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SerAlguienMetaforaAristocratica 02

SerAlguienMetaforaAristocratica 02

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REFLEXIONES SOBRE LA IDENTIDAD Y EL SER BASADO EN EL INTERÉS POPULAR SOBRE LA ARISTOCRACIA MODERNA Y SUS FICCIONES.
REFLEXIONES SOBRE LA IDENTIDAD Y EL SER BASADO EN EL INTERÉS POPULAR SOBRE LA ARISTOCRACIA MODERNA Y SUS FICCIONES.

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SER REY(NA): LA IMPORTANCIA PERSONAL EN LA METÁFORA ARISTOCRÁTICA
SER REY(NA): LA IMPORTANCIA PERSONAL EN LA METÁFORA ARISTOCRÁTICAPor Carlos Valdés MartínUNA PREGUNTA PLEBEYA, UNA RESPUESTA ARISTOCRÁTICACada quien sabe de su propia valía, en su fuero interior 
 siente
su importancia. A pesar de esaconvicción primera, el sentido de ser y valer dentro de cada uno fácilmente queda perdido. ¿Dónde se puede extraviar algo tan importante como la sensación de la propia valía? El extravío acontece entre lasmarañas de la identidad y del significado social. Cada simple ciudadano pobre, agobiado o enajenadovive inmerso en los trajines diarios del trabajo y las obligaciones, impulsado por intereses inmediatos oaparentes, presionado por las tentaciones del consumo de masas, distraído por los mil flashes delespectáculo de los medios masivos, agobiado por las presiones económicas, a medias instruido y bombardeado por informaciones superficiales. Él, ese simple ciudadano, vive sin raíces, separado de su pasado por una barrera de olvido y un alud de significados del momento implantados desde “la modanuestra de cada día”. Ella, esa simple ciudadana, vive angustiada porque los roles femeninostradicionales no encajan con sus compromisos laborales; contradictoriamente, se siente marginada delas decisiones que le afectan, pero también teme que las decisiones pesen en sus espaldas. Esa multitudde hombres y mujeres sencillos poseemos un nombre y apellido marcados por un acta de nacimiento, yen el rabillo de la conciencia sabemos que nuestros días terminan en el fallecimiento de cada cual.Pero su propio nombre desfila entre tantos, y durante el largo desfile de la existencia su lugar en elmundo permanece indeterminado. Entre la alocada marcha existencial la respuesta a la pregunta de preguntas ¿quién soy? raramente se alcanza. Incluso la pregunta queda cloroformada en el fondo de lasconciencias, pero si la pregunta se formula, entonces se responde con una veloz vaguedad. Ellos y ellasse responden: “Soy este (mi nombre) y nací en tal lado, soy de tal género (hombre o mujer) denacionalidad equis, me dedico o trabajo en tal cosa y soy creyente de tal religión.” El ciudadanoordinario termina su examen de conciencia muy rápido, como quien pasa el trámite ante la ventanillaveintidós de la oficina burocrática diecisiete en el Ministerio de la Evidencia. La respuesta a ¿quiénsoy? termina rápido y como si nunca aconteciera o ni se hubiera insinuado. Ahora bien, el ciudadano para sus respuestas ofrece su expediente plebeyo, la respuesta resulta enteramente diferente si lasrealiza la aristocracia, sin embargo, los aristócratas no deberían preguntar ¿quién soy?, porque surespuesta esta empaquetada, sostenida por genealogistas profesionales.DE IMPORTANCIA MAJESTUOSAEn el fondo de cada uno de nosotros una
 partícula de dignidad 
(¿el niño interior o el habitante de untemplo escondido?) se subleva contra esa rutinaria contestación de ¿quién soy? La respuesta breve,concisa y ordenada al contener nombre, dirección, lugar de nacimiento, profesión, religión y sexo nosatisface la íntima convicción de la dignidad humana. Los censos y las estadísticas quedan tranquiloscon las colecciones de las generalidades, pero el núcleo más íntimo de la persona no se satisface. En elfondo cada cual quisiera elevarse como particular, único e irrenunciable; el modelo de la producción enserie opera bien para los refrescos y las camisetas, pero la conciencia no acepta la producción masiva y permanece inquieta. ¿Seremos uno de tantos? No, eso no se acepta.Por esa misma razón la aristocracia es encantadora a los ojos de tantos ciudadanos que ignorancompletamente el sentido histórico de esa colectividad, ignoran el motivo de que esa institución sea tanabominable. La aristocracia ofrecía (lo digo en tiempo pasado) un sentido singular de importancia decada persona nacida dentro de una casta privilegiada, destinada a mandar y gobernar, poseedoraexclusiva de la riqueza y separada del pueblo miserable. Cada noble hidalgo poseía su pequeño o granterritorio de mando, vinculaba su nombre a la tierra donde explotaba y mandaba, por lo que erasingular y los títulos de nobleza implicaban, por regla, muy largas denominaciones donde se incluía susvinculaciones con la tierra: conde del condado, marqués del marquesado, príncipe del principado,-1-
 
