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Lacuestióncriminal
Eugenio Raúl Zaffaroni
Suplemento especial de
P
ágina
I
12
16
 
37.La criminología mediática
Desde el comienzo hemos dividido estas entregas en
tres palabras
: la de la academia, la de la criminologíamediática y la de los muertos. Nos han seguido uste-des en el largo curso de la criminología
de los criminó-logos
, o sea, la
académica
. Pero el común de las perso-nas no conoce esa palabra, sino que vive en el mundode la
criminología mediática
. No puede ser de otra manera, porque las personaspor lo general no frecuentan los institutos de crimi-nología ni leen los trabajos especializados, porque tie-nen otras cosas que hacer. En algunos momentostampoco fue muy deseable que lo hiciesen, porque vi-mos que hay libros peligrosos y encubridores.Lo cierto es que las personas que todos los días cami-nan por las calles y toman el ómnibus y el subte juntoa nosotros tienen la visión de la cuestión criminal queconstruyen los medios de comunicación, o sea, que senutren –o padecen– de una
criminología mediática
.Esto ha sucedido siempre y lo que hemos visto deRené Girard lo explica claramente:
si el sistema penaltiene por función real canalizar la venganza y la violenciadifusa de la sociedad, es menester que las personas creanque el poder punitivo está neutralizando al causante de to-dos sus males.
¿Pero por qué las personas lo aceptan o están inde-fensas frente a esa construcción de la realidad? La dis-posición a aceptarlo obedece a que de ese modo se ba-ja el nivel de angustia que genera la violencia difusa.Volveremos sobre esto más adelante, pero la regla esque cuando la angustia es muy pesada, mediante lacriminología mediática se la convierte en miedo auna única fuente humana.Por eso, siempre ha existido la
criminología mediática
y siempre apela a una creación de la realidad a travésde información, subinformación y desinformación enconvergencia con prejuicios y creencias, basada enuna etiología criminal simplista asentada en
causali-dad mágica
. Aclaramos que lo mágico no es la vengan-za, sino la especial
idea de la causalidad
que se usa paracanalizarla contra determinados grupos humanos, loque en términos de la tesis de Girard los convierte en
chivos expiatorios
.Esta característica no cambia, lo que varía muchoes latecnología comunicacional (desde el púlpito yla plaza hasta la TV y la comunicación electrónica) ylos
chivos expiatorios
.El poder de la criminología mediática lo detectaronlos sociólogos desde fines del siglo XIX. Con motivodel poder de los diarios en el caso Dreyfus, GabrielTarde afirmaba que
en el presente
(en el año 1900)
, elarte de gobernar se ha convertido en gran medi-da en la habilidad de servirse de los diarios.
Denunció claramente la fuerza extor-siva de los medios masivos (en sutiempo los diarios), la gran difi-cultad para neutralizar los efec-tos de una difamación perio-dística y la explotación de lacredulidad pública.Pero Tarde fue más lejos,destacando el poder inversoal de extorsión, o sea, el del
si-lencio cómplice
, como el que te-nía lugar ante el ge-nocidio armenioo el negociadode Panamá. Sinduda que fue elsociólogoque descu- brió el in-menso con-tinente de la construcción social de la re-alidad que anunciaba su creciente poder.El socialista Jean Jaurés había denunciado en la Cá-mara de Diputados francesa en 1896 el silencio cóm-plice de la gran prensa ante las masacres de armenios,porque sus principales directivos eran beneficiarios deempresas otomanas y los diarios llevaban adelante sucampaña antisemita –preludio europeo de la Shoah–difundiendo el invento de
Los Protocolos
, encabezadospor el delirante Edouard Drumont y por CharlesMaurras, quien terminaría sus días imputado comoideólogo del régimen vergonzoso de Vichy. Reciente-mente Umberto Eco reconstruyó esos años en su no-vela
