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La Explotación del Estudiante en Chile

La Explotación del Estudiante en Chile

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Published by: Emilio Rivano Fischer on Sep 11, 2011
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09/11/2011

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La explotación del estudiante en Chile Emilio Rivano
Hace unas semanas, Piñera hablaba de la educación como un bien de consumo.Se produjo un cierto revuelo confuso en torno a esto, un rechazo a la frase, queera a la vez negarse a admitir algo que se da por hecho. Lo cierto es que esa esla percepción popular que hay y es importante para el mantenimiento del abusoactual que esa sea la percepción de las cosas en la gente. Es importanteporque, en realidad, no es la educación que es un bien de consumo delestudiante, sino el estudiante, de la educación. Bien de consumo es eufemismo por mercancía. Educación es el dueño de lamercancía “estudiante”, la adquiere y se la apropia. El estudiante es unamercancía que las empresas educativas consumen y cuyo consumo arroja unvalor mayor al de su costo. Arroja plusvalía. Y como esa plusvalía no se leretribuye al estudiante, que es quien de hecho la aporta, sino que va al bolsillode los dueños de las empresas educativas, lo que tenemos es un sistemaclásico (y grosero) de explotación del estudiante chileno. En líneas gruesas, el mecanismo es así: El valor de producción de la mercancía“estudiante” es lo que cuesta a Educción producir un estudiante (es decir,ponerlo a trabajar en la fábrica de producción llamada “colegio”, “escuela”,“universidad”, “instituto”, etc.). El valor de consumo de la mercancía “estudiante”es el valor que el estudiante produce para la fábrica con su trabajo (es decir, esel valor que se produce cuando Educación consume “estudiante”). En lascondiciones actuales, el consumo de la mercancía “estudiante” arroja un valor mayor al de su producción. Arroja plusvalía. Ergo, brotan como callampas las empresas educativas. Son negocios redondos. El núcleo del fenómeno es una transacción de mercado, es decir, un trueque enel que las partes ofrecen algo que tienen por algo que no tienen, ofrecen algopropio por otra cosa. Por su parte, el estudiante ofrece a Educación dinero(sobre la base de créditos por años de vida laboral futura, o de otros tipos deendeudamiento), dedicación disciplinada a las rutinas de la fábrica-escuela-universidad, tiempo, capacidad de estudio, productividad escolar y energía juvenil; por la suya, Educación ofrece al estudiante formación y certificación. Loque el estudiante ofrece es la mercancía “estudiante”, lo que Educación ofrecees la mercancía “formación-certificación”. Debemos, luego, atender al grado deequidad (justicia, honestidad, adecuación, coerción, compulsión, coacción, etc.)que rige en dicha transacción. Constatamos que no hay equidad en la relación de las partes de la transacciónentre estudiante y Educación, sino una serie de engaños, carencias y fraudes en
 
la “formación” y en la “certificación”. Constatamos asimismo otras aberraciones yperversidades en esta relación, tales como la obligatoriedad o imposición detener que adquirir “formación-certificación”, que el estudiante padece bajodistintas presiones, amenazas y castigos a lo largo de toda su condición deestudiante (un buen tercio de su vida activa) y más allá. Finalmente,constatamos el motivo de fondo del fenómeno, a saber, que la transacciónproduce plusvalía, es decir, “gananacias”, y que esa plusvalía, en vez de ser retribuida al estudiante, su legítimo dueño, es apropiada por los dueños de laeducación.La mercancía “estudiante”, que el estudiante entrega a Educación, valemuchísimo más que la mercancía “formación-certificación”, que Educaciónentrega al estudiante. Para que esta injusticia, esa explotación, ocurra sin el uso de las armas o laviolencia bruta, es decir, para que una violencia social así ocurra con víctimas“voluntarias”, como es el caso, debe producirse la creencia en estas víctimas deque no hay tal injusticia, sino equidad o, incluso, “
bien
” y “ganancia propia”. Esemilagro se logra con un aparato de coerción y de compulsión social deproporciones, lluvias eternas, diluvianas, de ideologías, doctrinas, valores, leyes,normas, procedimientos, mitos sociales, mitos históricos, moral, religión y otrostorrentes de contenidos que disfrazan y “transforman” esta explotación delestudiante en salvación suya. (Un canal principal de contaminación masiva deestas alucinaciones es... ¡la misma escuela!, es decir, la fábrica donde seexplota al estudiante. Negocio requeterredondo.) El mecanismo es un verdaderoprodigio de diseño social, que, sin embargo, no opera para resolver nuestrosproblemas y liberarnos, sino para engañarnos y esclavizarnos.Para que el estudiante no perciba su estafa en la transacción, es clave que nose vea a sí mismo como mercancía, que no se tase, que no se valore. Y asíocurre. El estudiante no percibe su condición de explotado. Todo lo contrario: sepercibe como beneficiado. Se percibe como
consumidor 
de un “
bien
deconsumo”. A lo más, se percibe como un consumidor de un bien de consumoque no cumple cabalmente con todas las expectativas, una mercancía(“servicio”, “producto”, etc.) que debe perfeccionarse. Por eso importa a Piñera ylos suyos emplear, insistir, imponer esta visión y terminología, porque esapercepción juega con la explotación del estudiante. Bajo esa percepción, si hayproblemas con la educación, pues bien, se resuelven
mejorando
 
ese bien deconsumo
, o
mejorando
 
la ley de protecci 
ó
n del consumidor 
, o
bajando la tasa deinterés
 
del 
 
crédito al consumidor 
. En ningún caso se revela el engaño de fondo,no se cuestiona el dogma “educación es un bien de consumo y el estudiante essu consumidor”. Y si el término alborota, irrita o despierta sensibilidades, podrá,como lo hizo
Piñera & Co.
ante el revuelo, hablarse de “bien en sí” para nombrar lo mismo en forma absurda, pero con apariencia de ofertón. (En economía,hablar de “bien en sí” es como decir “dinero siempre gratis”, o sea, “pan de aire”,“agua seca”, “columpio angustiado”, “elefante con alas”)

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