SER REY(NA): LA IMPORTANCIA PERSONAL EN LA METÁFORA ARISTOCRÁTICA
súbdito de tal, soberano de tal, etc. El poder político quedaba ligado institucionalmente con las personas, entonces cada aristócrata debía tener en su persona un sentido de investidura, de superioridadsobre los mortales, debía ser majestuoso; el aristócrata supremo entre los nobles encarnaba la majestadsoberana. Esa jerarquía definía de forma estable un sistema de significados atados a cada persona, por lo un tal Alonso vivo permanecía Alonso el conde de tal sitio, mientras no perdiera sus tierras por causa de la guerra. Así, el sistema político aristocrático contenía varios defectos tan graves que locondujeron a la ruina, defectos ejemplificados en que la competencia política conducía hacia la guerra, pues la muerte del aristócrata era la única vía de relevo normal del personal político.Dejemos ese campo originario de la historia medieval para observar detenidamente el interés del público actual por personajes investidos con títulos nobiliarios y sus familias nobles. Por un lado, elsistema político aristocrático fue quebrado por las revoluciones burguesas y socialistas; las monarquíaseuropeas se reducen a figuras decorativas dominadas por parlamentos que gobiernan. Así, actualmente,el grupo aristocrático no es tomado en serio para la política, pero todavía ocupa un espacio importantedentro de la vida sentimental de los pueblos, en la fantasía social. En esencia el interés de la población por tales figuras proviene desde la definición del ser personal. Los ciudadanos amorfos en suconciencia interior desearían
ser alguien
definido e importante, y mucho mejor si ellos fueran poderosos. Pero simplemente
ser alguien
ya encierra un poder, ya implica un mérito, ya arrastra sumagnetismo hechizante. Además la narrativa de la conversión desde la situación miserable y amorfa,atraída por la sonrisa de la Fortuna, que convierte a una persona nula hasta alcanzar una condiciónmaravillosa, resulta doblemente atractiva. Por su fondo emotivo la historia de la Cenicienta se repitehasta el cansancio en todos los idiomas y todos los días bajo el formato denominado “novela rosa”. Elhechizo de esta posible trasformación desde la nulidad hasta el esplendor, ofrece la explicación para laenorme popularidad planetaria de las peripecias de Lady Diana. Su historia cautivó atención en elmundo, describió el romance maravilloso entre la muchacha sencilla y encantadora con el príncipe. Por ese romance la muchacha, semejante a Cenicienta, originariamente una personita ordinaria, accede a
ser alguien
pues se convierte en la esposa del príncipe; por la magia del amor ella queda transformadaen una aristócrata con un significado, pasando de persona vulgar (de vulgo sinónimo de pueblo) amiembro de la cumbre (de “aristoi” sinónimo de cúspide).PERMANENTE CÚSPIDELa idea de la sangre azul (metáfora más biológica e íntima que el “título” nobiliario) implica unafantasía de significado, anhelada inconscientemente por nuestras mentes atemorizadas ante un mundocambiante. La sangre azul indica una interioridad por encima de lo ordinario, una elevación plasmadadentro del cuerpo, por nacimiento. Una de las pretensiones más sonadas de la aristocracia es la permanencia por medio del linaje, los hijos siempre debían heredar los privilegios de los padres,entonces una magia de la sangre confería la continuidad del poder y de la riqueza. Para el mundomedieval la cuna establecía el único medio de
ser alguien
, pues el destino, la buena o mala estrella eranacer de padre plebeyo o noble, pues la posición social de los hijos debía quedar fija, sin importar losméritos personales. En ese ambiente las casualidades del nacimiento permitían que personas con seriosretrasos mentales fueran gobernantes, simplemente por tratarse del hijo mayor del rey anterior.Así, la huella de la sangre azul era, en principio vitalicia, aunque las desventuras de la política o laguerra anularan tal derecho nobiliario. Como anécdota recordemos el gran interés que manifestóCristóbal Colón por que sus hijos adquirieran títulos de nobleza como consecuencia de su proezamarítima, pero sus intenciones su vieron frustradas por las circunstancias. En su vejez Colón, elalmirante descubridor, luchó para que su estirpe adquiriera la “nobleza” por los méritos de la expansiónde tierras. Sin embargo, en ese tiempo, no bastaba el mérito, sino las decisiones de los mismos Reyes yPapas como criterio para aceptar a los plebeyos dentro del grupo aristocrático. En su periodo, estaaspiración resultaba natural, sin embargo, la entrada al grupo aristocrático no correspondía con“méritos” sino a situaciones muy variadas, las más comunes a las conquistas militares, es decir,-2-
 