El cementerio de Praga
.Por ende, no hablamos de nada nuevo, aunque, co-mo es natural, la criminología mediática actual tengacaracterísticas propias. El discurso de la criminologíamediática actual no es otro que el llamado
neopuniti-vismo
de los Estados Unidos, que se expande por elmundo
 globalizado
. Se trata del fenómeno que anali-zan Garland, Wacquant y Simon, al que hemos he-cho referencia y sobre el que no insistiremos.La característica central de la versión actual de estacriminología proviene del medio empleado: la televi-sión. Por eso, cuando decimos
discurso
es mejor en-tender
mensaje
, pues se impone mediante imágenes,lo que la dota de un singular poder.Los críticos más radicales de la televisión son Gio-vanni Sartori y Pierre Bourdieu. Para Bourdieu la te-levisión es lo opuesto a la capacidad de pensar, entanto que Sartori desarrolla la tesis de que el
homo sa- piens
se está degradando a un
homo videns
, por efectode una cultura de puras imágenes.La tesis de Sartori es un tanto apocalíptica, aunqueno es necesario compartirla en su totalidad para reco-nocer que le asiste un alto grado de razón. En efecto:una comunicación por imágenes necesariamente serefiere siempre a
cosas concretas
, pues eso es lo únicoque pueden mostrar las imágenes y, en consecuencia,el receptor de esa comunicación es instado en formapermanente al pensamiento concreto, lo que debilitasu entrenamiento para el pensamiento abstracto.El pensamiento abstracto es la base del lenguajesimbólico que caracteriza lo humano. Me explico másclaramente: cuando un psiquiatra interroga a un pa-ciente y sospecha que puede tener un defecto de inte-ligencia –cierto grado de oligofrenia para ser preciso–le pregunta por un concepto abstracto para ver si pue-de responder en el mismo nivel. Por ejemplo
¿Creeusted en Dios? ¿Qué es Dios para usted?
Si el pacienteresponde algo así como
los santos
o
el que hacemilagros
, está indicando la necesidad de investigarcon métodos más depurados la posibilidad de un défi-cit intelectual.El
 gancho
de la comunicación por imágenes está enque impacta en la esfera emocional. Por eso no puedeextrañar que los servicios de noticias más bien parez-can síntesis de catástrofes, que impresionan pero queno dan lugar a reflexión.A veces la imagen ni siquiera necesita sonido (la del11 de septiembre era muda), sólo hablaba el
intérprete
.Por otra parte, tampoco
informa
mucho, porque pa-sa imágenes sin contextualizarlas, es como si nos cor-taran pedazos de películas y los mostraran prescin-diendo del resto del filme. Vemos, pero no entende-mos nada, porque eso requeriría mayor tiempo y ex-plicación.Además, no siempre
se percibe
lo que
se mira
. En unreciente libro llamado
El gorila invisible
–sin ningunaalusión política, por cierto– dos psicólogos norteame-ricanos demostraron que puestos a ver la filmación deun partido para contar el número de pases, el 50% delos participantes en el experimento no registró queuna persona disfrazada de gorila entraba al campo dejuego y saludaba.Además, la voz del
intérprete
se vale de un lenguajeempobrecido. Se dice que la televisión no usa másque unas mil palabras, cuando en una lengua pode-mos llegar a usar unas treinta mil. Quizás el cálculosea exagerado, pero no mucho.Esta
interpretación
a veces tiene contenidos implíci-tos, porque la
corrección política
impide que sean ex-plícitos, como en el caso del racismo, por ejemplo. Enesos casos mucho se insinúa, dando la impresión estu-diada de que
se deja ver
, lo que
halaga
la inteligenciadel destinatario, que cree que
deduce
el contenido im-
II
JUEVES 8 DE SEPTIEMBRE DE 2011JUEVES 8 DE SEPTIEMBRE DE 2011
III
plícito (
¡Qué vivo soy!
