Welcome to Scribd, the world's digital library. Read, publish, and share books and documents. See more
Download
Standard view
Full view
of .
Save to My Library
Look up keyword or section
Like this
1Activity
0 of .
Results for:
No results containing your search query
P. 1
Historia y Leyenda de Mariano Melgar - Don Aurelio Miroquesada Sosa

Historia y Leyenda de Mariano Melgar - Don Aurelio Miroquesada Sosa

Ratings: (0)|Views: 947 |Likes:
Published by EL- Greco

More info:

Published by: EL- Greco on Sep 08, 2011
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

01/15/2013

pdf

text

original

 
 
HISTORIA Y LEYENDA DE MARIANO MELGAR, 1790-1815
 
Miró Quesada Sosa, Aurelio
 
TABLA DE CONTENIDO
En Arequipa, eterna primavera
 .. 
Años de infancia y juventud
 
Mariano Melgar estudiante en el Seminario
 
Mariano Melgar maestro
 
Poseer, si dable es, todas las ciencias
 
La tertulia literaria de Arequipa
 
Melgar y "Silvia"
 
La ilusión de las Cortes de Cádiz
 
El viaje a Lima
 
Melgar y la Revolución de 1814
 
Mariano Melgar y el "Yaraví"
 
Imagen final
 
Apéndice
 
I
 
En Arequipa, eterna primavera
 
"En Arequipa, eterna primavera", decía la frase elogiosa de Cervantes al referirse en elCanto de Calíope de su primera obra, la novela pastoril
La Galatea
, a un poeta nacidoen España, pero avecindado en tierra arequipeña: Diego Martínez de Ribera1 . Y los
 
encomios con relación al clima que hasta él habían llegado en el último cuarto del sigloXVI, y que él atribuía al "divino ingenio" del poeta, se multiplicaron en labios y enescritos de funcionarios, de cronistas, de literatos y de hombres de ciencia. Arequipafue una de las ciudades del Virreinato del Perú que recibió más intensos loores no sólode quienes la vieron, sino de quienes, sin conocerla, la requebraron simplemente deoídas.
 
Quienes empezaron las alabanzas parecen haber sido Pedro de Cieza de León yAgustín de Zárate. El primero, en su
Chronica del Perú,
de 1553, afirma de Arequipaque "es tan bueno el asiento y temple desta ciudad, que se alaba por la más sana delPerú y más apacible para vivir" (siempre que no la alteraran, desde luego, lassacudidas de los terremotos)2 . El segundo, dos años después, dice en su
Historia deldescubrimiento y conquista del Perú
que la Villa Hermosa de Arequipa es un pueblo"muy sano y abundante de todo género de comida"3 .
 
En el siglo siguiente, el carmelita Vásquez de Espinosa, quien vio la ciudad recuperadade los tremendos movimientos sísmicos de 1600 y 1604, la llamaba no sólo "rica,fértil, regalada y amena", sino "un pedazo de paraíso terrenal"4 . El Judío Portugués,que Lohmann ha identificado como Pedro de León Portocarrero, explicaba por esosmismos años, con cierta malévola ironía, que el paraíso arequipeño estaba lleno dereligiosos de las cuatro órdenes y teatinos y monjas, "que siempre éstos buscan lasbuenas tierras"5 . El barroco Calancha, en su
Corónica moralizada del Orden de SanAgustín
, corroboraba por su parte que la campiña de Arequipa es "agradable por loamena y deleitosa por lo florida"6 .
 
En el siglo XVIII, Jorge Juan y Antonio de Ulloa repetían en su notable
Viage a laAmérica Meridional
que el temple de la ciudad es "de los más lisonjeros que se puedeapetecer para la vida"7. El doctor don Ventura Travada y Córdova, con encendidoorgullo local, llegaba a más: llamó a su libro sobre la ciudad, hiperbólicamente,
Elsuelo de Arequipa convertido en Cielo8
 
.
Y así siguieron creciendo la fama y el galardónde la ciudad, que con su clima sano en un valle no vasto, pero fértil, centro indicado deaclimatación ante las bravas escalas de los Andes, se extendía entre la sierra alta y elmar, con un río propicio, un cielo sutil y transparente y el imponente marco de tresmontes nevados.
 
Por cierto que de los tres montes –que hicieron decir a Chocano en nuestros días queeran "como los camellos de los tres reyes magos" junto a una ciudad de Nacimiento–el principal es el del centro, cónico, noble y armonioso. Entre la mole extendida delChachani y la crestería nevada del Pichu-Pichu, el apagado volcán central tardó muchotiempo en encontrar un nombre propio: se le llamaba simplemente "volcán deArequipa". Precisamente el doctor Travada hacía notar que aun cuando "que laperuana gentilidad fue tan prolija en poner nombres a los innumerables montes..., aéste sólo lo dejaron sin él". "Cuatro son los volcanes que tiene Arequipa en susinmediatos contornos –confirma en otro párrafo–: el de Ambato, el de Ubinas, el deHuaina Putina y el anónimo, en cuyas faldas está fundada la ciudad." Por eso seconsidera autorizado para llamarlo como le pareciera: " unas veces le llamaré Olimpo,con más razón que el Thesaliano por su altura; otras, Vesubio, por sus ígneaserupciones, y otras, Etna, por esconder entre sus nieves sus ardores".
 
