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Los Cantos de Sirena Del Fascismo

Los Cantos de Sirena Del Fascismo

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Artículo publicado en la revista Audio Clásica (nº 159, 2010) en el que se repasa la influencia de los totalitarismos nazi y fascista en la ideología musical del periodo de entreguerras, así como en compositores como Igor Stravinsky o Anton Webern.
Artículo publicado en la revista Audio Clásica (nº 159, 2010) en el que se repasa la influencia de los totalitarismos nazi y fascista en la ideología musical del periodo de entreguerras, así como en compositores como Igor Stravinsky o Anton Webern.

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Published by: Rafael Fernández de Larrinoa on Sep 06, 2011
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 ARTÍCULO DEL MES
LOS CANTOS DE SIRENADEL FASCISMO
WEBERN, STRAVINSKY Y SCHÖNBERG FRENTE AL III REICH
Textos: Rafael Fernández de Larrinoa
C
omo habrán podido imaginar yalos lectores, la citada nota de pren-sa (que incluía ficticias reaccionesde compositores vivos como John Adams,Philip Glass o Pierre Boulez) no era sinoun bulo, una leyenda urbana de las muchasque se propagan por la red todos los días.En concreto, la de Webern puede consul-tarse en su totalidad en
urbanlegends.about.com
bajo el título
Webern’s Dodecaphonic Conspiracy
. Lamentablemente para losamantes de la música, dicho bulo se apo- yaba en un hecho destapado a partir de losaños setenta: el fervor nacionalsocialistaexhibido por el compositor austriaco des-de que Adolf Hitler ascendiera al poder enAlemania en 1933.Las evidencias de este hecho, publicadasen la ciclópea monografía weberniana deHans y Rosaleen Moldenhauer (1978) einvestigadas en artículos como
 Musik im NS-Stadt 
(1982) de Fred Prieberg, tirabanpor tierra la imagen de uno de los compo-sitores más influyentes y mistificados delpanteón musical contemporáneo, ensalza-
En 1998, una noticia firmada por la Associated Press desvelaba al mundo que el compositor Anton Webern (1883-1945) había servido al régimen hitleriano como enlace con un agente dobleestadounidense. El objetivo de la misión consistiría en robar al gobierno americano información sobre la fabricación de la bomba atómica mediante mensajes codificados en obras dodecafónicas. Tomando como pretexto el ciclo de conciertos que, bajo el título “Componer en el III Reich”,celebró el pasado mes de abril la Fundación Juan March de Madrid, repasaremos algunos aspectosrelacionados con la música y el fascismo.
Adolf Hitler (derecha) junto a Benito Mussolini,fundador del fascismo ydictador en Italia duranteel periodo fascista.Mussolini proveyó deayuda económica alos nazis antes de suascenso al poder. En la p.siguiente, el compositorruso Igor Stravinsky.
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gramar a Mendelssohn en un concierto vienés en pleno 1934, año tumultuoso enque los nazis austríacos perpetraron unfallido golpe de estado que acabó con la vida del presidente del gobierno y supusola ilegalización del partido nacionalsocia-lista en este país. Sin embargo, ese mismoaño, Webern debe calmar a Schönberg –aquien ya han llegado desde el otro lado delatlántico ciertos rumores sobre las simpa-tías hitlerianas de su discípulo– escribién-dole que “siente la más profunda aversiónpor su propia raza debido al antisemitismode tantos de sus miembros”.La “aversión por su propia raza” no impideque su hijo Peter se afilie al partido nazi alalcanzar la mayoría de edad desafiando lasleyes austríacas, ni que su hija Christinese case con un guardia de asalto nazi. Laafinidad que Webern sentía por el movi-miento nazi le impidió aceptar la grave-dad de las políticas antisemitas llevadas acabo por Hitler en el país vecino: aún en1936 intentó demostrar a su amigo norte-americano Louis Krasner que la Alemanianazi era un país seguro para los judíos. Sinembargo, durante las difíciles fechas querodearon la anexión austriaca en 1938, elcompositor demostró haber modificadosu percepción de la situación, dado que enesta ocasión ayudó a varios amigos judíos aocultarse y escapar del país. Por entonces, Webern transmite a sus allegados su con-fianza en que las cosas irían mejor con losnazis que con la dictadura de Schuschnigg,pues al fin y al cabo aquéllos “se llaman así mismos socialistas”. En total, tres de suscuatro hijos acabarán afiliados al partidonazi, así como dos de sus yernos.Es durante la II Guerra Mundial cuando elfervor hitleriano del compositor parece ig-norar cualquier límite. La lectura del
 MeinKampf  
en 1940 le permite comprender el verdadero sentido de la empresa iniciadapor Hitler al desatar la conflagración: “Ellibro me ha iluminado por completo… Loque estamos presenciando en estos tiem-pos me transmite una enorme confianza.Veo la pacificación del mundo entero. Aleste del Rhin ¿hasta dónde [llegaremos]?Esto dependerá de los Estados Unidos,pero probablemente hasta el océano Pací-fico. Sí, lo creo, no puede ser de otra for-ma”. Unos meses más tarde, tras el éxito dela invasión de Noruega se le hace patenteel componente místico implícito en la ex-periencia bélica más sanguinaria de la his-toria de la humanidad: “Aunque llamamosdo por sus adeptos por la incorruptibilidadde su arte, adornado por su compromisocon las causas obreras y elevado a la ca-tegoría de mito merced al doble martirioimpuesto a su música por los nazis y a su vida por el accidental disparo realizadopor un soldado americano una fatal nochede septiembre de 1945.Efectivamente, Webern había trabajadoestrechamente con la rama cultural delpartido socialdemócrata austríaco (diri-giendo agrupaciones musicales obreras)hasta que dicho partido fuera prohibidoen 1934 por el régimen austrofascista deKurt Schuschnigg. Cuando Hitler forzóla dimisión de Schuschnigg y consumóla anexión de Austria al Reich en 1938, lamúsica de Webern fue automáticamenteprohibida como ya lo había sido en Ale-mania. Los nazis habían manifestado deforma inequívoca su repulsa hacia Weberncuando incluyeron un retrato suyo en lainfausta exposición
 Entartete Kunst 
(artedegenerado) celebrada en Múnich el añoanterior, del mismo modo que incluiríanuna de sus partituras en la muestra homó-nima que se organizaría en el Künstler-haus de Viena ese mismo año. Sin embar-go, el pasado socialdemócrata de Webernexplicaba sólo en parte la aversión que losnazis sentían hacia un compositor cuyamúsica era, en realidad, casi desconocida.El hecho que revestía mayor gravedada los ojos de los nazis fue su vinculacióncon Arnold Schönberg, judío y “padre” dela atonalidad y el dodecafonismo, del que Webern había sido un destacado discípulodesde 1904 hasta que el maestro emigró alos Estados Unidos en 1933 huyendo delnazismo.
UNA VERDAD INCÓMODA
Es un hecho demostrado que Webern noera antisemita. No sólo había sido un de- voto admirador de destacados judíos comoMahler y Schönberg, sino que incluso lle-gó a cometer “torpezas” como la de pro-
Retrato de Arnold Schönberg 
, realizado porRichard Gerstl (1883-1908).
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