), cuando en realidad es víctimade una alevosía comunicacional.La criminología mediática crea la realidad de unmundo de
 personas decentes
frente a una masa de
crimi-nales
identificada a través de estereotipos, que confi-guran un
ellos
separado del resto de la sociedad, porser un conjunto de
diferentes y malos
.Los
ellos
de la criminología mediática molestan, im-piden dormir con puertas y ventanas abiertas, pertur- ban las vacaciones, amenazan a los niños,
ensucian
entodos lados y por eso deben ser separados de la socie-dad, para dejarnos vivir tranquilos, sin miedos,
 pararesolver todos nuestros problemas.
Para eso es necesarioque la policía nos proteja de sus acechanzas perversassin ningún obstáculo ni límite, porque nosotros somoslimpios, puros, inmaculados.Este
ellos
se construye por
semejanzas
, para lo cual latelevisión es el medio ideal, pues juega con imágenes,mostrando a algunos de los pocos estereotipados quedelinquen y de inmediato a los que no delinquieron oque sólo incurren en infracciones menores, pero
son parecidos
. No necesita verbalizar para comunicar queen cualquier momento los parecidos harán lo mismoque el criminal. Es la vieja afirmación del genocidaturco Talât:
Se nos reprocha no distinguir entre armeniosculpables e inocentes, pero esto es imposible, dado que losinocentes de hoy pueden ser los culpables de mañana.
Para formar este
ellos
se seleccionan cuidadosamen-te los delitos más cargados de perversidad o violenciagratuita; los otros se minimizan o se presentan de mo-do diferente, porque no sirven para armar el
ellos
deenemigos.El mensaje es que el adolescente de un barrio pre-cario que fuma marihuana o toma cerveza en una es-quina mañana hará lo mismo que el
 parecido
que ma-tó a una anciana a la salida de un banco y, por ende,hay que separar de la sociedad a todos
ellos
y si es po-sible eliminarlos.Como para concluir que
ellos
deben ser
criminaliza-dos
o
eliminados
, el
chivo expiatorio
debe infundir mu-cho miedo y ser creíble que sea el único causante detodas nuestras zozobras. Por eso para la TV el únicopeligro que acecha nuestras vidas y nuestra tranquili-dad son los adolescentes del barrio marginal,
ellos
. Pa-ra eso se construye un concepto de
seguridad
que se li-mita a la violencia del robo.Cuando un homicidio fue por celos, pasión, enemis-tad, pelea entre socios o lo que fuere, para los mediosno se trata de una cuestión de
seguridad
, lo que tam- bién suelen afirmar las propias autoridades en declara-ciones públicas y con tono de alivio. El homicidio dela mujer a golpes dentro del
santo hogar familiar
noproduce
 pánico moral,
se lo ignora y si alguno de estoshomicidios tiene amplia cobertura periodística, es porsus ribetes de morbosidad sexual.Este
ellos
se construye sobre bases bien simplistas,que se internalizan a fuerza de reiteración y bombardeode mensajes emocionales mediante imágenes: indig-nación frente a algunos hechos aberrantes, perono a todos, sino sólo a los de los estereotipados;impulso vindicativo por identificación con lavíctima de esos hechos, pero no con todaslas víctimas, sino sólo con las de los este-reotipados y si es posible que no pertenez-can ellas mismas a ese grupo, pues en tal ca-so se considera una violencia intragrupal propia de sucondición inferior (
se matan porque son brutos
).Es posible que ustedes no piensen así, que racional-mente se percaten de que esta creencia es falsa, pero na-die me negará que todos los días se ven obligados a ha-cer un esfuerzo de pensamiento frente a cada mensajepara no caer en la trampa emocional que lo acompaña.Esto se debe a que la introyección de la criminologíamediática es muy temprana y potente, sin contar conque se la confirma todos los días en la interacción so-cial: su construcción se ha vuelto una
obviedad,
