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Nos estamos despertando frente a un nuevo mundo. Es hora de moverse… vayamos a la acción. Ese pareceser el espíritu de estas tres militantes mujeres, que llevan el discurso pegado en la piel y conviven en un mundode hombres. Que luchan al igual que ellas, que levantan con la misma fuerza las distintas banderas, que hacenun solo grito en los pedidos de justicia… Pero a ellas, además, les tocó y eligieron, luchar por su género.
Carolina Planes, Mirta Millán y Florencia Popp hablan de la militancia
Carolina Planes (integrante de Jácara y de la comi-sión de la APDH), Mirta Millán (de la ComunidadMapuche Urbana Pillan Manke y presidenta de laAPDH) y Florencia Popp (delegada regional del INADIy militante de la Unión de Estudiantes de Sociales)hablan de todo, a puro sentimiento y en pos de apor-tar, cada una desde su lugar, el granito de arena queentre todos y todas puede transformar al mundo.Sí, así de simple se cuelaesa expresión en nuestrodiscurso después dehablar con ellas, por-que esa inclusión permanente a la que hacen refe-rencia, es una manera de definir el mundo. Porqueesta cuestión no es menor. El poder de las pala-bras, se hace notar y es desde el discurso desdedonde se visualizan las prácticas. Además de conlos ojos, obvio.Buscando a una de las entrevistadas, me encontrécon dos. Así fue como charlamos un buen rato conCaro y Mirta. Para después sumar a Flor. Toda histo-ria tiene un comienzo y ésta no es la excepción.Mirta empezó a seguir su llamita hace ya más de20 años, en un contexto muy delicado. Nacía unaincipiente democracia, allá por el ’83, cuando ellaterminaba su secundario. En aquel entonces eraaun más difícil que hoy hacerse cargo de las in-quietudes, mover el esqueleto y empezar a haceracción tus pensamientos y palabras. Pero esto nofue impedimento para Mirta. En paralelo, empezóa trabajar en la protección de los Derechos Huma-nos y en el reconocimiento y la inclusión real de losPueblos Originarios. Para ella, sigue costando quedejen de visualizarse como militancias separadas,“a mí me parece que deberían estar juntas. Debe-ríamos trabajar como sociedad en conjunto con
Lo bueno está en poder mirarse a sí mismo y construir a partir de eso. Por-que “empezar a pensarnos para profun-dizar esta democracia significa, también,poner sobre la mesa lo que falta”,remarca Mirta Millán.“¿Hay más participación de las mu- jeres? SI. ¿Tiene que ver con el dis-curso? SI. ¿Siguen habiendo obs-táculos? Claro que siguen ha-biendo obstáculos”. Esto esparte del re-pensarse cons-tantemente. Preguntas y res-puestas de Carolina Planes.“Esto nos ha permitido am-pliar la mirada, me pareceque la carga está repartida,la posibilidad de pensar,cambiar o modificar;es de todos y de to-das los que esta-mos”, reflexionaMirta Millán.La importancia delos afectos, agru-pados en familia,amigos y/o parejas esmás que fundamental a la hora de en-contrar el equilibrio en la lucha por lasconvicciones de cada una. “Son tu apo-yo, tu soporte”, dice sonriente Caro.Se avanzó muchísimo en varios aspec-tos y hay un reconocimiento de esto enel discurso de las tres para con las políti-cas del estado nacional. Aunque tam-bién se subraya lo que falta. “Se debenprofundizar las políticas públicas am-bientales; y en la visibilización y el accio-nar en consecuencia del municipio localpara con el hambre en Olavarría. Hayhambre en Olavarría y hay que tomarmedidas para revertir esa situaciónreal”, pide Florencia Popp. Y el pedido seextiende: “en el municipio local no hayperspectiva de género”.En referencia a los Pueblos Originarios,Mirta sostiene que “es muy grande loque hay que hacer todavía. Me pareceque hay un gran desconocimiento… y nose ve toda la realidad compleja”.Como señala Carolina, “los temas no seacaban en las personas, donde hay underecho vulnerado hay un pedido de justicia”.