SER REY(NA): LA IMPORTANCIA PERSONAL EN LA METÁFORA ARISTOCRÁTICA
mediante las tierras ganadas en guerras se creaba y destruía la aristocracia. Simplificando, la fórmula para ingresar en la aristocracia provenía de hacer guerras y ganar tierras, luego las tierras robadas a losvecinos generaban nuevos aristócratas, luego para
 permanecer en la cumbre
, la guerra regresaba paramantener los territorios dominados o ampliarlos. Entonces la jerarquía de reyes, duques, condes,marqueses, etc. provenía de despojos territoriales, entonces no debemos embellecer los orígenes de estacapa social. SIN CAMBIOS A LA VISTAConquistar un verdadero significado de ser personal tiene una importancia extraordinaria pues implicaganar una porción de trascendencia, al menos en apariencia. Para los ciudadanos comunes les pareceapasionante esta situación pero confunden la esencia con la apariencia, creyendo que la apariencia deimportancia de los aristócratas es verdadera trascendencia. Sin embargo, las apariencias son sólo eso ycon el tiempo se revelan las esencias. A pesar de las intenciones en contrario, los reyes perdían yganaban reinos, cada guerra de conquista era un reparto de títulos nobiliarios, las derrotas llevaban a la pérdida de los títulos y las guerras eran casi permanentes. Aunque la aristocracia se defendíafieramente para sostenerse como casta no podía detener el proceso de canibalismo político y las guerrasinteriores. Pero el ser particular del aristócrata dependía de relaciones políticas de poder y su títulodependía de posesiones territoriales, lo cual resulta un asunto exterior. La definición aristocrática de lasingularidad de la persona es superficial y exterior, digamos pomposa, aparatosa y explícita pero sucontenido es débil, porque reduce a la persona a las relaciones de poder individualizadas
1
.En cambio, el verdadero ser de la persona emerge más complejo que un título, una cuna, y una posición social. La vida interior discurre compleja y en ese sentido el ser nunca queda completamenteganado. La respuesta a la pregunta de ¿quién soy? implica un camino de mí hacia mí, entonces implicaun movimiento de identidad y la identidad de un sujeto de conciencia nunca puede estar terminada. Lassituaciones junto con las emociones que interpretan tales situaciones modifican profundamente laidentidad. Por ejemplo, la respuesta momentánea de "soy el ser más desgraciado del mundo" nacida deuna ruptura amorosa es increíblemente sincera, pero acaba por desvanecerse con la luz del día. Ycontinuando con estados anímicos intensos, también descubrimos que el ser una persona activa quedasometido a dramas intensos y situaciones de amenaza de disolución permanente. Siempre he creído queJuan Rulfo, el tan celebrado escritor mexicano, sufrió una crisis permanente de disolución de laidentidad después del triunfo arrollador de su primera novela
 Pedro Páramo
. El triunfo literario de su primera novela fue tan convincente y hasta arrollador que el resto de su carrera quedó suspendido,como promesa sin cumplir la oferta de una segunda gran novela. La primera gran obra del escritor indicaba su la autoconciencia "soy uno de los mejores escritores vivos del país y quizá el mejor", y ese juicio no tenía porqué encerrar nada de vanidad. Pero luego la posibilidad de una segunda obra quedesmereciera a la primera creación dejaba la puerta abierta a aniquilar ese estado de conciencia, esesentimiento enorme de realización. Este ejemplo muestra que la definición del
ser alguien
de la persona puede permanecer amenazada hasta para el gran arista, con más razón se presenta paracualquier simple ciudadano. Lo dicho implica un tremendo drama planteado por la filosoaexistencialista
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porque la conciencia puede perder lo más valioso, que en este sentido contiene un ejede seguridad de la persona, la respuesta de identidad. Este sentido dramático de la identidadamenazada, ahora lo debemos intensificar poniendo como referencia la vertiginosa tasa de cambiomoderna respecto de los asuntos profundos o superficiales y lo que esto puede implicar. Si unaconciencia está ligada a la moda, si le da alguna importancia al modo de vestir como el signo evidentede su ser, entonces vivirá en un vértigo donde la importancia de lo presente (la moda es el día de hoy)se trastorna en la caducidad. Para una conciencia que se afirma en ese terreno inmediato se genera una presión camaleónica que siembra el desconcierto, porque los signos evidentes de ayer se vuelven losecos vacíos de hoy. Por lo mismo, la moda de la vida capitalista (entendida como totalidad de modo de-3-

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