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Groenlandia Doce Final

Groenlandia Doce Final

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Nueva Revista Groenlandia doce (Septiembre \ Diciembre del 2011)
Nueva Revista Groenlandia doce (Septiembre \ Diciembre del 2011)

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01/16/2013

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Groenlandia número doce (Septiembre \ Diciembre 2011).
 
 
Directora: 
Ana Patricia Moya –
Vicedirectora primera y administradora de la Web: 
 Bárbara López Mosqueda –
Correctora: 
Ana Patricia Moya -
Vicedirector y caballero groenlandés de la máxima excelencia: 
Andrés RamónPérez Blanco -
Portada y contraportada: 
Felipe Solano –
Ilustrador de partes: 
Óscar Cardeñosa -
Habitantes: 
Ana Patricia Moya, EnriqueFuentes-Guerra (Córdoba), Antonio Huerta (Cádiz), Ángel Muñoz Rodríguez (Madrid), Patxi Irurzun (Pamplona), Ana Vega (Oviedo),Adolfo Marchena (Vitoria), Pepe Pereza (Logroño), Carmen Luisa Contreras, Antonio J. Sánchez, Esperanza García Guerrero (Sevilla),Lucía Fraga (A Coruña) –
Visitantes: 
Tomás Illescas, Bernardino Contreras (Córdoba), Vanessa Navarro (Cartagena), Sergio S. Taboada(Avilés), Jorge Decarlini, Alfonso Ortega Borrego (Cádiz), José Pastor González (Granada), Miguel Ángel Guerrero (Colombia), AdrianaVentura, Fernando Sanabráis (México), Noel Pérez (Toledo), José Antonio Fernández (Barcelona), José Ángel Conde (Madrid), RafaelIndi (Sevilla), Rafael Zeledón (Nicaragua) –
Fotógrafos: 
Ángel Muñoz Rodríguez, Óscar Cardeñosa (Madrid) –
Ilustradores: 
ÓscarCardeñosa, Felipe Solano, Juankar Cardesín, Jesús Taguas Ruiz -
Edita: 
Revista Groenlandia –
Apoyos morales: 
Angustias Añón, CarmenSerrano Fernández –
Corrección: 
Ana Patricia Moya -
DEPÓSITO LEGAL:
CO-686-2008
– ISSN:
1989-7407
 
Ensayos 
Las grietas de la esperanza 3Las nuevas tecnologías y la niñez 5Cultura en tiempo de crisis 7¿Qué es ser poeta? 11
Reseñas 14 Habitantes 
Ángel Muñoz Rodríguez 24Antonio Huerta 28Patxi Irurzun 30Carmen Luisa Contreras 33Adolfo Marchena 36Esperanza García Guerrero 38Ana Vega 40Enrique Fuentes-Guerra 43Pepe Pereza 47Lucía Fraga 50Felipe Solano 55Ana Patricia Moya 58
Visitantes 
Fernando Sanabráis 63Jorge Decarlini 67Vanessa Navarro 70Rafael Zeledón 73Bernardino Contreras 76José Antonio Fernández 79José Pastor González 82Sergio Sánchez Taboada 84Miguel Ángel Guerrero 87Adriana Ventura 89José Ángel Conde 91Noel Pérez 94Alfonso Ortega Borrego 100Rafael Indi 103Tomás Illescas 106
 
 
Dicen por ahí que hay que tener cuidado con lo que se desea, por sise cumple. Pero nadie parece advertir lo más evidente: el dolor queprovoca la esperanza. Imaginen un mundo libre de deseos y por tantode ataduras, eso que Buda proclamaba a los cuatro vientos perollevado al extremo, casi a la contemplación exacta y precisa de todocuanto nos rodea, pero sin sentir necesidad alguna de participar endicho escenario. Imaginen pues un lugar en el que nuestros deseos secumplen cada día por la ausencia de éstos, es decir, la versión inversa:
darse cuenta del deseo cumplido antes de ser concebido.
Hay una crueldad realmente insoportable en el deseo obsesivo deconseguir algo, en todo deseo, a mi entender. Y la esperanza es algoque crece con los días, con las horas, los minutos, los segundos, hastainundar todo el cuerpo. No es posible alcanzar la paz cuando eldeseo de andar multiplica por mil la inmovilidad de unas piernasyertas, no es posible soportar el dolor físico cuya esperanza esarrancada de los ojos como una venda que te protege la vista;imposible, en definitiva, seguir adelante, caminando, cuando noatisbas horizonte alguno. Difícil entonces levantarse cada mañana, peromás real, más verdad que nunca.Y muchos nos preguntamos si la fe tiende su mano en estos casos, siante el aullido del dolor más cruento el dios al que se le reza acude acalmar tu agonía. O si lo para los ateos que como yo no vemos nadamás allá de la lápida, hemos perdido por el camino cierta ingenuidadredentora de todos nuestros pecados, y sobre todo, nuestros anhelos(lo que no se cumpla aquí que se haga realidad en el otro lado).Quizá ser ateo no sea la decisión más lúcida, siempre he pensado quelo más lúcido se aleja del pensamiento pues nos salva de ver larealidad tal y como es, la ignorancia protege siempre al portador de sumilagro: desconocer la violencia que cabe en un grito, el dolor quetantas y tantas veces no se puede amortiguar con nada, la carencia, la
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