Pero, alejado de la mitología y de los afamados volcanes europeos, el nombre que alcabo tomó el monte tutelar de Arequipa fue el sencillo, significativo –y porantonomasia mestizo– de Misti9 .
 
 
Fundada a su vera el 15 de agosto de 1540 la Villa Hermosa de Arequipa, por el MuyMagnífico Señor Garci Manuel de Carvajal, que cumplió encargo del ConquistadorFrancisco Pizarro, la ciudad fue creciendo y extendiéndose durante los años coloniales.Su centro principal estaba a poca distancia del río Chili, y su forma, bastante elipsoidal,se alargaba y perdía principalmente en dos extremos: uno que ascendía por el caminode los Andes y otro que –cruzando el robusto puente de piedra que a poco de lafundación se construyó para reemplazar el caído puente incaico– se extendía al Oeste.Entre esos límites, y particularmente en el cuadriculado tablero de ajedrez de las"islas" centrales, se levantaron iglesias y conventos, edificios austeros y casonassuntuosas, en que se reunía, bajo los techos abovedados y entre las retorcidasornamentaciones de la piedra "sillar" que se multiplicaron en el siglo XVIII, la másnumerosa población española en toda la extensión del Virreinato. El censo mandadolevantar por el Virrey Francisco Gil de Taboada y Lemos, que se acompañó asu
Relación
de 1796, daba para el Cercado de Arequipa un total de 37,241 habitantes,que se descomponía así: 22,207 españoles, 5,929 indios, 4,908 mestizos, 2,487 "castas" libres y 1,225 esclavos negros10 ; o sea un 60 por 100 de población española,peninsular o criolla americana.
 
"Hay tres especies de edificios –precisaba el doctor Travada al promediar el sigloXVIII–: casas pajizas, de teja y de cal y canto. De las pajizas hay muy pocas y estánpor lo general en los extremos de la ciudad: las de teja componen la mayor parte; lasde cal y canto compondrán un tercio de lo edificado"11 . Al avanzar el siglo fueronéstas las casas más numerosas y no sólo más galanas, con ornamentaciones en lapiedra volcánica, dócil y blanda, del "sillar", inscripciones religiosas en las portadas,muros anchos y altos y techos de bóveda. "Los edificios son hermosos –decía en suinformadísimo
Diccionario
el coronel Antonio de Alcedo–, fabricados de piedra, concubiertas de bóveda, sin viviendas altas por el recelo de los terremotos"12 . "Sonpocos los altos –iba a añadir algo después el arcediano Francisco Javier de Echeverría–por el temor de su ruina con los terremotos"13 . Y el muy notable sacristán mayorAntonio Pereyra y Ruiz, en 1816, aclararía: "Las casas son de cal y piedra labrada, conbóveda de cantería o de ladrillo, todas bajas por la causa de los movimientos de tierra,y aunque algunas tienen sus altos no habitan en ellos"14 .
 
Pero aunque las casas llegaran a tener fachadas ostentosas, su interés singular noestaba en el boato, sino en la manera, al mismo tiempo lógica y artística, comorespondían a las necesidades y a las realidades del lugar: gran luminosidad, riesgo deterremotos, piedra volcánica al alcance, sentido hogareño y patriarcal. No había enArequipa una aristocracia liviana e indolente, sino un conjunto de familias, con unconcepto austero y sencillo de la vida, hacienda exigua y firmeza cristiana. Sueconomía tenía fuertes raíces rurales; y si la tierra era próvida y feraz, la cortaextensión del valle y la subdivisión de la propiedad obligaban a trabajar intensamente.Los principales productos eran el trigo y el maíz (uno importado y otro autóctono),pero los rendimientos se incrementaban además por la obligada rotación de cultivos.En la
Memoria
del intendente de Arequipa Antonio Alvarez y Jiménez (1786-1792), queefectuó una visita pormenorizada a la región, aparece la capital de la Intendencia comocompuesta por diez pueblos y tres valles. "Los primeros –explica–, cercanos a laciudad, cuyas campiñas pueden numerarse por las más fecundas del Reyno, pues entodas las estaciones del año dan diferentes cosechas sin que sus tierras queden enbarbecho, porque apenas se levantan frutos cuando reciben otros, y así existe unacontinuada primavera en sus terrenos, admirando ver unos frutos maduros, otros enflor y otros en brote al mismo tiempo"15 . En cambio, la ganadería era muy escasa; yla mayor parte de los animales tenían que llevarse de fuera, y aun hacerlos pastar enlas lomas de la costa.
 

You're Reading a Free Preview

Download
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->