 
eso y otros temas más”.Carolina y un grupo de chicas empezaron conJácara alrededor de 2007. Jácara es una colecti-va feminista que se formó para pensar enmilitancia desde la perspectiva de género, ade-más de otras cuestiones como en el derecho deequidad de género, “y nos fuimos centrando encosas que consideramos que actualmente son vul-neradas, como la salud sexual y reproductiva”.En 2008 empezaron como colectiva a participarde la APDH, porque la idea, como ella dice, “escomplejizar un poco y por eso nos acercamos, va-lorar el trabajo en equipo”.Pareciera que a Flor los héroes la persiguen. Defamilia peronista, con un padre y un abuelo com-prometidos absolutamente, ella creció con esospilares y, como dice, “ellos fueron mis grandes re-ferentes en la política”. Su abuelo trabajaba enLoma Negra y, en determinado momento, tuvo unascenso por el que debería usar un color de cascodiferente al de sus compañeros. Con mucho orgu-lloso y haciendo carne la historia vivida cuenta:“mi abuelo hasta el día de su muerte usó el cascoamarillo y se negó eternamente a usar el blanco”.Ese fue su ejemplo más claro de lo que realmentesignifica “ponerse al lado del otro” y reivindicar lapalabra compañero.En el comienzo de la charla se vuelve a hacer pre-sente la necesidad que existe de seguir buscando laequidad de género. No es casual que todavíasegmentemos a la militancia y al género. Y en refe-rencia a esto, ellas coinciden en que “eso da cuenta dela realidad en la que vivimos, y que todavía estamos endesigualdad de oportunidades y condiciones”.
ES LA LLAMA QUE LLAMA
Yo quería saber qué sentían cada día cuando des-pués de conjugar los múltiples roles que llevan ade-lante, tomaban aire y volvían a encender la llama. Lamilitancia, después de hablar con ellas, más que underecho se hace carne en las prácticas, en los discur-sos, pero por sobretodo, se contagia.La pequeña y gran mujer de ojos azules y rulos, FlorPopp, dice que “la llama se enciende todos los díascuando no dejo de pensar que existe una gran des-igualdad social y quiero vivir en un país más justo,quiero que esas desigualdades se vayan achicandopoco a poco”. Y Caro, siempre sonriente, siemprellena de luz, afirma que la militancia “es un estilo devida, una visión que tenés del mundo. Creo que laconvicción es que el mundo puede ser mejor, que lopodemos cambiar. Y que somos las personas que es-tamos en él las únicas que podemos hacerlo”.A la voz de la experiencia, del camino recorrido ypor recorrer, Mirta le suma emoción en su relato:“uno tiene esa convicción y lo toma como forma devida. Lo hago por eso, porque siento que hay queconstruir y dejar la posta. Todavía falta un montón,hay que dejar, por supuesto, un espacio abierto, plu-ral y democrático para los que vienen. Eso es lo quenos hace sentir la vida”.
DESAFIOS DEL HOY
El hecho de estar en constante construcción,cada una como ser humano, pero tambiéncomo parte integrante de cada uno de los espaciosen los que militan, hacen que se sientan hoy menossolas. Que sus voces ya no hacen eco, sino que sesuman y multiplican.Caro explica que “lo que está cambiando última-mente es la visibilización de la participación de lamujer. También creo que el que no se hayanvisibilizado en el discurso es un síntoma de ciertasdiscriminaciones en la sociedad en general”. ParaMirta, “no es que la mujer nunca estuvo, la mujersiempre estuvo en mayor o menor proporción, loque pasa es que era silenciada”. Con un tono con-vencido y ferviente, Flor enuncia: “pretendo, anhe-lo, trabajo y milito todos los días para que los dere-chos de todos y todas se extiendan cada vez más, seamplíen cada vez más”.Como muchas otras personas, sin identificar el gé-nero, ellas levantan un montón de banderas. La delos Derechos Humanos, la del reconocimiento y lainclusión real y concreta de los Pueblos Originarios,la de la despenalización y legalización del aborto, lade la educación sexual y reproductiva, la de verdad, justicia y memoria, la de equidad de género, la deseguridad (y de qué hablamos cuando pedimos segu-ridad), la de las poblaciones vulneradas, la de recons-truir la cultura pública...Y también levantan por su género la bandera dela MUJER. “La militancia en sí es que tengamosconciencia. Si soy consciente que soy mujer, cómono voy a militar”, concluye Flor. Porque militar“es sentirse parte”, aclara Caro. Y además, “es unbuen tiempo que nos invita a ser partícipes”, com-pleta Mirta.
Romina Reser
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