o sea,lo que en términos de Berger y Luckmann es algo que
se da por sabido
, por efecto de larga y paulatina
sedimen-tación del conocimiento
, como era una obviedad el poderde las brujas hace seiscientos años, o que la sandía seendurece con el vino. Es lo que
muestra
la televisión,lo comentan todos entre sí, se verifica por lo que mecuenta el otro en la fila del ómnibus o en la panadería.Si cada uno de nosotros hiciese memoria y confec-cionase una lista de las personas conocidas personal-mente y que fueron víctimas fatales del tránsito y dehomicidio por robo, verificaría que nada tiene que verla jerarquía mediática de riesgos para la vida con la re-al. Súmenles los suicidios y los homicidios fuera de lashipótesis de robo y se asombrarán aún más.Los
chivos expiatorios
varían mucho conforme altiempo y lugar. Basta recordar el estereotipo del
sub-versivo
de los años setenta, que abarcaba a todos losadolescentes pelilargos y barbados que fumaban mari-huana alguna vez y que hoy son pacíficos abuelos. Hu- bo incluso sentencias en las que se expresó que afecta- ban la seguridad nacional. Todo signo de
inconformis-mo
o
desviación
de cualquier naturaleza era estereoti-pado en esos tiempos oscuros.Este
ellos
dibuja un mundo de
nosotros los buenos
y
ellos los malos,
que no deja espacio para la neutralidad,como no lo hay en la
 guerra
. La prudencia no tiene es-pacio en la criminología mediática, toda tibieza esmostrada como complicidad con el
crimen
, con el ene-migo, porque construye un mundo bipolar y macizo,como el agustiniano en tiempos de la inquisición.Al
tres veces y afuera
con que los norteamericanos lle-nan sus cárceles no le interesa la gravedad de las infrac-ciones, pues le basta con tres muy pequeñas para tenerpor acreditada su pertenencia al
ellos
y eliminarlo.Debe quedar muy claro que no es contra los asesi-nos, violadores y psicópatas que la emprende la crimi-nología mediática, pues éstos siempre fueron y segui-rán siendo condenados a penas largas en todo el mun-do, sino contra un
ellos poroso de parecidos
que abarcaa todo un grupo social joven y adolescente y, en el ca-so de New York, negros.
Ellos
nunca merecen piedad.
Ellos
son los que ma-tan, no los homicidas entre
ellos
, sino
todos ellos
, son
todos asesinos
, sólo que la inmensa mayoría
aún
nomató a nadie.Identificados
ellos
, todo lo que se les haga es poco, pe-ro, además, según la criminología mediática, no se leshace casi ningún daño, todo es generosidad, buen tratoe inútil gasto para el estado,
que se paga con nuestros im- puestos,
lo que implícitamente está reclamando muerte,exigencia que de vez en cuando hace explícita algúndesubicado que viola los límites de la
corrección política
yrápidamente es disculpado como un exabrupto emocio-nal, porque el desubicado pone al descubierto a
Tánatos
,la necrofilia del mensaje, el grito del siniestro MillánAstray (
General, eso se piensa pero hoy no se puede decir
).Pero la criminología expresa su necrofilia en su voca- bulario bélico, instigando a la aniquilación de
ellos
, loque en ocasiones se lleva a la práctica en formade fusilamientos policiales. Cuando se pretendeencubrir estos fusilamientos se acompaña con lossupuestos datos del estereotipo –
 frondoso prontuario, cuantiosos antecedentes, dro- gado
– en forma automática, confiandoen que nadie razone que un par de robos amano armada sacan de circula-ción a una persona hasta casilos cuarenta años, cuando casitodos los ejecutados escasa-mente pasan los veinte, queel tóxico criminógeno porexcelencia es el alcohol yque nadie puede cometer undelito violento bajo los efec-tos de la marihuana.La
efebofobia
se manifiesta en todo suesplendor.
Escuadrones de la muerte
y
vengadores justicieros
completanel panorama de las penas de
of 00

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