“
El nombre de Alma Reed y su romance con Felipe Carrillo Puerto estánindisolublemente unidos a una canción, joya de la trova yucateca:
“Peregrina”
. Al narrar la historia de la canción, la periodista pone en labiosdel poeta Luis Rosado Vega, autor de la letra, palabras que prácticamentehacen coautor al líder socialista, y enmarca el origen de la música en lamodesta casa de Ricardo Palmerín, donde éste tocaba el piano, mientrasFelipe y Alma platicaban en el jardín, a la luz de la luna, bajo unos naranjosen flor. Idílica la escena, pero con licencia poética porque la casa dondevivía Palmerín no tenía jardín ni él tocaba el piano
…”
En este Cementerio descansan despojos humanos de personajes de la historiade Yucatán, como (por citar un ejemplo) los del Gobernador Guillermo Palomino yaque durante su gobierno (1886-1889) inaugura el ramal a Progreso del ferrocarril deMérida a Valladolid, asimismo, empezaron a funcionar las líneas telegráficas a Temax,Campeche, Espita, y Tizimín. Guillermo Palomino fue uno de los más recordadosgobernadores porfiristas ya que llegó a Yucatán como jefe de la Zona Militar y luegoPorfirio Díaz lo designó gobernador.Diversas etapas de la historia de Yucatán se ven reflejadas dentro de laconformación general del sitio, épocas de austeridad y bonanza que ha tenido laciudad se esquematizan de manera simultánea, desde la época colonial hasta lahenequenera, asimismo los grupos de extranjeros que llegaron a trabajar en la épocadel oro verde; o las corrientes migratorias a la península, podemos señalar algunos detales apellidos: Hellwig, Saiden Islaimen, Lynch Bros, Sauri, Gurubel, Enseñat, Duch,Daguer, Celarayn (
sic
), Tulani Frangie, Hauayek , Wabi, O’Horán, King, Khazen,
Worbis, Tittrijh, Rihani, Lixa, Cuaik, Jax, Gual, Zogbe, Alam, Lamk, Holleman, Auais,
Molloy, O’Huribe, Massa, Muza, Möller, etc.
Tales apellidos, y muchos otros más, corroboran las oleadas de emigrantes quearribaron a suelo yucateco. Constan en el cementerio patronímicos ligados a unpequeño grupo de alemanes, varias bóvedas dispersas de italianos así como decatalanes. Las hay también que nos remiten a migrantes asiáticos (chinos y coreanos)llegados a Yucatán a partir de la década de 1880 a trabajar en las haciendashenequeneras, dedicándose posteriormente a alguna rama del comercio, y con mayorabundancia a los descendientes de españoles y a los libaneses, llegados a Yucatán apartir de 1879 dedicándose al comercio.No hay que olvidar que los terrenos del camposanto recibieron inesperadaocupación al desatarse en junio de 1833 la primera gran epidemia de
cólera morbus
, a laque siguió otra en 1855. En ambos casos la mayoría de los cadáveres fuerondepositados en fosas comunes.En la necrópolis se contabilizaban
un total de 88 “grupos” (divididos en 68 de
adultos y 20 de párvulos, clasificados indistintamente con números, letras o combinando
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