa: “Murió el rey porque murió la reina”; ése tiene una historia.“La realidad es caótica e inexplicable. Ocurre sin pedirle autorización anadie. Una de las funciones de la comunicación es establecer sectores desentido para algo que no lo tiene. Vemos los hechos como fotos aisladas, no
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